Marc Sautet au Café des Phares (Paris 1994) Photo: Wolfgang Wackernagel

domingo, 14 de julio de 2019

Sobre la realidad que somos


Si tú te miras, ¿qué queda?
María Zambrano
Nada nos impide planear la vida, ahora bien, en el fondo, ¿quién propone realmente el plan, nosotros o la misma vida? Es muy posible que nuestra vida sea un tejido… Les cuento: teníamos previsto celebrar el último café filosófico de la temporada(i) en el patio de la meditación del antiguo convento de las carmelitas de Vélez-Málaga, en la terraza de la cafetería Área Quattro, como otros junios anteriores, cuando el calor va apretando, pero llegamos allí los participantes y nos encontramos una música a muchos vatios de potencia… Imposible desarrollar un diálogo filosófico, como los dioses mandan. Al dueño de la cafetería lo encontramos tan sorprendido como nosotros: tenía preparada nuestra mesa bajo las columnas antiguas de este patio moderno, pero… tuvimos que improvisar. Acomodarnos en el interior, a pesar de algunos inconvenientes añadidos, y hacernos allí un lugar de discusión. Y lo hicimos. Y nos gustó. ¿Quién propone realmente el plan de la vida? Nosotros sólo pudimos responder a la situación, pero respondimos y generamos una situación inexistente, imprevisible, nueva. La vida se enrama con la vida. De manera que…
Despliega ya los vuelos de tu vida
contemplando el verdor de la pradera
las velas que se mueven con el viento
que agita su ola rota de arrecife.
Convence el mar tranquilo de tus iras
que no hay peligros nuevos que te acechen
solo miedos nadando en las entrañas
para verte si sigues tan calmado.
Las aves transfiguran todo el templo
formando sus amores con las nubes
para que tú les digas bien mirando
que los jazmines llenos de fragancias
y de alhelíes blancos tras las sombras
la vida nos enraman con la vida (ii).
Antes de plantearnos una pregunta fundamental sobre la temática del día, el facilitador de estos encuentros de Filosofía Practicada, les pidió a los participantes, tenaces ante las adversidades pasadas y venideras, que adelgazaran en una sola expresión o palabra su experiencia reiterada de estos cafés filosóficos. Esto a los veteranos de la reunión; a los visitantes nuevos les pidió que se refirieran a la expectativa previa que traían consigo. Y ya con ellos, vosotros, queridos lectores de estos relatos ulteriores, también podéis haceros alguna idea, que al menos logre rozar un poco la realidad de estos encuentros –nada sustituye la asistencia y la participación personal–. Aquí van algunas de sus respuestas: cada uno es diferente; el enriquecimiento mutuo; la lucidez del grupo; la utilidad para la vida; las palpitaciones que siento; la escucha; un método para llevarme a casa; una salida de lo común; aclararme en mi vida, expresarme, etc. Clarificar, cuestionar, definir o extraer consecuencias de cada una de estas impresiones, ya sería por sí mismo materia para todo un café filosófico. Pero nos limitamos en este espacio escrito a relatar lo que allí, aquella tarde ruidosa y calorienta, sucedió. Una parte del mundo.
¿Quién soy yo en el fondo de mí mismo? La pregunta. La identidad personal, la temática. Pudo ser el valor de las matemáticas, pudo ser el sistema educativo, si funciona, pero no fueron. Hoy. Ese día. Fue la preocupación acerca de cómo saber si nosotros somos nosotros mismos, y también, agazapada, la pregunta acerca de si lo estamos siendo. Pues bien: después de tantear el problema, el moderador propuso que la investigación sobre nosotros mismos, quiénes somos en el fondo, la lleváramos a cabo a través de experiencias particulares, personales –en esencia, lo que Lou Marinoff propone como diálogo socrático en su conocido libro(iii)–. Pero, no estará de más repasar antes dicho tanteo previo del problema. Porque, si lo pensáis, tenemos la experiencia dual, en nuestras vidas, de no ser nosotros mismos en su transcurso y, a la par, de serlo a pesar de todo. ¡Cuántas diferencias, cuanta evolución, cuánto aprendizaje a lo largo de mi vida, sea más larga o más reciente su comienzo! (No olvidéis que en este tipo de encuentros conviven personas de distintas edades y experiencias). Pero, ¿quién ha sufrido todos esos cambios? La sensación de mí, ¿no se mantiene la misma? Para vislumbrar esto con claridad es necesario profundizar… en nosotros mismos. Porque mirad –y esto lo vieron muy claro los participantes– si bien la superficie del mar suele estar agitada y cambiar en cada momento, el interior del océano, cuanto más profundo más, ¿no suele estar en calma? Fue interesante presenciar –y este es un tipo de alumbramiento que puede suceder en un café filosófico, un momento filosófico por excelencia– cómo una participante que al principio negaba una realidad estable en nosotros, después de la discusión, pasados unos minutos, cuando la conversación seguía ya otro cauce, defendía a capa y espada lo que antes negaba. Ella misma. La permanencia de ella misma.
Vamos ya con esas experiencias básicas que habrían de aportar al grupo algo de la ansiada luz que se había propuesto alcanzar por sí mismo. ¿Cuándo me he sentido yo a mí mismo, más real, más de verdad? Y se describieron tres experiencias profundas, intensas, auténticas, donde aflorara el mí mismo.
a) Durante un voluntariado en Perú, ayudando a niños pequeños, sintió cómo “todo rodaba”, que “se dejaba llevar”, que “no luchaba” contra los inconvenientes, fluía, y a la vez era “fiel a sí misma”. Una situación en la que el exterior penetraba en el interior sin resistencia y la respuesta aparecía sola.
– ¿Qué capacidades sentías más diáfanas en ese estado?
– Mi voluntad era clara.
– ¿Qué más?
– Era capaz de aventurar nuevas respuestas, más creativas.
Pero, esta experiencia tuvo un momento crítico, como siguió narrando su protagonista: las fotos que habrían de conservar esos momentos dichosos se perdieron en el viaje de vuelta.
– ¿Qué te dolía más de esa pérdida?
– El que fueran testimonio de una experiencia tan maravillosa y se perdiera…
– ¿Qué sentimiento representaban para ti dichas fotografías?
– La felicidad que allí sentí…
– ¿Y no sigue estando presente en ti? Eso que allí desarrollaste…
– Sí, muy presente.
b) Hubo un tiempo en que esta participante vivió una depresión importante… y descubrió el pintar. Pintaba horas y horas, se “olvidaba de todo”, “el tiempo no existía”, en esa actividad se sumergía y “era ella”, “no necesitaba nada más”.
– ¿Y sólo era el tiempo que pasabas pintando?
– No eran las horas que pintaba, sino la intensidad con que lo hacía. La sensación de estar sumergida totalmente. Una sensación de unidad total con lo que hacía.
– Pero dices que te olvidabas también de las horas que pasaban, ¿eras consciente de lo que hacías mientras lo hacías..?
– Totalmente consciente
– ¿Y eras consciente de lo que hacías o de ti misma que lo hacías…?
– Ambas cosas.
c) Durante el transcurso de su carrera universitaria pasó por una fase autodestructiva, en la que incluso llegó a tomar muchos medicamentos, pero cuando meditaba “se distanciaba de sí mismo” y sus problemas actuales, “no sentía miedo a la muerte”, incluso le venían “flashes de la infancia” muy temprana. Es decir que, en medio de la fragilidad de su vida, emergían experiencias poderosas.
– ¿Cómo te sentías en ese estado meditativo?
– Una gran libertad, una gran creatividad
– ¿Y qué más?
– Aumentaba mi capacidad de observación, de penetrar en las cosas…
– Tú observabas…
– Era capaz de sentirme.
– También, ¿sentías al que observa, el observador…?
– Así es.
Preguntábamos –y vosotros con nosotros– quiénes somos en lo profundo de nosotros mismos, de qué estamos hechos en la hondura en calma del océano, y estas experiencias nos lo estaban revelando. El grupo hizo acopio de lo hallado, como tú puedes hacer lo mismo. Quizás consistamos de verdad en algo de todo eso, o al menos, algo hermanado con todo eso: la transparencia interior, la clara voluntad que emerge del interior y crea nuevos mundos, o tal vez son creados a través de ella misma, una felicidad sentida en sí y por sí, sin objeto, inenarrable, un estado de presencia interior que no depende de nada exterior para ser, con una intensidad sin límite, una fuerza que te liga al universo entero, una consciencia lúcida de los objetos y, a la vez, autoconsciencia de uno mismo como sujeto que ve, siente o hace, un estado de libertad y creatividad totales, yo mismo sin condicionamientos ni limitaciones, en que todo sale fácil y con naturalidad de mí a través de mí, una capacidad de penetrar en la verdad de las cosas y situaciones bajo su superficie, en que puedo sentirme mientras siento y me siento…
Cualidades esenciales de mi yo profundo, único y permanente, más allá, o más acá, de mis fluctuaciones mentales, emocionales o físicas. Pero, entonces, ¿te vale esta respuesta provisoria? Por lo menos, procura estarte atento a esos momentos en que tú eres tú mismo… ¿De qué están hechas esas tus experiencias, tan tuyas? Mientras las estás viviendo… Antes de que se transmuten en recuerdos o deseos, imágenes de tu mente, y quieras contarlas, dejando de ser lo que son; por ese mismo gesto mental: re-presentación y no ya presencia, cosa y ya no ser.
Sólo a partir de que había dudado acerca de la verdad de otras cosas, se seguía muy evidente y ciertamente que yo era, mientras que, con sólo que hubiese cesado de pensar, aunque el resto de lo que había imaginado hubiese sido verdadero, no tenía razón alguna para creer que yo era (iv).
El estado de yoga es la detención de la actividad automática de la mente.
Entonces, el que observa permanece en su propio centro.
En las demás ocasiones, se identifica con la agitación mental (v).

Publicado en HomoNoSapiens


Café filosófico celebrado en Vélez-Málaga (10.9), el día 21 de junio de 2019, en la cafetería Área Quattro, a las 17:30 horas.
ii Vivir, poema inédito.
iii Lou Marinoff, Más Platón y menos Prozac.
iv Descartes, Discurso del método.
Patanjali, Yoga-sutra.

martes, 4 de junio de 2019

Damas de noche...

Aromas de poesía y música en la calle. Es mucha la alegría de poder participar en este recital poético y musical, este poeta reciente... Muchas gracias a los organizadores, en especial a Ildefonso Gómez, a la Concejalía de Cultura del Ayto. de Vélez-Málaga y al Centro Cultural Generación del 27 por hacerlo posible.




miércoles, 29 de mayo de 2019

Nuevo libro sobre los Cafés filosóficos


La imagen puede contener: texto
PRESENTACIÓN DEL LIBRO

Gracias a los participantes de estos encuentros filosóficos han podido llevarse a cabo, elaborarse relatos sobre lo que ellos y ellas han dicho, y ofrecerse las correspondientes Prácticas filosóficas (¿Qué has aprendido? ¿Quieres saber más? ¿Cómo puedes vivir mejor?). Por consiguiente, ellos son en justicia los coautores de este libro...

Conmemora el décimo aniversario de la celebración de estos diálogos filosóficos y ha sido publicado por la Sociedad de Amigos dela Cultura de Vélez-Málaga (SAC), con la colaboración económica de Almacenes La Lonja, Autocares Pareja y Axaragua... GRACIAS!

La filosofía está viva, mientras la practicamos, mientras le damos vida... y nos da vida...


domingo, 19 de mayo de 2019

¿Hasta qué punto mi vida es mía?


Sobre mi autonomía al vivir
Café Filosófico en Vélez-Málaga 10.8
17 de mayo de 2019, cafetería Bentomiz, 17:30 horas

Sin duda, a lo largo de cada día gozamos de momentos unos más lúcidos que otros... Cada uno de nosotros aprecia, a lo largo de su diario vivir, ese momento en que todo es más suave y permeable, las decisiones son más fáciles, cuando el problema del día anterior deja de ser problema... Tan sólo se requiere estar atento y no dejarlo pasar, sus claridades y sus aportaciones... Hay a quien le viene al despertarse, o al acostarse, después de una comida, de madrugada, de un modo más o menos súbito... Pero siempre, a decir de los participantes, se da una desconexión, un aislamiento, un paréntesis respecto a la actividad cotidiana, cuando es posible una descarga del exterior y una penetración más en lo hondo de uno mismo. Esta lucidez que necesitamos y que nos hace más plenamente seres humanos está ahí siempre, pero no siempre con nosotros... Así que es preciso estar atentos a nosotros mismos, muy conscientemente... Y este principio del Café filosófico del mes de mayo entrelazó sus manos con el final. Ya veréis, ahora.

¿Hasta qué punto mi vida es mía? Porque la experiencia suele ser la contraria, que yo ya no sé si soy yo, de tanto que me rodea y me atenaza. La sociedad, la cultura, la biología, el tiempo... ¿Hasta qué punto es mío lo que digo, lo que hago, lo que pienso, lo que siento? ¿Yo soy yo? Y el grupo se adentró en una de las paradojas que peor se lleva cuando vivimos en este mundo humano nuestro. ¿Pero tan mío? La salida a esta extrañeza –nuestra mirada de soslayo, pues me creo y no me creo que mi vida sea mía– puede venir de la mano, como en otras ocasiones ha venido, de la distinción estoica de Epicteto: aclararnos acerca de lo que depende y lo que no depende de nosotros. Pero ahí sigue habiendo una dificultad en la práctica, una corriente de inseguridad arrastrándose por el fondo del río que nos lleva. Un obstáculo que los participantes comprendían muy claramente: ¿cómo sé yo que algo depende de mí, que algo que no depende de mí, efectivamente no depende de mí? Fenomenológicamente, esto es un problema inmenso. Puede que no sea una dificultad en el ámbito de la necesidad lógica o metafísica, pero, ¿y en el ámbito de la contingencia, en que se desarrolla la vida humana, que puede ser y puede no ser?

Se sucedían los vaivenes... Somos y no somos... Podemos y no podemos... Hasta el momento en que un participante nos regaló un momento de lucidez, a raíz de su experiencia vital. ¿Cuándo pudo, él mismo, salir de su precaria situación personal? Cuando fue consciente... Y este “ser consciente” fue rápidamente puesto a prueba por los asistentes... Ejemplos y muy pocos contraejemplos... Porque, incluso, si yo elijo ser inconsciente, esto lo hago conscientemente... ¿Es posible salir de este bucle de la consciencia, de la autoconciencia? Es muy posible que no, pues radica en lo propio del ser humano, nuestra cualidad más humana. De ahí le viene su tremenda potencia al Cógito cartesiano: mientras soy consciente, no puedo dejar de ser..., algo que es, consciente de sí. De modo que si te empantana la duda, en este caso, sobre si tu vida es tuya o no lo es, “pásalo por ti”. Hagas lo que vayas a hacer o lo que tengas que hacer, decir, pensar..., pásalo por ti. ¿Has tomado conciencia, has puesto consciencia en ello? Puede que no venga de ti, el origen de lo que haces, dices, piensas..., pero si conscientemente tú lo haces tuyo, vendrá de ti, como acción, dicción o pensamiento propio. Si de suyo es asumido como tuyo, ya no hay paradoja, ni dificultad, ni angustia... Yo conscientemente decido si sigo o me paro, si acuerdo o desacuerdo...

Sí, claro, pero, y en esto, ¿no puedo engañarme también, pensando que soy consciente y no lo soy? Muchas veces me ha pasado que así me lo parecía y así me desperté..., un sueño autocomplaciente... un pobre ingenuo... Y aquí hay que pararse a reflexionar muy tranquilamente, y muy lúcida la mente: una cosa es segura, ahora soy más consciente que antes. Puedo verlo en negativo, y concluir que nunca puedo estar seguro del todo. Puedo verlo en positivo: cada vez soy más capaz de vivir conscientemente. ¿Y si hubiera que hablar de una evolución de la conciencia? Grados sucesivos de consciencia. Niveles de conciencia cada vez más lúcidos, más maduros. Es decir, que puedo desarrollar mi capacidad de ser consciente. ¿Y cómo se desarrollaría? Siendo más y más consciente. Practicándolo. Tratando de ser lo más consciente de que sea capaz en cada acto de ver, sentir, pensar... Siendo consciente se es uno mismo cada vez más consciente. Y luego, vuelve la vista atrás... ¿Eres más consciente? Sin duda, pues te das cuenta. Pues bien, si yo soy más consciente, en la misma medida, soy más libre y estoy más disponible para el mundo y para mí mismo, para no perderme nada, para desplegar todas mis posibilidades.

sábado, 6 de abril de 2019

¿Existe la bondad o la maldad humana?


Sobre la naturaleza humana
Café Filosófico en Vélez-Málaga 10.7
05 de abril de 2019, cafetería Bentomiz, 17:30 horas



Una cuestión, que resultó premonitoria, adelantó al grupo en el tratamiento acerca de cómo somos, los seres humanos. Orteguiana, para más señas: ¿Qué circunstancia no elegida, dada, en mi vida la ha marcado grandemente? Porque... recordad la necesidad de poner conciencia, es decir, de ser más conscientes: “Yo soy yo y mi circunstancia, y si no la salvo a ella, no me salvo yo”. La necesidad de hacerme cargo de dicha circunstancia, pues que me ha hecho en parte como soy y he de ser consciente, al menos, de qué manera. Esto referido a mí o a ti, pero referido a todos nosotros: ¿Cómo es la naturaleza humana, cómo se gesta aquello que llegamos a ser? Y una pregunta más general todavía, pero más ligada a un aspecto importante de nosotros: ¿Existe la bondad o existe la maldad humana? Esto quiso saber la participante más joven del encuentro, éste más mermado en tamaño que otras veces.

El que no sabe es como el que no ve, dice el sabio dicho popular. Y así podría este relator resumiros, en pocas palabras, el encuentro. Pero tan importante como el final es el camino que lleva al mismo. La preparación lo es todo. No sólo en orgasmos. Tampoco hay buen parto sin una completa gestación. Os contaré entonces algunos idus del calendario conceptual de esta travesía por donde navegó el grupo.

– Nadie podría decir de un bebé que es malvado, entonces, ¿qué le puede pasar más adelante?
– No hay robinsones puros. Somos seres sociales. No hay individuos, sino comunidades. Y éstas presentan ideologías organizativas, modelos que presionan...
– En realidad, en la base de lo que discutimos está presente siempre el instinto de conservación. Esto somos por naturaleza. Ni buenos ni malos. Es la cultura dominante en cada momento la que articula dicho instinto produciendo los desmanes, las crueldades, las barbaries... o lo contrario.
– Nacemos egocéntricos, el centro del mundo. Y eso es lo natural. Si el modelo social no reprime sino que desarrolla, aflora la bondad humana. La conciencia humana por naturaleza es bondad, amor, inteligencia. Sólo la falta de conciencia produce lo opuesto.

Este nuevo foco, con que observar la cuestión, ofrecía tanto potencial que logró poner orden en todo lo que se había aportado con anterioridad. Y era un foco socrático. Todo el bien es consciencia y la inconsciencia produce el mal, alguna limitación o carencia, una conciencia incompleta. La naturaleza humana no es buena ni mala. Cada naturaleza en su nivel es como tiene que ser. Está bien. Sigue su lógica, la que le es propia. Solamente desde un nivel superior de desarrollo –en cuanto que supone el anterior, pero ve, y va, más allá– podrá entenderse lo malo como malo. Pues en sí mismo no es ni bueno no malo. Sólo desde una perspectiva evolutiva. Pongamos un ejemplo típico: el terrorismo. Para el que practica el terror como medio de lograr un objetivo, su acción guarda una lógica impecable. Y no concebirá el daño causado como mal. Solamente cuando accede a un nivel de comprensión superior –por ejemplo, al principio: el fin no justifica los medios– llega a percibir el absurdo y el terror de sus anteriores acciones.

Por consiguiente, la clave está en ser capaz de ver, o no ser capaz de ver, en función del nivel de desarrollo de la conciencia que se ha adquirido, al que se ha accedido. Y entonces, ¿cómo lograr un mundo humano mejor, también en sus relaciones con los demás seres del planeta? Propiciando sociedades en donde sea posible el desarrollo personal de los individuos que la componen. El desarrollo de sus capacidades, de sus posibilidades, irá ligado al desarrollo de la conciencia humana. Y con ello su capacidad para elegir el bien, como extensión natural de nosotros mismos.