Marc Sautet au Café des Phares (Paris 1994) Photo: Wolfgang Wackernagel

domingo, 23 de diciembre de 2018

Sobre la corrección política


Café Filosófico en Vélez-Málaga 10.3
21 de diciembre de 2018, cafetería Bentomiz, 17:30 horas



Ya es hora de dar por acabado nuestro encuentro filosófico. Llevamos casi dos horas y ya han salido muchas cosas interesantes... Muchas gracias a todos...
Querrás decir a ¡todos y todas...! –interrumpe al moderador una participante y se ríen juntos.

Este final estaba dependiendo del transcurrir del diálogo aquella tarde larga, del día más corto del año. Y surgía del descontento de algunos participantes, sobre todo, jóvenes, que sienten como opresivo el exceso de la corrección política. Pero costó bastante al principio delimitar bien el tema. Fue el más votado, pero quedaba patente en la discusión que, entre todos los asistentes, habían votado desde conciencias diferentes. Podía haberse hablado de la política correcta, qué consideramos adecuado en política, las mejores decisiones; y ahí la ética juega un papel muy relevante. Pero el diálogo dejaba claro que los participantes, en el fondo, se morían por hablar de lo políticamente correcto, lo que se supone que es correcto en las interacciones humanas; en donde la ideología, el lenguaje y los sentimientos, las actitudes, son decisivos. Pueden ofender... ¡La ofensa y el daño... qué diferentes que son! Pero no adelantemos acontecimientos...

Es que uno, ni puede ya contar un chiste, sin que sea acusado de machista, o de racista, o de...
A veces, uno ya no sabe qué decir, o cómo decirlo, para que no siente mal...
Mirad, os cuento una situación de hoy mismo: un compañero estaba dando una charla sobre una cuestión que no viene al caso y, un poco de broma, otro, de los que escuchaban, le advirtió: “ahora estamos entre colegas, pero cuando hables de esto en público no puedes decir “discapacidad” o “minusvalía”; ahora hay que decir: capacidades “diversas o diferentes”. Mientras yo me preguntaba, para mis adentros, si no son todas las capacidades de cada ser humano ya diferentes o diversas..., si se está diciendo algo...

No sé si sabéis que esta cuestión de “lo políticamente correcto” tiene ya una larga historia, desde los años noventa en el mundo anglosajón. Y sigue siendo polémica. Y sigue escociendo. Y sigue agitándose como bandera. Y sigue escociendo. Porque algo no queda dicho, algo no se queda satisfecho en nosotros. Algo de nosotros no está siendo escuchado... Para esto está la filosofía. Como ya pensaba Kant, para salvaguardar todo lo importante y que nada, por muy importante que sea por sí mismo, oscurezca otra faceta también importante de nosotros. Para esclarecerlo está la filosofía. La dignidad se juega siempre en una delicada línea, que también puede romperse defendiendo precisamente la dignidad. Puede haber falta de conciencia, juicios limitados de por medio, no considerar el contexto o darse una incapacidad de ver cada caso en singular. Una frase que os recomiendo para pensar, de las que dijeron los participantes de este diálogo, es ésta: “la tolerancia puede llevar en ocasiones a la intolerancia”. Y por eso, la importancia del examen crítico... de la filosofía. Para adquirir mayor consciencia de nosotros mismos y el mundo.

¿Dónde está el problema enquistado? Los participantes lo dejaron claro: en la exageración. ¿Qué territorio deja atrás el exceso? Los participantes distinguieron, analizaron, discriminaron, en un trabajo conjunto. Siempre habrá que no perder de vista el contexto en que se dicen las cosas, o las actitudes que se muestran. Sin contexto no hay significado concreto. Mira, si no, el diccionario... cuántas acepciones de cada palabra. Por otro lado, nunca habrá que olvidar la intención con que se dice lo que se dice, o se hace lo que se hace... La buena intención podrá producir daño, sí, pero no ofensa... Lo primero, a veces, reparable; lo segundo, siempre, cambiando mi perspectiva, cómo miro, desde dónde miro, apreciando su irrealidad, en el fondo. ¿Y el error? Es que no puede pasar simplemente que nos hayamos equivocado... ¿No sería más sensato preguntar, primero: tú qué quieres decir, qué buscas... qué necesitas... antes de disparar...? Y lo que es más: queremos personas, una sociedad entera, que sepa muy bien guardar las formas, las apariencias... ¿Descuidaremos el fondo, el contenido, la acción, la coherencia, su ajustamiento con la realidad? Uno puede ser muy respetuoso en la forma social, oficial, políticamente correcta, y un desastre en su comportamiento poco respetuoso... y viceversa. ¿Es posible?

Así pues, quizás nos valga más ser sensibles, pero no tan susceptibles. Uno ha de ser tolerante, respetuoso, no generalizar, defender derechos y denunciar discriminaciones lesivas, abusos e injusticias, pero quizás también pararse a pensar, a contemporizar, a relativizar, a no dramatizar, a preguntar, a escuchar antes de juzgar, a ver cada caso en su singularidad... y estas cosas que dan el sano juicio, la apertura de miras y la sensatez. Es posible que hoy en día, muchas veces, necesitemos una alta dosis de sensibilidad y menos de susceptibilidad. No es lo mismo. Una produce daños, la otra fabrica ofensas; y, en la ofensa, yo soy siempre el que se siente ofendido... Esto depende de mí (Epicteto). Con esta conclusión se cerró nuestro encuentro... que no acabó, como puedes comprobar en tu propia mente bulliciosa.


Nos ocupamos del mar
y tenemos dividida la tarea.
Ella cuida de las olas,
yo vigilo la marea.

Es cansado,
por eso al llegar la noche
ella descansa a mi lado,
mis ojos en su costado.

También cuidamos la tierra
y también con el trabajo dividido.
Yo troncos, frutos y flores,
ella riega lo escondido

Es cansado,
por eso al llegar la noche
ella descansa a mi lado,
mis manos en su costado.

Todas las cosas tratamos
cada uno según es nuestro talante.
Yo lo que tiene importancia,
ella todo lo importante.

Es cansado,
por eso al llegar la noche
ella descansa a mi lado
y mi voz en su costado.

     Javier Krahe

¡FELICES NAVIDADES CONSCIENTES!

jueves, 13 de diciembre de 2018

La sabiduría del suicidio y de la muerte

La sabiduría del suicidio y de la muerte. Monográfico Eutanasia y Suicidio
Imagen | Iñaki Bellver

La pregunta que siempre ronda nuestras cabezas, ante un caso de suicidio, suele mostrar este cariz: ¿Por qué? ¿Qué puede llevar a alguien a hacer algo así? Sin darnos cuenta de que la pregunta por qué suicidarse implica siempre a la vida misma: ¿Cómo se está viviendo? ¿Cómo estoy yo viviendo? Suicidarse, uno puede elegirlo, o bien, no tener más remedio, de lo mal que se vive. Pero nuestra relación con la vida implica nuestra relación con la muerte, pues ambas son indisociables. De hecho, apelando a nuestra intuición, como suele hacer, el sabio Krishnamurti nos recuerda que “si debemos o no suicidarnos, es una pregunta que la formula un hombre que ya está parcialmente muerto”. Podemos vivir conscientemente, “muriendo” a cada instante, y así vivir con plenitud y autenticidad, amorosamente, como aconsejaba el viejo sabio sufí Ibn Arabi (“morid antes de morir”), o bien, podemos vivir en los participios: estando ya todo acabado y muerto en la vida. Sucede esto último cuando subsiste un miedo a vivir, o cuando nos apartamos del vivir de veras, sumidos en la avaricia o en la debilidad, en la apatía o en la ansiedad, en la venganza o en la envidia…, en las creencias y no en la realidad. El miedo a vivir está en el origen de todas nuestras salidas desarraigadas de la vida y a la muerte, ese tándem que constituye nuestra existencia. Vayamos ahora paso por paso.


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sábado, 1 de diciembre de 2018

Filosofía de la espiritualidad (un preludio)

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Hablemos de vida espiritual, y hablaremos de la vida interior. Vida de la conciencia. Y si hablamos de vida de la conciencia, nos referimos a una actitud determinada, una perspectiva propia, una mirada irrepetible. Conciencia es perspectiva consciente. Pero también, nos referimos a un particular y concreto nivel de desarrollo de la conciencia. Conciencia es la actualización singular aquí y ahora de un potencial de vida. Puede estar más actualizado o puede estar menos actualizado. Así se muestra. Así se expresa. De manera que este desarrollo puede acompañarse de un trabajo interior. Un trabajo espiritual que ejercite ese potencial de conciencia siempre presente en nosotros y lo vaya desplegando más y más. Pierre Hadot se refiere a un conjunto de ejercicios espirituales practicados en la antigüedad, recogiendo la tradición de la áskesis greco-romana. Nosotros hablaremos sencillamente de ejercicios filosóficos para aprender a vivir mejor toda nuestra profundidad de ser. Ese vacío fértil. Ese silencio creador y vivo.

Publicado en la Revista El Búho, Número 17 (1 de noviembre de 2018)


domingo, 18 de noviembre de 2018

¿Cómo evolucionar adecuadamente?

Café Filosófico en Vélez-Málaga 10.2
16 de noviembre de 2018, cafetería Bentomiz, 17:30 horas.


Unas horas después del Día Mundial de la Filosofía, ahí estaban casi cuarenta participantes de nuestro Café filosófico para indagar sobre la evolución. Social, cultural, histórica. El recorrido por nuestras evoluciones humanas requirió de una importante clarificación conceptual... para no perdernos, para no confundirnos. En exceso. ¿Qué es lo adecuado? O mejor, y más fácil quizás, ¿qué es lo inadecuado? Pero antes, ¿realmente evolucionamos? ¿Qué es evolucionar? ¿Es lo mismo que progresar? Pero, el progreso ¿es irreversible? ¿Y es siempre positivo? ¿Qué pasa con las metas a las que nos dirigimos? ¿Son siempre utópicas? ¿Puede haber consenso sobre los contenidos a perseguir, o lo importante es el modo como los alcancemos? ¿Y de qué manera hacemos compatibles el bien individual con el bien general? ¿Sólo buscamos unas mejores condiciones materiales? Imaginaos, a todo esto se pusieron manos a la obra los asistentes. Con mucha disciplina, con mucha colaboración mutua. Y así acabaron encantados. Lo dijeron. Cada uno a su casa, se llevó una buena remesa de cosas que pensar... para vivir mejor. Juntos.

Descartes nos ofreció su diáfano parterre para encauzar la primera reflexión, personal en este primer caso: ¿Ha quedado algo mínimamente claro en tu vida? Esta “tecnología del yo” (Michel Foucault) nos la ofrece Descartes, que le pasaba como a nosotros, dudaba. Tenía pocas cosas claras. Pero quería aclararse. No era un escéptico cualquiera (escepticismo metódico, lo ha denominado la tradición). Dudaba, buscaba, para encontrar algo indudable. Y creyó encontrarlo: la evidencia racional. Pero nosotros, que también dudamos, ¿hemos llegado ya a alguna evidencia, por pequeña que ésta sea, por muy personal o subjetiva que resulte? Y así estuvieron un rato, compartiendo sus evidencias, sus “claros del bosque” (María Zambrano), en que descansaban ahora sus vidas.

Una evolución es una variación o diferencia respecto a un estado previo que consideremos. Y es irreversible, en el fondo, pues nunca nadie cae dos veces en la misma piedra, o se baña dos veces en el mismo río (Heráclito), aunque parezca a primera vista la misma piedra y el mismo río. Además, no hay que confundir progreso con evolución. El progreso es una evolución positiva... Pero una positividad que satisface un bien mayor o un bien para la mayoría, según interpretaciones más o menos utilitaristas, pero que no desdeña nunca –ni debiera hacerlo– los errores y los fracasos. También son progreso, o mejor dicho, el progreso necesita de ellos, pues todo progreso adecuado se nos presenta –según dijeron los participantes– como un aprendizaje, un descubrimiento, o quizás un autodescubrimiento en la historia (Hegel).

Por otro lado, la metas a perseguir pueden ser problemáticas... Lo que hoy nos parece bien, mañana puede no parecernos bien... Incluso, podemos descubrir más adelante, con su puesta en práctica, que aquello se nos muestra totalmente nefasto. Podéis poner muchos ejemplos actuales, efectos de la utopía del progreso ilustrado: “seremos mejores (social, moralmente) a base de desarrollo científico-tecnológico”. De modo que más nos vale plantear ideales, utopías, abiertas, como metas orientativas, ideas regulativas (Kant), que no se alcanzan nunca, pero nos orientan en la misma búsqueda. Aspirando a los consensos más amplios posibles, sabiendo que, además de los contenidos alcanzados, importan mucho cómo se han logrado, si es adecuado el procedimiento. Simétrico en sus procesos, la igual posibilidad de intervenir por parte de todos los afectados e implicados en un problema (Habermas), y la corresponsabilidad de todos en relación con consecuencias generadas por nuestras acciones (Apel).

Y todo esto lo dijeron ellos para ti, sin tener que citar a ninguna autoridad, a ningún filósofo: el bien general no es posible sin el bien individual ni viceversa. Ni tampoco unos bienes materiales sin el logro de unos bienes espirituales, una mínima armonía o paz interior. Y muchos dirán que no nos pondremos de acuerdo, y que será injusto que así sea... Pero, ¿no es posible un consenso en lo mínimo, en lo básico? No en vano todos nosotros somos los seres humanos. A veces lo hemos conseguido. Verbigracia: los derechos del hombre y los del niño y los de la mujer y los de otros seres no humanos... No se cumplen siempre, pero nos orientan y nos permiten juzgar lo más correcto posible que sepamos. ¿Y no hay unos derechos y unas necesidades básicos que todos compartimos como seres humanos, como seres vivos, como habitantes de este planeta junto a otros. He ahí el camino adecuado.








sábado, 20 de octubre de 2018

¿Cómo podemos liberarnos de la presión social?

Café Filosófico en Vélez-Málaga 10.1
19 de octubre de 2018, Mercado de San Francisco, 17:30 horas.


¿Cómo podríamos hacer frente, de la mejor manera posible, al mundo que nos rodea? Para mejor situarnos en él, para situarlo a él mejor en nosotros... Con sus estímulos, con sus presiones, y nosotros con nuestras respuestas, con nuestras acciones, con nuestras reacciones... Como norma general, la respuesta podría ser: con nuestro mayor desarrollo personal, con nuestra madurez, con nuestra mayoría de edad (“ten el valor de servirte de tu propio entendimiento”, nos recordaba Kant), tus propias capacidades desarrolladas. Y la filosofía, el filosofar, colabora en esta tarea personal y social de madurar, de ver el mundo, nuestro mundo, con ojos reflexivos, críticos, simpáticos, ojos nuevos, sensibles pero a la vez desidentificados, integrados y distanciados, orientados hacia lo universal y necesario, a lo fundamental, la raíz y la fuente. De lo que hay. De lo que somos. Esto quiso decir uno de los participantes del primer encuentro de la temporada 2018-19. Muchos de los presentes quisieron también celebrar las últimas noticias: desde hace mucho, la ocasión única en que nuestros políticos han llegado a un consenso (¡aaaleluya!), sobre la necesidad social, educativa, de la filosofía, ya desde las propias aulas. Muy buena señal. Es posible que se vaya percibiendo que lo que hoy necesitamos ya estaba ahí desde hace veintiséis siglos. Desde hace tiempo, era hora de ir recuperando a la filosofía como un modo de vivir consciente, autónomo y crítico. Aunque, todo hay que decirlo, también es responsabilidad de los filósofos profesionales su cuidado.