Una muestra de filosofía en acción, un espacio de reflexión y diálogo filosóficos.

Sócrates ha vuelto a Atenas después de la batalla de Potidea, y una vez se hubo acomodado junto a Critias y a otros personajes que en la Palestra estaban, y hubo respondido a las preguntas de éstos sobre su participación en dicha campaña, lo primero que pregunta es por la filosofía: qué tal le iba a la filosofía..., ahora que Sócrates lleva un tiempo fuera de Atenas y lejos de su frecuentada actividad de ayudar a los atenienses a examinarse a sí mismos filosofando (Cármides, 153d).






domingo, 27 de mayo de 2012

Sobre la tolerancia


Café filosófico Cabra 2.1

Círculo de la Amistad, a las 19:00 horas del día 26 de abril de 2012.



El etnocentrismo nos orienta demasiado pues nos quita oportunidad de elección. El relativismo, por el contrario, nos orienta demasiado poco, pues trata de convencernos de la vanidad de toda elección. En la noche sin estrellas del relativismo todos los gatos son negros y todas las direcciones son equivalentes: ninguna conduce a ninguna parte. El etnocentrismo promueve el conformismo, el relativismo, la indiferencia. Ambos impiden la comparación evaluativa, la ponderación objetiva y la elección y decisión racionales" (Jesús Mosterín).

-Estos muros son curiosos. Al principio uno los odia, luego se acostumbra a ellos. Entonces el tiempo pasa y terminas dependiendo de ellos. Eso es estar "institucionalizado". […] Ellos te envían aquí de por vida y eso es justo lo que toman de ti. En cualquier caso la parte que cuenta [de la vida] (De la película Cadena Perpetua).




Después de un largo período sin cafés filosóficos en la ciudad de Cabra (la salud y los contratiempos fácticos mandan lo suyo), venían los participantes a la primera reunión de la temporada. Por añadidura, imperativos académicos y del momento hacían que la participación no fuera muy numerosa que digamos, al contrario que en las anteriores ediciones. Pero allí estábamos, dispuestos a preguntarle a la vida, que es como preguntarnos a nosotros mismos, dos profesores y una profesora, dos alumnos y una alumna. Variedad más que suficiente para los frutos que nos aprestábamos a recolectar.

La concentración de los participantes (por el tamaño del grupo y por su interés) era palpable, a pesar de lo cual el moderador del encuentro se empeñó en realizar un breve ejercicio filosófico previo, totalmente innecesario para ellos, pero que quizás a vosotros os pueda traer algún provecho, por eso os lo relato. No viene mal, de cuando en cuando, tomar conciencia de algo que valoro mucho en mi vida, ya sea para someterlo a examen, ya sea para cuidarlo como oro en paño, ya sea, como puede hacerse en nuestra reunión, para contrastarlo con lo que otros también valoran, que puede llegar a ser valioso también para mí. “Algo que valoro mucho en mi vida, y si es una persona algo de esa persona que valoro mucho”. Entre ello, estaba la verdad en las personas, es decir, la veracidad; estaba la tolerancia, que luego se vería la pugna que mantiene permanentemente con la intolerancia; la salud, o más bien, la búsqueda de la salud, física pero también espiritual, mi salud pero también la salud de los demás que me rodean; la intención con que se actúa (muy kantiano se mostraba este valor); y la amistad siempre, base como el amor de otros valores compartidos.

Se dijo de traer aquella tarde a la pobreza, que siempre está por desgracia si adoptamos una perspectiva global, se trató de convocar a la esperanza, que nos sirva para vivir mientras tanto, pero los participantes se quedaron con la tolerancia. ¿O quizás no? Quizás preocupaba más su otra cara, la intolerancia. Y es que aquella tarde los participantes se verían las caras en el espejo de este Jano de nuestro tiempo (combatimos cada día, además, con otros janos de dos caras, como mostraba el conocido dios romano). Porque veréis lo que fue pasando. Porque se inició la indagación pareciendo que ¡era más fácil ser intolerante!

¿Por qué es tan difícil ser tolerante? Esta pregunta iniciaba la indagación conjunta, que contenía un supuesto inicial: “es más fácil ser intolerante”. Para ellos esto se mostraba muy real, pero amaban la tolerancia y la deseaban como práctica habitual en nuestras sociedades. De modo que este deseo les planteaba: “¿por qué es tan difícil ser tolerante?” Realmente, eran muy conscientes de las dificultades de tratar de ser tolerante en un contexto que estuviera plagado de intolerancia. Esta experiencia permaneció todo el rato en el trasfondo de la discusión. ¿Por qué es más fácil ser intolerante? Lo que nos podría orientar en nuestra búsqueda acerca las trabas puestas a la tolerancia. Y se dijo que primero por la comodidad y segundo por el miedo.

Y analizamos un poco entre todos dichas dos hipótesis. La comodidad y el miedo, un tándem muy peligroso en tantos contextos humanos. Dos ladrillos puestos en el muro que impide a la tolerancia su afianzamiento y reproducción sociales. Se dijo: pensar como los demás es más cómodo; pensar distinto es arriesgado, consecuencias no deseadas pueden sobrevenir. ¿Tienen que ver entre sí, entonces, el miedo y la comodidad? ¿Se alimentan mutuamente? Así parece que ocurre en el seno social. Mencionan dos casos los participantes: una chica de origen árabe que se pone velo para sentirse más arraigada, más protegida, más cómoda en su entorno habitual, en su “grupo”; y el caso que se muestra en la película de Fernán Gómez La lengua de las mariposas, que muestra la presión del grupo para que un alumno que adoraba a un maestro que le enseñó muchas cosas, finalmente, también se decidiera a arrojarle piedras como los otros niños, cuando se lo llevaban arrestado por ser “rojo”, en la España de preguerra civil. El miedo se esconde en la comodidad y la comodidad se alimenta de miedo. Puede ser que sí. Ellos lo afirmaron.

Lo anterior, ¿significa que tienen mucho que ver los demás para que yo sea más o menos tolerante o su contrario? El entorno, la educación recibida influyen mucho. Un entorno puede liberarte, puede estimularte para ver de diferente manera las cosas; o bien, puede aprisionarte para que no puedas ver de ninguna otra manera. Entonces, la pregunta es ¿cómo logramos un entorno tolerante en que nos sea más fácil a todos ser más tolerantes? Para comenzar, dicen, no todo debe ser tolerando. No todo vale. Ellos lo tenían esto muy presente. Y, como tantas otras veces, se pone a la educación como esperanza para una sociedad mejor. ¡Siempre la sociedad, siempre los demás que me educan o maleducan!, pero, ¿yo no tengo nada que decir? ¿Cómo conseguiremos una sociedad más tolerante, cuando ésta sea poco tolerante? ¿Deberá seguir siempre así? ¿Es esto lo que queremos, para nosotros y para que vienen detrás de nosotros? Si todo radica en el contexto social que me hace ser más o menos tolerante, y si este contexto ya no lo es, entonces, yo no lo puedo ser nunca, ¿cómo salimos de este círculo vicioso? ¿Qué nos cabe esperar? ¿Cómo podemos romperlo? ¿O no me cabe esperar nada más de las posibilidades del mundo que me rodea?

El moderador trata de ayudar un poco en este impasse: si uno de los polos del círculo es el contexto social y el otro es el individuo, soy yo, entonces, ¿yo qué puedo hacer? Pues… puedo rebelarme. Puedo exigir más, puedo ir más allá. Es difícil, pero siempre ha habido personas que han roto más o menos, según sus fuerzas, el círculo. No hace falta ser revolucionario, es interesante el día a día. Seguro que tú puedes poner muchos ejemplos, históricos y actuales. (Hay que estar atentos a las señales).

Todos podemos pensar en algún contexto asfixiante, hermético, tóxico en que hemos podido caer alguna vez, un grupo de amigos que era así y que conducía a todos a ser así, un entorno laboral que poco permitía ser mejores personal y profesionalmente, sino todo lo contrario, en suma, situaciones en donde la intolerancia hacia lo que no estábamos acostumbrados trata de reproducirse para que no pueda haber movimiento nuevo alguno, para no perder nuestra situación de mezquina cuota de poder o de privilegio dentro del estatus social existente. Y, ¿qué se está perdiendo en dichas situaciones? ¿Qué perdemos todos? Probablemente, otras formas de vivir y de vivir mejor. Porque, quizás, los mismos mecanismos de reproducción social trabajen y estén funcionando tanto en una comunidad “malvada” como en una más “bondadosa”. ¿Qué mundo queremos contribuir a crear y desarrollar? ¿Qué puedo hacer yo? Sencillamente, siempre puedo colaborar en un sentido o en otro, con mi ejemplo, con mi apoyo. Fueron este tipo de preguntas y de sugerencias las que coparon el final del diálogo de aquella tarde.

¿Cómo romper aquél círculo de la intolerancia y la inhabitabilidad social? Como mínimo, si no nos sentimos héroes ni santos, como en realidad no somos, podemos estar atentos a las señales. Como mínimo, si alguien se atreve, asumiendo un riesgo y repudiando una comodidad, de lo cual ya hemos hablado, qué menos que apoyarlo, “cada uno de la manera que pueda”, un más o un menos, pero un algo. ¿Y cómo hacernos fuertes, atrincherarnos y resistir? Compenetrándonos, poniendo lo que nos preocupa en común. Juntos somos más y podemos ser mejores igual que, a veces, o demasiadas veces, somos peores. Siempre se puede ir generando un grupo nuevo a nuestro gusto, como aquella tarde entre todos fuimos capaces de ir generando. Un grupo pequeño que puede extenderse, que habló, se compenetró y se preocupó de ser un poco mejores, un grupo creado a nuestro gusto que puede inspirar a otros, porque allí se entendieron, se aceptaron y se comprometieron durante un buen rato un grupo de personas, un pequeño germen entre otros muchos que cada día pueden ir surgiendo. Y habrá que estar atentos a estas semillas, atenderlas y cuidarlas. Fue el reto que aquél reducido número de personas te brindaron a ti aquel día.




viernes, 18 de mayo de 2012

lunes, 2 de abril de 2012

Sobre la relaciones humanas

Café filosófico Almenara 3.1
23 de marzo de 2012, Sala de biblioteca, 17:30 horas.



Lobo es el hombre para el hombre, y no hombre, cuando desconoce quién es el otro.
(Thomas Hobbes)

La envidia en los hombres muestra cuán desdichados se sienten, y su constante atención a lo que hacen o dejan de hacer los demás, muestra cuánto se aburren.
(Arthur Schopenhauer)



¿Por qué son un problema las relaciones humanas?



Después de un tiempo de convalecencia del animador de estos cafés filosóficos, la disposición de las estrellas (o quizás los dioses) dieron su beneplácito para la reanudación de los mismos. Había, por fin, suficiente ánimo, porque las ganas acumuladas eran muchas. Tendréis ocasión de comprobar cómo, tantas eran las ganas que se volvieron insaciables de tan impetuosas que se mostraron. De hecho, duró el encuentro así como dos horas y media.

Para abrir boca y preparar el ambiente, se propone un ejercicio filosófico aparentemente simple: cada participante debía relatar el último momento plenamente consciente que había sentido en su vida. Ese instante más o menos duradero en que, recientemente, me sentí muy vivo, con una conciencia especial de las cosas y de mí mismo. Puede ser lo mismo algo placentero que algo doloroso, hablamos de conciencia. La sorpresa y extrañeza iniciales no se avinieron luego bien con la cantidad de momentos conscientes de interés que se pudieron oír aquella tarde, en la que los organizadores del encuentro tuvieron que hacer encaje de bolillo para hacer compatible lo material, en este caso, un problema mecánico del vehículo del moderador, con la posibilidad de conducir tranquilamente y sin sobresaltos nuestra investigación filosófica. (Esto era lo espiritual, ¿qué te creías? ¿Te creías que el filosofar no tiene que ver con el desarrollo de tu espíritu?). Veréis ahora cómo las personas que allí estaban, alumnos y alumnas de edades variadas, cinco profesoras y un ex-alumno del Centro que ya había participado en otras ocasiones y que volvía con arrollador ímpetu, y alguien más, nos regalaban sus experiencias espirituales: esta última persona, realmente, no era alguien más, pues era capaz de disfrutar de la calma y conciencia del mundo que se puede notar una mañana que te levantas al alba, oyendo, viendo y oliendo olores nuevos, sensaciones recién hechas; hace poco fue su cumpleaños y sentir cómo los demás sentían con ella, convirtió a tal sorpresivo momento en un momento especialmente consciente en la vida reciente de una segunda participante; que sea rechazada una solicitud tuya de beca para algo que a ti te produce mucha ilusión, no parece un buen momento que digamos, pero sí lo es la conciencia de que uno estaba preparado para ello; cuando llueve después de algún tiempo y respiramos, sentimos de un modo distinto (¿a ti no te ha pasado?); también me siento yo mismo, siendo útil, cuando veo que otra persona reconoce la parcialidad de su verdad parcial (muy socrático este asistente al café); es una pena, no tengo momentos conscientes, de tan atareado que estoy con este dichoso segundo curso de bachillerato que no me deja ni a sol ni a sombra, decías con alguna pesadumbre, pero, ¿es que no estás siendo consciente de ello ahora mismo?, (ya sabes lo que quieres, no es poca cosa esto, en cuanto puedas seguro que lo llevarás a cabo); recordamos, con la siguiente participante, lo que pasa cuando muere alguna persona cerca de nosotros, que se aprecia mejor la vida que tenemos temporalmente, y más todavía si era una persona que dejó mucha huella en los que le rodeaban, también en ti, pues, a través de su pureza personal aprecias mejor lo que es puramente tu vida; cuando contemplo el atardecer me parece que no soy yo solo en el mundo, sino uno con el mundo (¡grandioso!, muchos sabios se han contentado con aspirar a una experiencia así); una mala noticia también te puede situar en el borde de la cotidianidad y ser consciente de mucho, vaya que sí; he sentido mi soledad (hay que estar muy alerta para darte cuenta), cada persona es un mundo y yo soy otra persona más con su mundo propio; ver amanecer constituye también, para este último participante en la reunión, un milagro renovado y al alcance de cualquiera que sea un poco consciente, antes de que llegarán tarde otros dos más, él y ella, junto a los que no pudimos reconocer con su ayuda algún otro momento consciente más.

El ambiente estaba dispuesto, personas atentas y deseosas de ser conscientes, dispuestas a generar juntas una conciencia mayor, si era posible, a través de nuestra investigación filosófica. Sin embargo, al principio no resultaba especialmente sencillo verbalizar dicha conciencia. Parecía ésta más rápida y elocuente que las palabras necesarias para enunciarla. Se comprende así que costara un poco de trabajo proponer temáticas para discutirlas en el seno del grupo. Al final, salieron compuestas y ligadas: yo y el mundo, el problema de las relaciones con los demás, la posibilidad de cambiar el mundo, el bien y el mal. Como se llevó la palma “el problema de las relaciones humanas”, primero era conveniente plantearse si, realmente, dichas relaciones eran un problema, o no. Con cierta sorpresa por parte del moderador, que casi no quiso cuestionar la respuesta, se dijo con contundencia y casi unanimidad, que son un conflicto permanente. De todos modos, no se pudo inhibir del todo el moderador y preguntó: ¿siempre son un conflicto? No siempre, pero sí la mayoría de las ocasiones. Así que se determinó la pregunta principal del día: ¿por qué son un problema las relaciones humanas, en tantas ocasiones? Admitiéndose que hay también muchos momentos en los que las relaciones pueden llegar a ser más pacíficas y gratificantes. Bueno, pues ya estaba claramente delimitada la investigación. Había que tomar conciencia del porqué de esos casos problemáticos, quizás demasiado abundantes.

Una de las participantes adultas quiso saber si se estaba hablando de aquello que Sartre recogía en su conocida frase y qué significado tenía: “el infierno son los otros”. Se le respondió que las relaciones pueden ser eso cuando los otros se te enfrentan, o sólo se percibe que se te enfrentan, cuando se aprovechan de ti, o sólo se percibe que se aprovechan de ti, cuando no soy capaz de juzgarme más que a través de los otros. Con ello la conversación no avanzaba, pues parecía solazarse en el carácter problemático de las relaciones humanas, y necesitábamos dar un paso más. ¿Por qué sucede, cuando sucede? El joven impetuoso, atractivo y exigente, sentenciaba que era el dominio del otro, del hombre por el hombre, lo que enturbiaba cualquier relación. Exigía de todos los participantes la máxima atención hacia su tesis. Era atractiva y desafiante y el grupo no podría dejar de atenderla adecuadamente, como a continuación veremos. Otra de las participantes adultas le secunda trayendo un símil del mundo animal (quizás tendría que ver con nuestra parte más cercana al reino animal): “el orden de picoteo”. Sucedería igual que en un gallinero, donde se establece por imperativo natural una jerarquía en el derecho a picar del grano esparcido. Con la diferencia de que, en el orden humano, dichas jerarquías se instauran por razones de fuerza social o individual y se producen situaciones que son percibidas como agresión y dan lugar a daño personal. Así podemos referirnos a lo básico que viene recogido en la noción marxiana de alienación: el sujeto se siente explotado, utilizado, desposeído de aquello que le corresponde de suyo, ninguneado o maltratado.

¿Por qué son un problema las relaciones humanas? Además de lo dicho, por la incomprensión mutua que producen. Causa que habría también de ser desplegada. Se estaba trazando un plan de vuelo: recoger las causas y luego analizar qué podíamos hacer con ello. Porque se ponen de manifiesto mis carencias o limitaciones, se añade, problemática que no dio tiempo a analizar posteriormente y que quedó en el tintero. Por último, se apunta el exceso de ego y, junto a ello, la envidia, que tal vez supone más bien un corto y esmirriado ego.

Veamos pues. ¿Qué podemos hacer, ante estas situaciones de problemática relación interpersonal? Sobre la primera causa, el dominio: lograr restablecer un mínimo equilibrio. Llegar a ello costó algo de esfuerzo. Os cuento más o menos cómo fue el desarrollo de la discusión. Hay un miedo ancestral, visceral, dentro del dominador, alega el proponente del la tesis del dominio. El violento, por ejemplo, siente un miedo que le conduce a la autodefensa agresiva y dominadora de los otros. Interesante hipótesis que el grupo tampoco podía dejar pasar la oportunidad de explotar suficientemente. “El violento tiene miedo”, sorprendente y sugerente propuesta. Se abordan dos ejemplos o campos de comprobación de la hipótesis: la relación profesor-alumno y la relación padre-hijo. El profesor pone un parte de amonestación cuando siente miedo de perder el control. Esto levantó algunas ampollas. Imaginad: había allí algunos profesores, mejor dicho, profesoras, que para el caso es lo mismo. Se concluye que la autoridad del profesor no es una cuestión personal, sino que se establece socialmente, como un rol que se ha de ejercer en un contexto determinado. Y cuando es personal, se produce espontáneamente por el atractivo o el carisma que suscite el profesor en cuestión, pero no debido al miedo que estamos refiriendo. Cierto es que puede existir tal miedo y producir tales ataques autodefensivos, o también puede ser el punto de partida el ejercicio de un rol social, educativo en este caso, y, en ambos casos, extralimitarse. Y lo mismo ocurriría según ellos, con la relación padres-hijos. Por ello, se evitaría el conflicto y los sinsabores en las relaciones humanas proponiendo el control justo, no pasarse, logrando un mínimo equilibrio, como decíamos anteriormente. El exceso de dominio es el infierno y es lo que es lesivo para todos.

Segunda causa de unas problemáticas relaciones humanas: la incomprensión mutua. Hipótesis propuesta: abrirse. ¿Quién tiene que abrirse? ¿El incomprendido? ¿El que no le comprende? Ambas partes deberían abrirse, pues se trataría de conseguir una situación de apertura mutua. ¿Cómo es posible? Empatizando. ¿Sabéis de la importancia de la empatía en las relaciones humanas? ¿Lo habías notado? Pues todos los asistentes lo tenían muy claro, sugerido como conclusión que esperó el momento oportuno de expresarse. Se sigue una vía negativa de definición: decir lo que no es, para que se aprecie mejor lo que es algo. Desde luego, que no hay nada de apertura mutua cuando se pretende el lavado de cerebro del otro, ni cuando se le atribuyen ideas o conclusiones, es decir, cuando se le juzga o prejuzga. Esto último merecía más atención: cómo juzgar, para no prejuzgar, contando con que pre-juzgar no sería nada recomendable. Juzgar es necesario, es propio del ser humano (vivir es valorar y el humano no puede dejar de valorar, venía a decir Nietzsche), pero, prejuzgar nos complica la vida unos a otros. Recomendación que se os ofrece, extraída de lo que se dijo aquel día: juzgar sí, pero no al principio, mejor al final, dejando la oportunidad de que se despliegue un poco la experiencia, el conocimiento mutuo. Dale al otro la oportunidad, una oportunidad de mostrarse aproximadamente como puede llegar a ser. Una mínima empatía necesitamos mutuamente, si no, todo se vicia y se vuelven tóxicas las relaciones. Y, para que sea posible un requisito es esencial: por fin lo decíamos con más claridad, la escucha atenta, una forma crucial de apertura al otro. ¿Tú te has fijado que hay una relación inversamente proporcional entre la escucha y el prejuicio? A menos escucha, más tendencia a juzgar, y la inversa es más que interesante: un remedio para no juzgar precipitadamente, subjetiva y torcidamente, para no atribuir injustamente lo que a mí me interesa al otro, es aumentar el volumen de la escucha, y no el volumen de mi propia emisión.

Era ya muy tarde, pero quedaba trabajo por hacer. Era el turno de la envidia. Primero se la distinguió de la admiración, que, en realidad, no tiene que ver con la envidia, sino con el reconocimiento de aquello que puede hacerte mejor. “Nadie es realmente digno de envidia”, la envidia es una tontería, y aunque no es preceptivo de nuestra reunión, se cita a Schopenhauer como autor de la frase. Porque, la envidia se combate con la autoaceptación. Dado esto, se esfuma aquello. Tus límites son tus posibilidades, que tienes que conocer y así desplegar. Y respecto a los demás, aceptar la diferencia de una manera natural, con humildad, tanto si algo pudiera ser inferior a alguna cualidad tuya, como si lo sientes superior a lo que tú hasta ahora has sido o has logrado.

Pero, aunque ya era muy tarde, las ganas de continuar hacían estragos y el grupo fue consciente de que quizás hacía falta tener en cuenta el valor que pudiera tener un marco normativo de las relaciones humanas. Y es que la hipótesis relacionada con el dominio afloraba de nuevo. ¿Es necesario un marco normativo que ponga límites a los excesos del dominio de unos sobre otros? Unas normas que obliguen, y que puedan imponerse legalmente, no harían falta, si todos supiéramos lo que tenemos que hacer. Y varios participantes se muestran muy platónicos al concluir que, si todo el mundo estuviera bien educado, las normas coercitivamente impuestas serían superfluas. La educación era el instrumento para la justicia platónica, que emergía cuando había equilibrio, armonía interna (dentro de cada uno de los individuos) y externa (entre las distintas partes de la ciudad). Pero también, se recordó cómo al final de su vida, Platón, después de sus fracasadas tentativas de aplicar en el mundo su “ciudad ideal”, reconoció el valor de las leyes. Diríamos, con el grupo que aquella tarde investigó sobre la problemática de las relaciones humanas, que a las reglas que pretendan ordenar el juego social también habría que aplicarles el mismo baremo, ya analizado más arriba, de manera que no serían justas si son excesivas o se quedan cortas, pues no regularían adecuadamente las relaciones entre los seres humanos, erradicando lo mejor posible el dominio y salvaguardando una mínima simetría, o equilibrio de poder, en dichas relaciones. Así sería posible una discusión libre de dominio, que diría Habermas, como trata siempre de ser la nuestra.



jueves, 29 de marzo de 2012

Por qué los políticos son todos iguales

“Los políticos son todos iguales” reza el dicho popular contemporáneo, que no es lo mismo que decir que todos los políticos sean iguales, sino que se parecen en algo. Es a lo que se refiere el pueblo en cuanto pueblo, como verdadera instancia ético-social que es. Quiere decirse que siguen, en general, la misma lógica, las mismas estrategias aprendidas en la misma “escuela”, la de la profesión política. Cada profesión tiene su propia lógica de acción que cohesiona a los sujetos que la integran, al forzarlos a convivir en parecidos contextos, ejerciendo sobre ellos una fuerza gravitatoria a la que es difícil resistirse. Se funda su peso en la tradición que se va consolidando poco a poco a medida que se van generalizando determinados usos y costumbres. Desde luego, nos influye mucho lo que “se hace”, porque a fuerza de hacerse se vuelve “normal”, va pasando desapercibido y se transforma en algo valioso. Ocurre en la práctica, sí, que el “es” deviene un “debe”. Constantemente está pasando. Por ejemplo, en un ambiente socio-político en donde la corrupción sea frecuente, no sólo es difícil no caer, pues es más complicado resistirse, sino que la caída pierde todo su anterior valor negativo.

Si nos referimos a nuestro contexto político próximo, lo cierto es que los políticos se han ganado a pulso la mala fama que tienen. Sobre todo desde que no hace tanto nos levantábamos cada mañana con un nuevo escándalo político o una prolongación del anterior. Menuda educación ejemplar ha ido recibiendo la población española, especialmente los jóvenes. De ahí el dramático mandato juvenil a Zapatero: “no nos falles”. Y es que los políticos están ya en el “tiempo de descuento”. Un síntoma muy claro es el descrédito popular de las “versiones oficiales”, ya sean declaraciones, informaciones, aclaraciones o desmentidos. El dicho popular “piensa mal y acertarás”, en política, se ha vuelto, desgraciadamente, casi una llave maestra para comprender lo que hay detrás de las palabras que se pronuncian sobre cualquier asunto o suceso delicado.

De manera que el pueblo ha llegado a la convicción de que la mayoría de los miembros de la Clase Política están trazados por la misma tijera, sean del signo que sean, puesto que en la selva de la política, aquél que sobrevive es básicamente “un igual” que ha entrado por el aro de las embestidas del tráfico político interno y ha aceptado sus reglas, ya que de lo contrario, o bien, lo han echado haciéndole la vida imposible, o bien se ha ido él, cansado o asqueado. Son muchos los ciudadanos potencialmente valiosos para la comunidad que, o no desean mezclarse en política o lo han dejado. Y así, es normal que aquéllos que se quedan tengan un aire de familia en su comportamiento, es una cuestión de selección natural.

No puede ser que a los Profesionales de la Política se les llene la boca de democracia y vivan y se relacionen dentro de instituciones tan poco democráticas. Lo que muestran con sus prácticas ante el público es que ellos mismos no creen en la democracia, si no, no se entiende que tengan que recurrir continuamente a mecanismos predemocráticos, cuando menos, para que a la hora de una votación ya esté todo resuelto de antemano a su favor. No puede ser que el político que vaya escalando la jerarquía del partido sea el más capaz, pero de conseguir alianzas internas utilizando cualquier medio a su alcance. Para conocer detalles del político al uso, no hay más que escuchar con atención lo que dicen sus adversarios políticos: debe constarles lo que suele hacerse en política. En realidad, los políticos se nos aparecen, desde fuera, bastante previsibles, porque suelen hacer lo mismo o muy similar en parejas circunstancias. Y es que en el fondo, sean del partido que sean, responden a un mismo patrón de comportamiento. Son bastante conservadores.

Veamos algunos rasgos de esta dinámica conservadora, sus herramientas discursivas de consolidar el poder, sea cual sea la cuota de poder de que se disponga, aptas para defender su situación social de Clase Privilegiada que monopoliza el poder, contribuyendo a construir una democracia a su medida, en donde los Políticos resulten tan imprescindibles como también lo han logrado, por ejemplo, la Banca o las Aseguradoras: reducir la voluntad general a votos del pueblo, mercancía con la que poder comerciar en su lucha por el poder; extraer del mundo de la vida y de la cultura aquellos ideales que, convertidos en grandes palabras vacías de significado, puedan ser utilizados para justificar y adornar cualquier política conveniente de partido; poner mucho cuidado en sus declaraciones y discursos de manera que no aclaren, ni expliquen, ni argumenten, ni enseñen nada, pero que puedan fácilmente vertirse como titulares periodísticos; recurrir al asesoramiento experto y a la estadística para justificar sus posiciones es de lo más corriente; también suelen enmascarar los debates públicos, defendiendo que ya se ha dialogado, que ya han intervenido todos los interlocutores correspondientes, que ya se ha tomado nota. Aunque, de cara a la galería, forzando así una democracia de las apariencias.

Si nos fijamos, están acostumbrados a atender prioritariamente asuntos que no tienen más remedio que atender, porque hayan trascendido a la opinión pública o porque se ejerza algún tipo de presión social sobre ellos. El resto del tiempo atienden “sus asuntos”. En ocasiones, incluso se ven impelidos a crear nuevos problemas o a alimentar otros añejos ya superados por el pueblo, como ocurre a menudo en los casos del nacionalismo europeo contemporáneo. Y, en definitiva, de nuevo encontramos que la política, que es de por sí un medio al servicio de la sociedad, se transforma en un fin en sí mismo que sólo busca perpetuarse como subsistema social. En resumidas cuentas, la separación entre política y ciudadanía recibe, de esta manera, su ración cotidiana por obra y gracia de los Profesionales de la Política.

La sensación de ser instrumento de otro, de estar siendo cocinado en la trastienda y preparado, listo para el buen provecho del interés de otro, es de lo que peor sienta al ciudadano consciente. Por eso, la tesis del Ensayo sobre la lucidez de Saramago, por sorprendente e inesperada que parezca, no es ni mucho menos descabellada ni improbable. La idea de que en la capital de un país el ochenta y tres por ciento de la población vote en blanco, al unísono y con toda la tranquilidad del mundo, realmente es difícil de imaginar y es lo que añade a la novela una especial fuerza dramática. Pero la base argumental es bastante sólida.

Verdaderamente, el descontento de la Política Profesional y sus políticos tiene durante unas elecciones poco cauce de expresión. ¿Cómo puede el pueblo decir en voz alta que en el fondo, en el fondo, no le satisface ninguna opción política, que si vota es por inercia y por colaborar con la democracia, ya que es mejor que otra cosa? Hasta ahora, la consigna popular tácita más seguida ha sido la abstención. Pero, ¿vale de algo? Realmente de nada. Pues, ya se repartirán proporcionalmente el poder los políticos de turno a partir de los porcentajes obtenidos, por muy pírrico que haya sido el número efectivo de votos. El hecho de que haya habido poca participación no le preocupa, para sus adentros, lo más mínimo a la Clase Política, mientras se tengan suficientes pretextos y medios legales para ejercer el poder. Una abstención de más del cuarenta por ciento ya debería hacerles pensar (y al sistema mismo cuestionarse), no digamos si es del cincuenta o del sesenta por ciento, como se da a veces de hecho. Como no es así, que parece ser que lo más importante es que todo siga igual para que el “negocio continúe”, la opción masiva del voto en blanco no ha llegado, pero puede llegar.

Por consiguiente, es posible que si se pudiese recuperar algo de lo que debe ser, en este caso, que la política fuera propiamente un medio, quien sabe si podríamos reencontrarnos con la ciudadanía perdida. Si fuera posible que la sociedad civil recuperase la capacidad de trazar sus propios fines y que, tanto la expertocracia como la política estuvieran a su servicio y no al revés, quizá entonces tendríamos una ciudadanía más dueña de su propio destino, de acuerdo a la altura de nuestro tiempo ("Breve diagnóstico de salud ciudadana (de andar por casa)", Revista Alfa, 19-20, 2007, pp. 187-99).