Marc Sautet au Café des Phares (Paris 1994) Photo: Wolfgang Wackernagel

viernes, 15 de mayo de 2026

Sobre la libertad 4/8

 


Querido amigo, tu carta me ha hecho sentir que estamos llegando al núcleo del problema de la libertad. Poco a poco conseguiremos, eso espero, aclarar y aclararnos, de cara a cualquier inteligencia que se precie de tal (me ha hecho gracia eso de que una IA pueda leernos). Y no es sobre el tema de los límites de la IA de lo que hablamos, pero, como estamos hablando de lo propio de una inteligencia natural (me encanta la expresión), creo que una inteligencia artificial ni se va a enterar (o eso esperamos).

En efecto, has nombrado, directa o indirectamente, dos ingredientes fundamentales de la libertad... humana. Uno sería la conciencia o capacidad de ser conscientes, y el otro ingrediente la búsqueda de la felicidad, de la que hablas afortunadamente en tu carta (o también la risa que, efectivamente, podemos dejar para otro momento).

Quizá no me expliqué bien. Esa condición de lo inteligente, que necesita interactuar con su entorno para poder sobrevivir, no se cumple mecánicamente, como los relojes de los que hablábamos en la carta anterior, y que simplemente funcionan o no funcionan (si sus piezas no interactúan convenientemente se avería, pero no tiene la capacidad de auto-crearse sobre la marcha), sino que el individuo orgánico evalúa, cada uno según su biología o constitución, desde de lo más instintivo o pre-programado a lo más consciente, lo que es importante de su medio para perseguirlo o para evitarlo.

Así que tranquilo... una (mal-llamada) “inteligencia” artificial no se convertirá en orgánica cuando “sienta” la necesidad de protegerse de amenazas exteriores. Puede que algún día sea posible que una máquina “se defienda”, pero no lo va a sentir ni lo va decidir de una manera consciente, ni siquiera instintivamente. Puede que lo haga, pero como resultado de una función o un conjunto de funciones, que es algo muy distinto. Esto no significa que no pueda llegar a ser más eficaz (en algún sentido) que una inteligencia natural, pero, simplemente, sería otra cosa: hay un salto entre lo natural y lo artificial (según Aristóteles, lo natural es un principio (physis) que constituye el propio ser, se halla en sí mismo, por sí mismo y no por otro, el artífice).

La inteligencia es un atributo del ser natural (que es según physis), que le permite ser capaz de ordenarse y reordenarse a sí mismo continuamente, si nada se lo impide. Volviendo a Spinoza, tan incisivo como siempre, nos dice de nuevo en su Ética: “todo ser se esfuerza por perseverar en su ser con una duración indefinida, y es consciente de ese esfuerzo suyo”.

Planteas muy bien la cuestión de la libertad ligándola a la felicidad, porque una auténtica felicidad solamente puede venir de una auténtica libertad. Pero no hay libertad sin liberación de nuestros condicionamientos internos (deseos y temores, huidas y compensaciones, compulsiones y resistencias, consecuencia de heridas o vacíos, impregnados éstos de ideas limitadas o erróneas que nos llevan a sufrir), no solamente condicionamientos externos, que es lo que suele entenderse por libertad. Si esta liberación interior no está presente, o no ha sido trabajada suficientemente, no es de extrañar que acabemos convirtiéndonos en sujetos hedonistas que, si se descuidan, acabarán siendo esclavos de sus propias compulsiones, muchas veces creadas desde fuera, como bien alude la cita de Anabel Palomares, que traes en tu carta.

Así que, de ninguna manera, en mi opinión, el bienestar de tipo hedónico que mencionas podrá conducir a un bienestar superior de tipo eudaimónico (de nuevo Aristóteles), pues está claro que no nos libera, sino todo lo contrario. Precisamente el proceso de autoconocimiento que conlleva esa liberación es lo que nos aproxima a la auténtica libertad: ser yo mismo en lo que hago, en lo que pienso, en lo que siento, en lo que digo... Algo con lo cual tú acabas tu carta. Así que estamos de acuerdo en el fondo.

Pues bien, con todo esto que hemos discutido hasta ahora, nos hemos referido, más bien, a la vertiente ontológica de la libertad, en el individuo, base de cualquier discurso sobre la libertad en el contexto social. Pero quiero retomar, querido amigo, una idea que mencioné de pasada en mi carta anterior. Siendo como es la libertad tan importante para concebirnos como seres humanos (según Kant, hay dos evidentes realidades: el cielo estrellado sobre mí y la ley moral en mí, cuyo fundamento es la libertad), ¿cómo podemos contribuir a que la libertad no sea una palabra gastada, que todos mencionan o usan, pero en la que casi nadie cree ya, si no es como una palabra mágica con que movilizar el voto o aumentar los beneficios, un medio y no un fin? Y esto no lo podemos permitir, creo yo... que campe a sus anchas esta tendencia. ¿Cómo orientar nuestra libertad para construir un mundo mejor?

Para poder leer la serie completa de cartas, AQUÍ



No hay comentarios:

Publicar un comentario