Marc Sautet au Café des Phares (Paris 1994) Photo: Wolfgang Wackernagel

lunes, 24 de junio de 2024

¿Cómo puede la víctima convertirse en verdugo?


Berto Martínez Tello, óleo sobre tela, 190x170, 2024.

Sobre verdugos y víctimas

Café Filosófico en Castro del Río 7.6

10 de mayo de 2024, Peña Flamenca Castreña, 18:00 horas


En qué condiciones se inventó el hombre esos juicios de valor que son las palabras “bueno” y “malvado”?, ¿y qué valor tienen ellos mismos? ¿Han frenado o han estimulado hasta ahora el desarrollo humano? ¿Son un signo de indigencia, de empobrecimiento, de degeneración de la vida?¿O, por el contrario, en ellos se manifiesta la plenitud, la fuerza, la voluntad de la vida, su valor, su confianza, su futuro?

Friedrich Nietzsche


¿Cómo puede la víctima convertirse en verdugo?

«Si tú te miras, ¿qué queda?». Con este verso finaliza el conocido poema de María Zambrano “El agua ensimismada”. Si tú te miras, desde una mirada franca, limpia, a la escucha de tu ser, qué ves, qué eres, en el fondo de ti mismo. Esto propuso el animador del encuentro filosófico. Y para ello, como trabajo previo, dirigió una breve meditación. Para estar con uno mismo, e ir dejando de lado las sensaciones, las emociones, los pensamientos del momento, a ver qué queda todavía en nosotros, y si eso podemos ser nosotros. Posiblemente permanecerán otras sensaciones, emociones o pensamientos más puros, y habría que seguir ahí, en silencio, a la escucha, atentos, muy atentos, porque eso no somos nosotros (“neti, neti”, no eso, no eso, que decían los sabios orientales de la “no-dualidad”). Estar ahí, hasta toparnos con el sujeto de tales sensaciones, emociones o pensamientos últimos, quien soy yo.

A continuación, el grupo tuvo mucho cuidado para encontrar el tema del diálogo aquella tarde. La actual guerra de Gaza acaparaba la preocupación de los allí reunidos, en la Peña flamenca castreña. Para ponernos todos en situación, se recuerdan algunos de los episodios antecedentes del ya viejo, enquistado y trágico “conflicto” palestino-israelí. Así, los participantes contarían con la misma información de partida. Pero, dado que estamos construyendo un diálogo filosófico, no podemos quedarnos en ese territorio de los acontecimientos históricos, con su barbarie actual. Esto era el telón de fondo. A nosotros nos interesaba la indagación filosófica que nos podía suscitar. Para saber mejor, para ir más lejos, ahondar. Y de las posibles preguntas que podíamos hacernos, fue ésta la que demostró un mayor interés: ¿cómo la víctima puede convertirse en verdugo? En tantas ocasiones, como sucede... En tantos casos de violencia de unos seres humanos sobre otros: abusadores, tiranos, acosadores, maltratadores, discriminadores, explotadores... En tantos casos, si escarbamos un poco, descubrimos que, en ocasiones, primero fueron víctimas y luego mudaron sus acciones y la actitud a verdugos. Esto contiene un enigma. Tratemos de encontrar alguna clave juntos, con los participantes.

Después de proponer explicaciones varias (o mejor dicho, gracias a ellas), el grupo formuló esta hipótesis, en forma de pregunta: ¿alguien que realmente se siente fuerte necesita demostrarlo? Quien necesita demostrar su fuerza, quizás en el fondo se siente débil... Esto situaba la problemática, y el tema de fondo, en un lugar nuevo, no sabíamos todavía si prometedor. Los participantes veían muy claro que aquella persona que necesita demostrar que es más que otra, con esto muestra una debilidad, en alguna parte de su personalidad. Y así trata de compensarlo. Un sentimiento de carencia, de vacío, de miedo, de no ser, de falta de plenitud, se instala en ella y ha de encontrarle un sentido, ha de comprender por qué se siente tan mal. Es posible que dicho estado interior haya sido adquirido, que esté influido por las circunstancias adversas de su vida, de su educación, pero el hecho sería que se instala en la persona. La cuestión es que se siente amenazada, en peligro su propio ser. ¿Cómo salir de ahí? Esta angustia vital... no ser, no valer, esta soledad, podría adoptar distintas salidas o reacciones. La persona puede volverse sumisa o rebelde, o puede tender a aislarse. Pero todas son posiciones reactivas. No actuamos conscientemente, siendo nosotros mismos, sino que saltamos como resortes, hacia dentro, hacia fuera o nos apartamos de la dinámica social habitual. Esto lo vieron muy claro, ellos y ellas, sin tener que recurrir al sabio Antonio Blay, que lo analiza detalladamente. Así, afirma que «realizarse es descubrir lo que uno es detrás del error en que uno vive, y si uno no descubre el error no puede vivir la verdad de sí mismo (…) La verdad salta a la vista por ella misma cuando quito los obstáculos que la cubren y los obstáculos que la cubren son todas mis creencias y todos mis miedos y mis deseos, toda esa superestructura que se ha ido poniendo» (Ser. Curso de psicología de la autorrealización).

Pero sí recurrieron a Nietzsche, que fue citado en la reunión. Recordemos que para este pensador, habitualmente muy lúcido, en el ser humano aparecen dos actitudes básicas ante el hecho (trágico, más allá del pesimismo y del optimismo) de existir: afirmar la vida con todo lo que conlleva, o bien, negar la vida, no aceptarla, por eso mismo. Esta segunda actitud es de tipo reactivo, en el sentido que decíamos. Y así, hablaba de la aparición histórica de dos clases de moral, en función de estas actitudes, activa o reactiva, respectivamente: “moral de señores” y “moral de esclavos”. Una moral (o conjunto de normas y valores), esta última, basada en el resentimiento (o “espíritu de la venganza”) hacia sí mismo, hacia los demás, hacia la vida misma. En el interior de estas actitudes, diríamos (y ellos y ellas lo dijeron así, a través del diálogo), está instalada la idea de confianza o desconfianza en el fondo de uno mismo, de los seres y de la vida misma.

Esto supone un alejamiento, o una desconexión, de dicho fondo, que siempre es positivo y pleno y completo; y como la persona se siente separado de su propio fondo más íntimo, busca como puede su modo propio de salir de ahí, con el menor daño posible, de ese vacío existencial. Porque en ese fondo, situados ahí, viviendo desde ahí, no hay sufrimiento (precisamente, es lo que vislumbraron los participantes con el ejercicio inicial del encuentro, recordemos: lo que queda, cuando quitamos esas capas emocionales, mentales o sensoriales que nos arrastran en la vida cotidiana). Esto que nos impulsa a vivir positivamente es lo que llamó Spinoza (que también es traído a la reunión) “conatus”: «cuanto más se esfuerza cada cual en buscar su utilidad, esto es, en conservar su ser, y cuanto más lo consigue, tanto más dotado de virtud está; y al contrario, en tanto que descuida la conservación de su utilidad –esto es, de su ser–, en esa medida es impotente» (Ética demostrada según el orden geométrico). Este impulso vital, diríamos, es como la fuerza de un motor de explosión, que produce el movimiento, y si el engranaje depara una marcha atrás, el vehículo avanza hacia atrás (en el caso de nuestra discusión, reactivamente); y si el engranaje organiza una marcha adelante, el vehículo lo hace hacia adelante (activamente). El impulso vital o energía siempre está presente, pero nuestras experiencias y sus envoltorios mentales nos llevan a poder vivir con más plenitud, o bien, que la vida se nos aparezca como algo insoportable.

¿Podemos comprender ahora, algo mejor, por qué algunos seres humanos necesitan demostrar que son superiores a otros seres humanos o no humanos? ¿Por qué los verdugos, tantas veces? ¿Por qué, en ocasiones, las víctimas que se convierten en verdugos? Eso espera este grupo de personas, que se reunieron aquella tarde para entender mejor qué está pasando en oriente próximo... y en tantos otros contextos, en donde los seres humanos (demasiado humanos, que diría Nietzsche) tratan de salir desesperadamente de su situación vital interna, de miedo, de angustia o de deseo, con tanta violencia como exhiben y tanto sufrimiento como infligen, a generaciones enteras de grupos o personas. En fin, salud y vida, pero vivida con autenticidad.

miércoles, 19 de junio de 2024

ODA A LA LUZ DE ACEQUIAS Y TINAOS



-Libro poético-pictórico

-Editorial Dos Aguas (Instinción, Almería)

-Publicado en Mayo 2024

-120 páginas a color, que incluyen 48 pinturas y 38 poemas, relacionados entre sí

-Finalidad solidaria (los beneficios íntegros de la presente edición irán destinados a la Comunidad de Regantes de la Acequia de Los Lugares: Capileira, Bubión y Pampaneira)

-Para conseguir el libro y colaborar: asistir a las presentaciones, Art Studio en Capileira, o bien, en la dirección: info@editorialdosaguas.com

-Prólogo de José María Martín Civantos, profesor titular del Departamento de Historia Medieval y de Ciencias y Técnicas Historiográficas de la Universidad de Granada, Coordinador del proyecto MEMOLab (Laboratorio de Arqueología Biocultural), de estudio y apoyo a las Comunidades de regantes.

-Contraportada:

¿Qué se puede pintar o escribir de estas tierras altas de La Alpujarra? ¿Qué formas pueden dibujar la pluma y el pincel? ¿Pueden recoger su luz trenzada en senderos y tinaos? ¿Seguir el curso de las acequias hasta los pueblos, como los niños el rastro de las hormigas? ¿Entregarse al misterio detrás de cada esquina o desnivel? ¿Dialogar con el entorno y sus gentes, y sin prisas, detenerse, demorarse? En este libro singular, un maridaje poético-pictórico, los autores vuelcan en cada página sus vivencias únicas de esta tierra, hecha de pizarra y de nubes. En él se pinta y se escribe a su luz y desde su luz.

-Una muestra de poemas-écfrasis, incluidos en el libro:

Fuente del carril con amarillo. Dibujo a tinta con amarillo. 50x70. 2020.

La fuente del carril

     i

          dibuja berto la fuente del carril

la reúne con su lápiz

igual que el agua acunada por las manos

igual que un niño despertara

en diógenes el cínico su naturalidad

recoge los dos chorros desiguales

y los vierte como reflejos penumbras

del fondo de la pileta

dibuja la piedra de esta tierra

que el cemento abufanda

grisáceo blanco


    ii


          pinta berto la fuente del carril

pinta su luz

de un sol amarillo el resplandor

de la fuente de la fuente

la esencia la entraña el quebranto

de la tierra de lascas de pizarra

por las cuevas interiores y venosas

serpentean las surgencias

          la vida de estos pueblos

sin la fuente de las fuentes

no habría musgo ni helechos

ni norte del sur


Tinao en rojos. Pintura sintética sobre tela. 200x160. 2023.

los tinaos

  

  i


el paseo por los tinaos

resulta siempre inacabado

un día a una hora sobrevuela un ocre rojo

por la calle cubierta y pinta de flores y de plantas

el espacio profundo interior

no es la luz del día sino que es un ojo puesto

en las paredes colgadas de cintas y de pilistras

en las macetas de geranios

debajo de los tablones asimétricos

un ojo de dios triángulo

rectángulo celeste traslúcido invisible

que señala las regularidades

irrestrictas de la tradición


Tinao 1. Óleo y spray sobre papel montado en madera. 115x90. 2020.

    ii


otro día

dos de las esquinas se han teñido

del color del lapislázuli

en el suelo se deshace un resto

de paralelogramo rosa

y una herida sangra esbozando un dibujo coloreado

          leve ángulo derramado por la pared

el techo pétreo y contrastado

las vigas y alfajías soportan el peso de los terraos

guardan como en un cofre olvidado

el tenue espacio contenido

matizado de grises

con la fuerza de una intensa

paleta de colores


Tinao 4. Óleo sobre papel. 125x125. 2023.

    iii


son los tinaos mausoleo

que se atraviesa

poder entrar y poder salir

un entrenamiento para la existencia

          el dolor es un túnel

hay salida nos recuerda el poeta

josep maría rodríguez

          pinta berto esta magnífica

abertura en el tiempo

con sugerencias de cal y sombras

con un farol de luz innecesaria

en este espacio desvelado

pasaje sin duración


Tinao en ocres y blancos. Óleo sobre manera. 75x46. 2023.

    iv


pintan juntos

el azul del cielo con el ocre de los peldaños

que da paso a otro de los tinaos

          la razón no puede decir nada

por encima de la techumbre

asoma lo celeste con nubes desmigadas

por debajo de la baranda

reina un sol que se derrama lento

tramo a tramo pared con pared

un ambiente dorado y cálido

que sentimos

cuando lo pinta berto


Sierra de Lújar 1. Óleo sobre madera. 125x125. 2022.

barranco del poqueira


como otras veces

la escuela no da en la vida

y tenemos que continuar

nuestra formación

lo sintió garcía márquez

y nosotros

que ahora nos hallamos

en un continente

que no es ninguno

de los cinco continentes:

sirve de molde a la niebla

de cauce al glaciar que remonta

las laderas empinadas

que pinta berto

insinuando arbolado y quebrasías

con chorreones verdes

          la sierra de lújar cuida

noche y día que ninguno de los colores

las formas los seres contenidos

se desagüen en el mar


Tinao en sobra y luz. Óleo sobre tela. 100x81. 2020.


no acaba el día


con el atardecer

en el barranco

no se acaba el día

al ponerse el sol

en las alturas

           prima una luz

lechosa y mate

sin el foco irredento

de la tierra

          los habitantes

aún disfrutan

de una alta lucidez

sin almenara

en la bóveda celeste

dentro

de ellos mismos


Los últimos días de edén


MEDICINE MAN

Los últimos días de Edén (“Medicine man”, 1992), ha sido la última película de este ciclo de Cine y Pensamiento, organizado por el Área de cultura del Ayuntamiento de Vélez-Málaga, con la colaboración del Centro de Arte Contemporáneo y la Fundación María Zambrano. Un ciclo muy atractivo, dado el interés suscitado entre el público de la comarca de la Axarquía. En esta ocasión, esta película, ha resultado algo más ligera que las anteriores, pero no por ello exenta de cuestiones relevantes, dignas de nuestra atención y diálogo, quizás, no tratadas en el film con demasiada profundidad. Transcurre la acción en el corazón del Amazonas, en peligro desde hace mucho, debido a las acciones extractivas (mejor dicho, depredadoras) humanas. Unos datos sucintos: según Greenpeace, desde 1970 se ha perdido una extensión de selva equivalente al territorio de Francia, y esta cifra no para de aumentar cada año, como un tumor maligno en este “pulmón del mundo”; alberga el 10 por ciento de la fauna y el 20 por ciento de la flora conocidas; pero, incluso, lo más grave es la cantidad de nuevas especies sin catalogar que podrían ayudar, siendo antropocéntricos, a salvar a la humanidad, ofreciéndole nuevas posibilidades de curas a enfermedades, como cuenta el argumento de la película. Se pierde mucho si se pierde una especie animal o vegetal; se pierde mucho si se pierde una cultura o una lengua: todo un modo de vida, una posibilidad de vivir de otra manera, como se discutió en el diálogo posterior al visionado de la película, y que referimos a continuación.

John Mctiernan (“La caza del octubre rojo”) dirige esta película, cuyo guión se debe a Tom Schulman (“El club de los poetas muertos”); Jerry Goldsmith puso la música, excelente; los personajes protagonistas fueron interpretados por Sean Connery y por Lorrain Bracco. Tres temáticas, con algunos subtemas, fueron propuestos al concurrido público de cara al diálogo posterior. Veamos:

Los riesgos del contagio biológico y cultural. Desde el punto de vista cultural, esto lo relacionan los antropólogos con los procesos de “aculturación”. Los grupos aborígenes corren este peligro, no sólo por la intromisión de modos culturales occidentales sino por el riesgo real (ya conocido históricamente) de contraer enfermedades mortales, traídas de fuera. Este peligro de la aculturación siempre está presente... y la misma película, al querer mostrarnos estos riesgos, también está contribuyendo a ello (esto no hay que desconocerlo). Además de esta posibilidad de destrucción de las culturas nativas, se nos plantea la paradoja del antropólogo: ¿cuando interactuamos con una realidad cualquiera, cultural en este caso, podemos conocerla tal como es?, ¿no la cambiamos al intentar investigarla? El Principio de incertidumbre de Heisemberg está siempre presente, en todos los órdenes.

Los peligros de la sobre-explotación de los recursos desde intereses económicos (como las empresas multinacionales, madereras, farmacéuticas, en el caso de la película), que acaban primando sobre todo lo demás. Por ejemplo, no sólo se sobre-explota un territorio del Amazonas, sino que, para trasladar sus recursos al norte, hay que construir una carretera, con la consiguiente destrucción del hábitat. Expropiación y destrucción es lo que se le inflige, en un sólo paquete, a las comunidades locales de los lugares donde (por desgracia) existen recursos valiosos económicamente para otros que están lejos de allí. Y aquí surgió un subtema importante para la discusión: el diferente modo de proceder de la ciencia y del saber tradicional: eliminar posibilidades (Karl Popper) de una vez para siempre, si han sido refutadas, o bien, continuar probando, pues son muchos los factores que pueden influir de un modo imprevisto; diseccionar, penetrar, manipular, frente a observar, conservar, respetar; aislar factores, o bien, integrarlos y mirarlos como unidad orgánica. En la película aparece un momento curioso, en el que la doctora limpia las impurezas de un muestra de flores, eliminado también la posibilidad de una resolución satisfactoria del enigma del pico 37 en el espectómetro.

Finalmente, los asistentes dialogaron sobre la trascendencia de la diversidad biológica y cultural, que ya mencionábamos: ¿qué se pierde si desaparece una especie o una cultura o una lengua? Y ya lo dijimos, perdemos alimentos, curas, soluciones a momentos de crisis, aprendizajes... modos de vida. A partir de aquí surgió una bonita discusión sobre nuestro modelo de vida moderno y occidental (que se ha convertido, aparentemente, en el único válido). ¿Qué es progreso? ¿Nuestro modo de vivir es mejor que el modo de vida de una tribu aborigen? Seguro que si tú hubieras estado allí, hubieras tenido muchas cosas que decir. Solamente, un dato: esos pueblos llevan, sin apenas cambios en su modo de vida (comparados con la innovación constante, propia de nuestra cultura occidental) desde hace miles de años. Da que pensar... Veremos... nosotros. ¡Mucha salud y prudencia, que decían los clásicos! Y hasta la próxima ocasión... ¡Abrazos!

lunes, 10 de junio de 2024

LA SOGA


LA SOGA

Basada en una obra de teatro de Patrick Hamilton (1929), La soga (“Rope”, Alfred Hitchcock, 1948) fue una obra polémica en su momento, por las sutiles referencias al nazismo y a la homosexualidad, y también lo fue para los asistentes de esta sexta edición del ciclo Cine y Pensamiento, organizado por el Área de Cultura del Ayuntamiento de Vélez-Málaga, dada la animada discusión a que dio lugar... Toda obra de arte auténtica nos plantea verdaderas cuestiones que siempre nos atañen. Lo veremos ahora. Pero conviene reconocer de antemano dos peculiaridades de esta película: la primera, que toda la película está filmada en un falso plano-secuencia, dada la longitud de los rollos de la época, pero que en todo momento se nos aparece como si fuera verdadero, gracias a la pericia de su director; y la segunda, que se sabe desde el primer plano “quién ha matado a quien”, pero ello no le resta nada de intriga o de suspense. Esto era muy capaz de lograrlo Alfred Hitchcock, poniendo a su servicio la capacidad empática del observador. ¿Serán descubiertos los asesinos? ¿Abrirán de una vez el arcón donde se oculta el cadáver?

Pero a nosotros nos interesa descubrir las preguntas latentes, debajo de lo que estamos viendo, y poder filosofar sobre ellas, planteándolas de un modo consciente y lúcido. Desde las imágenes, a través de ellas... Uno de los protagonistas (interpretado por James Stuart) ha sido profesor (¡de filosofía!) de los ejecutores del crimen “perfecto”, que defendía “el asesinato como privilegio de unos pocos” y afirmaba aprobar el crimen, de una manera exageradamente irónica... Pero, claro, ¿era capaz su alumnado, todo su alumnado, de captar tal ironía y excentricidad crítica de tal método de enseñanza? Esto nos plantea el tema de la responsabilidad del educador, acerca de los contenidos y de los modos de transmitirlos. Además, ¿debe un profesor o maestro o educador, en general, mostrar sus propias creencias o su ideología a su alumnado? ¿Debe dar respuestas o hacer preguntas, hacer pensar? Fue uno de los objetos del diálogo de aquella tarde.

Relacionado con lo anterior, la película plantea una cuestión más profunda: las ideas son lo más peligroso. Los seres humanos actúan de acuerdo a sus ideas, lo que produce consecuencias en la práctica. De manera que si las ideas son inadecuadas, su puesta en acción puede llegar a ser dañina o peligrosa. Sabemos por experiencia histórica que cualquier actuación puede llegar a justificarse racionalmente... Por eso, el filósofo de la ciencia y de la política Karl Popper, insistía tanto en la necesidad de realizar constantemente un análisis crítico de nuestros pre-juicios. Según él, incluso ésa debería ser la función de la filosofía. Además, es muy importante saber que las ideas nunca mueren... y pueden reaparecer en cualquier tiempo o contexto. Todos podemos traer a la mente ejemplos actuales que nos preocupan. Y, por último, las son fácilmente manipulables o interpretables... una idea es una fina línea por la que es fácil despeñarse, y el filo de la navaja volverse funesto.

Esto lo sabía muy bien Friedrich Nietzsche. Pero también lo ha sufrido su filosofía: la mala interpretación de sus ideas. Cierta interpretación protofascista ha deformado en demasiadas ocasiones su obra, desde que su hermana se hizo cargo de su legado. Y esto lo recoge nuestra película. Ese tópico. Expresiones nietzscheanas como “más allá del bien y del mal”, “voluntad de poder”, “moral de esclavos y moral de señores” o su doctrina del hombre superior o “superhombre”, se ha tomado a veces como una excusa para justificar el dominio de unos seres humanos sobre otros, a través de un supuesto derecho de los más fuertes respecto a los más débiles. Precisamente, de esta manera defendían los asesinos en la película su crimen. Sin embargo, Nietzsche relacionaba la superioridad con una superioridad espiritual, afirmadora de la vida, con todo lo que ésta conlleva de placer o de sufrimiento. Una actitud trágica, muy consciente, de aceptación de lo que hay; amor fati, que decía. Sin embargo, y como ejemplo, es necesario saber, para interpretar adecuadamente sus doctrinas, que las figuras del artista creador y del niño son las que mejor representan aquella idea de un “hombre superior”, que es fiel a sí mismo y se ha emancipado del sentimiento aplastante de la culpa (que no es lo mismo que la responsabilidad).

Entonces, ¿quién es un ser superior? ¿Quién es el débil o encarna la debilidad humana? Así, el grupo de personas asistentes (bastante numeroso) que se quedaron a dialogar sobre las implicaciones filosóficas de la película, establecieron dos tipos o niveles de “superioridad”: una superioridad material o externa y una superioridad espiritual o interna. La primera, busca sentirse fuerte a través del dominio de los otros, a los que previamente ha de considerar débiles; una necesidad convertida en resentimiento. En el fondo, se siente débil, pero él no lo sabe o se oculta detrás de la fuerza o el sometimiento de los demás (o los que puede). Todos conocemos ejemplos de esta actitud, si lo miramos con atención: el tirano, el acosador, el maltratador, el explotador, el discriminador... que se ha investido a sí mismo de fuerza y de supuestas razones. El segundo tipo de superioridad, está basada en la nobleza o grandeza interior, en la autosatisfacción, en el autoconocimiento. Una autosuficiencia que no necesita ni depende de lo exterior. Ya es, y se siente, fuerte y seguro. Así es como lo blando vence a duro y lo flexible vence a lo rígido, dice el Tao. Esto nos lleva a tomar conciencia de que no sólo la víctima, sino también el verdugo, necesita ayuda (además, comprendemos mejor los casos en los que la víctima se ha convertido en verdugo). En fin, que nuestro profesor de filosofía (que también era humano, demasiado humano) comprendió lo que había hecho (o lo que había provocado), de una manera dramática en La soga. Salud y buenas ideas, y que también lo sean en la práctica.

martes, 4 de junio de 2024

¿Por qué nos sentimos tan aislados?


Sobre el aislamiento social

Café Filosófico en Torre del Mar 3.5

11 de abril de 2024, Taberna El Oasis, 18:00 horas

Los compromisos del tipo “hasta que la muerte los separe” se convierten en contratos “mientras estemos satisfechos”, contratos temporarios y transitorios por definición, por decisión y por el costo pragmático de su impacto y, por lo tanto, propensos a ser rotos unilateralmente y evitar el precio de intentar salvarlos, toda vez que una de las partes huele una oportunidad más ventajosa fuera de esa sociedad.

Zygmut Bauman, Modernidad líquida


¿Por qué nos sentimos tan aislados unos de otros?

¿Cómo es posible que los seres humanos nos lleguemos a sentir tan separados, como islas de un archipiélago aislados, si las islas están unidas por la base de roca en la tierra, si el mismo mar las baña y nos permite navegar entre ellas y reconocernos unos a otros? ¿Por qué? ¿Por qué? El asombro movilizó el discurrir de estos filósofos que no vienen a escuchar charlas ni a competir con las palabras, sino a filosofar. Con nuestra presencia mostramos que aquí, entre nosotros, lo que prima es la relación, la conexión, la pertenencia, el formar parte sin tener que desaparecer yo. Veamos, con ellos y ellas, la manera de resolver este embrollo... o quizás tendríamos que disolverlo (como preferiría Ludwig Wittgenstein), pues no deja de ser bastante irreal todo aquello que nos confunde. Somos islas no aisladas. Pero así somos los seres humanos: a menudo, necesitamos perdernos para poder encontrarnos.

Sucede con el problema que aquella tarde les ofuscaba a los participantes, pero sucede lo mismo con el fenómeno de la admiración por las cualidades internas de otras personas que no somos (aparentemente) nosotros, algunos personajes de ficción, o bien, ciertos fenómenos de la naturaleza que nos despiertan el asombro. Si yo siento admiración por la fuerza o la vitalidad o la inteligencia o la eficacia o la voluntad de alguna persona o personaje, si yo puedo sentirlo, si soy capaz de sentirlo, sin duda, ya lo poseo de algún modo, de lo contrario no podría sentirlo, ni siquiera apreciarlo. Ahora bien, es posible que necesite desarrollarlo un poco más, o lo que sea necesario, pero no puedo decir que no me pertenece, que está fuera de mí en otro. Pues bien, esta cuestión les planteó el animador del encuentro y esto fue lo que dijeron: ¿qué cualidad admiras? La generosidad, el rigor, la entrega, la serenidad, la fortaleza, la armonía, la capacidad de sonreír, el orden, la valentía, la capacidad de trabajo, la luminosidad, la fluidez mental, la apertura a los demás, la capacidad de superación, la empatía, la tolerancia, el respeto, la integridad, ser capaz de no ver la televisión, la amplitud de miras... ¿Y qué cualidad interna es la que tú, lector, admiras fuera de ti? Vale... pues ya sabes que ¡está en ti! Si no, ¿cómo podrías llegar a saber que eso es admirable para ti? Míralo.

Es cierto, nos sentimos muy aislados, tantas veces, en este mundo complejo e inabarcable, que parece que funciona sin nosotros, que no nos necesita para nada. ¿Por qué nos sentimos tan aislados? ¿Se trata de causas externas o de causas internas? Y, comenzamos la singladura. El individualismo, el culto al yo, que promueve este sistema capitalista que nos cerca; el exceso de conectividad, que se traduce en conexiones virtuales y no reales; las excesivas posibilidades de movilidad, o los excesivos cambios a los que están sometidas nuestras vidas; la competitividad excesiva, las prisas, la aceleración de nuestra vida social, el exceso de monólogos... en fin, todo esto excesivo. Y nos conduce a desarraigarnos, desanimarnos, frustrarnos, deprimirnos... Pero, ¿y si dejamos de considerar el exceso? Todos esos factores por sí mismos podrían conducirnos a la interacción y la comunicación, podrían incluso mejorarla, pero, en exceso, se vuelven nocivos y contraproducentes, van contra nosotros mismos... Puede uno sentirse individuo, sentirse conectado, con mucha capacidad de movilidad, aprender a ser eficaz, desarraigarse de ciertas tradiciones... y no por ello sentirse uno aislado, solo, separado, triste, angustiado. El grupo comenzaba a intuir por dónde buscar la respuesta. Pero hacía falta una mayor maduración del diálogo.

Señaló una de las participantes que Zygmut Bauman ha llegado a hablar de “amistades líquidas” o de “amor líquido”. En las sociedades contemporáneas todo se vuelve tan complicado, tan incontrolable, que mejor quedarse con las relaciones “mientras estemos satisfechos”. Pasaba con mayor frecuencia en las sociedades más urbanas, pero todo se va igualando en todos los contextos sociales... de una manera gradual. Esto concluyeron los participantes. Hoy se ha desdibujado la separación entre lo urbano y lo rural o tradicional... y el exceso de que hablábamos lo invade todo (lo tergiversa y acaba contaminando las relaciones humanas).

Pero, querían seguir indagando: es fundamental, dijeron, el factor personal en estas circunstancias adversas que tienden a arrastrarnos y a diluirnos. Nuestra actitud o respuesta. Porque sabemos, por experiencia, que podemos sentirnos aislados aunque no estemos materialmente solos. Podemos sentirnos solos, estemos o no estemos conectados a las redes sociales... y lo contrario, sentirnos bien con nosotros mismos y con nuestro entorno, en cualquier circunstancia. ¿De qué depende? Pues, de nuestra maduración personal (nuestra autonomía, autosuficiencia, seguridad, sentido propio, autoconocimiento, autorrealización, suficientemente desarrollados). ¡Y esto es lo que muchas veces nos falta!, afirman. Es posible que podamos formar parte, sin que tengamos que desaparecer o desdibujarnos nosotros, si estamos bien situados, en nuestra propia identidad o realidad, nuestra autoconciencia. La conexión con esto interior nuestro y su desarrollo, nos hace a prueba de bombas. Si estoy en mí y me reconozco, y vivo mi propio valor, con plenitud, será difícil que que yo me sienta solo, aislado, desarraigado... Y podré vivir mejor en este mundo de soledades abundantes. Se trata de sentirnos unidos interiormente con el resto de la humanidad. Lo demás... cae por su propio pie.

Entonces, ¿qué hay del amor? El amor es esa unidad que sentimos con todo lo demás. Pero, ¿podemos sentir el amor sin desarrollar la capacidad de amar? La esencia del amor es amar... a pesar de las circunstancias, sin tener que esperar nada, ni siquiera el ser correspondidos. Esto es lo que depende de nosotros. Si aprendemos a amar, a nosotros mismos, a los demás, a todos los seres que nos rodean, si aprendo a confiar en la vida (la vida en nosotros), nunca me sentiré aislado, separado, perdido... por mucho que se empeñen las circunstancias. El que lo ha probado, lo sabe.


sábado, 1 de junio de 2024

Oda a la Luz de Acequias y Tinaos


Libro poético-pictórico

Autores: Berto Martínez Tello y Antonio Sánchez Millán

Editorial Dos Aguas (Instinción, Almería)

Publicación: mayo 2024

120 páginas a color, que incluyen 48 pinturas y 38 poemas, relacionados entre sí

Finalidad solidaria (los beneficios íntegros de la presente edición irán destinados a la Comunidad de Regantes de la Acequia de Los Lugares: Capileira, Bubión y Pampaneira)

Prólogo: José María Martín Civantos, profesor titular del Departamento de Historia Medieval y de Ciencias y Técnicas Historiográficas de la Universidad de Granada, Coordinador del proyecto MEMOLab (Laboratorio de Arqueología Biocultural), de estudio y apoyo a las Comunidades de regantes.

Contraportada:

¿Qué se puede pintar, escribir, de estas tierras altas de La Alpujarra? ¿Qué formas pueden dibujar la pluma y el pincel? ¿Pueden recoger su luz trenzada en senderos y tinaos? ¿Seguir el curso de las acequias hasta los pueblos, como los niños el rastro de las hormigas? ¿Entregarse al misterio detrás de cada esquina o desnivel? ¿Dialogar con el entorno y sus gentes, y sin prisas, detenerse, demorarse? En este libro singular, un maridaje poético-pictórico, los autores vuelcan en cada página sus vivencias únicas de esta tierra, hecha de pizarra y de nubes. En él se pinta y se escribe a su luz y desde su luz.


Presentación en Capileira 17/05/2024



viernes, 24 de mayo de 2024

El nombre de la rosa



EL NOMBRE DE LA ROSA (1986)

La mayoría de los asistentes a esta quinta sesión del ciclo Cine y Pensamiento, organizado por el Área de Cultura del Ayuntamiento de Vélez-Málaga y la Fundación María Zambrano, había visto la película... y habían leído la novela de Umberto Eco (1980), en la que se basa. Pero allí no estamos solamente para ver una película, sino para dialogar sobre ella, a partir de ella, desde ella y desde nuestra propias experiencias actuales. Esto también es necesario, muy necesario. Por eso, quizás, la sala estaba tan llena. Umberto Eco escribió una gran novela y Jean-Jacques Annaud realizó una gran película, tanto monta...

Hay dos maneras básicas de ver esta película: atentos a su trama de suspense y detectivesca, situada en la baja Edad Media (en 1327 transcurre la acción, en una abadía benedictina del norte de Italia; un Cherlock Holmes y un Dr. Watson medievales), o bien, como el choque de dos visiones o culturas contrapuestas: por un lado, un mundo que agoniza y muestra las contradicciones y absurdos a que llega en su degeneración; y la otra que emerge llena de fuerza, crítica y orgullosa, segura de sí misma y de sus posibilidades, la Modernidad, de la que somos herederos. En la trama, esta última visión del mundo estaría representada por los personajes Guillermo de Baskerville (muy posiblemente el teólogo y filósofo Guillermo de Ockham en la ficción, interpretado por Sean Connery) y su discípulo Adso (interpretado por un joven Christian Slater). La visión medieval, decadente, estaría representada por el resto de personajes, los monjes de la abadía (caracterizados de un modo grotesco tanto en sus rasgos físicos como psicológicos), especialmente el venerable Jorge.

Queda claro, entonces, que se trata de una época de crisis, como sucede siempre que algo acaba y algo comienza. Y así fue el siglo XIV, un siglo de crisis. Veamos algunos aspectos de esa crisis: desintegración del Imperio germánico, heredero del Imperio romano; división en el seno de la Iglesia (Cisma de Avignon, con Juan XXII, discusiones teológicas, por ejemplo, sobre la pobreza o no de Cristo y de la misma Iglesia); luchas entre el Pontificado y el Imperio, lo que supone el final de la armonía entre el poder civil y el religioso, así, el emperador (Luis IV, Sacro Imperio romano) en la película ayuda a Guillermo contra el Papa; crisis económica, el hambre y las epidemias que asolan Europa; y una crisis de valores terrible, que se muestra en el surgimiento con fuerza de herejías (p. e. los Dulcinistas), nuevos cultos como la brujería, la magia, el terror apocalíptico y, como consecuencia, una Inquisición que se vuelve más represiva. Pero, veamos rápidamente algunos de los elementos principales de este choque de culturas:

1) Frente a las explicaciones de tipo sobrenatural, ahora se tratan de buscar explicaciones más naturales o racionales a los sucesos (así, Guillermo pretende explicar las muertes que se producen en la abadía sin “suponer anticristos”. Así, comienzan a predominar métodos como la inducción y la observación. Hay muchos ejemplos en la película: cómo localiza Guillermo los urinarios, cómo descubre que ha habido un muerte reciente, cómo investiga la causa empírica de las muertes, los indicios, como las huellas en la nieve...

2) El uso de instrumentos de medición u observación (astrolabio, sextante, que se ocultan con la entrada del señor Abad al principio de la película, las lentes de aumento, que regalará a Adso, cuando se separan sus vidas; no en vano la ciencia moderna comenzó por resolver problemas prácticos (y un buen ejemplo es Leonardo da Vinci, prototipo de hombre renacentista).

3) El hermetismo medieval del saber: el saber es peligroso, “la duda es enemiga de la fe”, “la soberbia de la razón”, todo ello simbolizado en la biblioteca de la abadía, que es una fortaleza (los libros están bajo llave, vigilados constantemente, inaccesibles, prohibidos... la biblioteca es también un laberinto, diseñado para que se pierdan los intrusos). Frente a todo ello, la visión moderna del saber como algo al alcance de todos, y que lo recibido de la tradición incluso puede ser cuestionado, y si es aceptado, que sea críticamente.

4) La fe necesita del miedo al diablo, a la condenación, frente a la concepción moderna de la fe como convicción personal y no opuesta a la razón (autonomía de la fe y de la razón, que defenderá Guillermo de Ockham en su filosofía-teología).

5) La defensa de la ausencia de progreso en la historia del saber; el saber es una sublime recapitulación, en donde lo esencial nunca cambia (pensamiento tradicional) y no una investigación de novedades; frente a eso, la defensa de la idea moderna del progreso y que lo nuevo es mejor...

6) El desprecio de lo más “humano”, el cuerpo, los afectos, los sentidos, lo sensual; por contra, la revalorización del cuerpo y de lo sensual, así, este mundo ya no es visto como “un valle de lágrimas”.

7) La misoginia cristiana: “más amarga que la muerte es la mujer”, “la mujer es fuente de pecado”, se dice en la película; Guillermo, sin embargo, sugiere que la mujer también posee dignidad y puede llegar a ser virtuosa, igual que el varón, así como también destaca “lo insulso de la vida sin el amor”.

8) El tema de la risa, central en la trama, relacionado con la ocultación del segundo libro de Poética de Aristóteles, cuyo último ejemplar se encontraría en esta abadía; el espectador tendrá que descubrir por qué es tan peligroso este libro y es tan importante ocultarlo a toda costa.

En fin, que los asistentes al diálogo podían aprovechar la ocasión de la película para contemplar algunos aspectos básicos de los orígenes de nuestro modo de entender y de pensar, pero además, poder empezar a ser autocríticos con nuestra propia época, como lo han sido, por ejemplo, autores como Jürgen Habermas, y con él, toda la Escuela de Francfort. Es decir que, con el correr de los siglos, podríamos estar en disposición de revisar una visión oscura, o simplemente retrógrada, de ese período de nuestra historia, la Edad Media, y percibir de una manera más crítica nuestro propio mundo: ¿todo nos ha ido bien, desde entonces, con esa visión moderna que se abrió con el llamado Renacimiento? El moderador del diálogo puso sobre la mesa una serie de cuestiones, a raíz de la película, sobre las que discutieron y que se recogen aquí para ti, lector, quizás, para propiciar el que seamos nosotros un poco más conscientes y lúcidos, si cabe, en esta época nuestra de crisis también: ¿Lo nuevo es siempre mejor? ¿La idea de progreso, llevada a la práctica históricamente, nos ha hecho mejores? ¿Nos hemos dejado algo por el camino, al convertir el saber y cultura en objeto de consumo masificado? ¿En nuestros días, es posible que hayamos sobrevalorado el cuerpo, lo sufrimos? ¿Debemos reírnos de todo y de cualquier manera? ¿Hemos sido soberbios, nuestra razón lo ha sido, es decir, hemos creído saber/poder más de lo que sabíamos/podíamos?

sábado, 11 de mayo de 2024

Doce hombres sin piedad

La persona que ha participado en un diálogo auténtico o verdadero sale transformada (en algo o en todo) para el resto de su vida. Sucedía con los interlocutores de Sócrates que hacía desfilar Platón por sus Diálogos, y sucedió con los personajes de la siguiente película que, poco a poco, va ampliando este ciclo de Cine y Pensamiento: Doce hombre sin piedad (1957). Doce hombres airados o enfadados, como dice la versión original (“12 angry men”). Después veremos por qué. Así lo apreciaron también los asistentes, numerosos, aquella tarde en el CAC de Vélez-Málaga. El animador del encuentro cinéfilo-filosófico le ofreció esta clave, que ellos y ellas podían luego confirmar o rebatir en el diálogo tras la película: percibir allí una genuina experiencia de transformación personal. La película –muchos la recordaremos por la versión de Estudio 1 de RTVE, aquel mítico programa de teatro que añoramos– está dirigida por Sidney Lumet, a partir de un guión para televisión de Reginald Rose; candidata a tres premios Óscar, ganadora de un Oso de oro y situada en el top ten de las mejores películas jurídicas.

En clase, con mi alumnado, la utilicé a menudo para ilustrar, de un modo dramático, el problema de la objetividad del conocimiento humano, requisito necesario para poder hablar de verdad, al menos, para poder buscarla con un mínimo de rigor. Nos permite plantearnos esta pregunta: ¿es posible emitir un juicio objetivo sobre la realidad, juzgar de una manera objetiva? Sin caer en un ingenuo objetivismo ni en un subjetivismo acrítico. Porque, aquí, dentro de la trama de la película, hay que demostrar fehacientemente que el acusado es culpable, y si no es posible, si ronda alguna duda razonable, el veredicto tendría que ser el de inocente. No es lo mismo equivocarse en un veredicto de inocencia que en uno de culpabilidad (pues estamos dando paso a una situación irreversible, en este caso, la silla eléctrica). ¿Los testigos pueden equivocarse en su testimonio? Las modernas teorías de la percepción e investigaciones como las de Elizabeth Loftus, muestran que sí pueden, tantas veces... Factores internos como los prejuicios, los resentimientos, los deseos, los desengaños, los odios, las expectativas..., o bien, factores externos, como la excesiva temperatura ambiental, la social o la del termómetro (como en la película, un bochorno insoportable), los roles, las creencias, los estereotipos, los hábitos... sociales; todo ello puede nublar, y hasta arruinar, nuestra pretensión de objetividad. Porque no es suficiente dar razones, sino que han de ser buenas razones, según Platón, para que una afirmación sobre el mundo pueda llegar a mostrarse verdadera. De ahí que no debamos confundir, como en tantas ocasiones nos sucede, la opinión con la verdad.

Un segundo núcleo de problemas nos plantea en su fondo la película: el problema de la identificación. Entender bien esto nos ayuda a ser un poco más objetivos. Identificación quiere decir: confundirme con mis cosas, lo recogido en mis argumentos (mis ideas, mis creencias, mis hábitos, mis símbolos...). Ser uno con ellas, ninguna diferencia: yo soy mis cosas. Y, entonces, ¿qué acontece cuando algo le afecta a “mis cosas”? Pues, que soy yo el afectado. Por eso están tan enfadados muchos de los personajes que tratan de deliberan juntos en la sala cerrada del jurado. Pero yo no soy eso, como nos enseñan los grandes maestros de sabiduría orientales y occidentales, y nosotros lo podemos experimentar en nuestra vida, si estamos atentos. Esos personajes están sufriendo (al identificarse con lo que han vivido en sus vidas) y lo muestran airadamente: ¡el chico (el acusado) es culpable!, y si alguien (como el personaje de Henry Fonda en la película) pone en cuestión lo que digo, entonces, me está atacando a mí. ¿En cuántas ocasiones somos testigos de este tipo de reacciones?

Pero aún podemos ahondar un poco más en nosotros mismos, a través de lo que nos plantea la película: ¿cómo podemos sacudirnos esas cargas que hemos ido incorporando a lo largo de nuestra vida, esas experiencias negativas o incompletas que hemos padecido? ¿Cómo llegar a ser unos espejos más limpios, de manera que podamos reflejar más fielmente la realidad? Con mucha claridad podemos, como hicieron los participantes del diálogo allí presentes, intuir qué personajes de la película son vehículos más limpios de sus juicios o razonamientos, es decir, que se identifican menos con sus argumentos y son capaces de desprenderse de ellos más fácilmente, si se muestran débiles o inaceptables; y, del mismo modo, qué personajes se muestran más recalcitrantes, más reacios a acometer esta tarea crítica (o mejor, autocrítica). Recordemos que para ser críticos, primero tendríamos que ser auto-críticos. Llegar a ser más objetivos y críticos requiere, entonces, todo un trabajo personal de autoconocimiento. Por ello, la cuestión central que plantea la película, como decíamos, es la siguiente: los personajes salen de la sala transformados (cuando amainó la tormenta, la atmosférica y la interior). Ya no serán los mismos. Si sus actitudes habían cambiado, lo harían en adelante sus argumentos... y su vida entera. Probad vosotros, entonces, a ver la película de un modo consciente y mirad luego si no os ha transformando también en alguna medida. Es lo que suele suceder en el diálogo que nos proponen las buenas obras de arte. Salud.