Marc Sautet au Café des Phares (Paris 1994) Photo: Wolfgang Wackernagel
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sábado, 12 de febrero de 2022

Sobre el valor de mi vida

Café Filosófico en Castro del Río 5.2

11 de febrero de 2022, Peña flamenca castreña, 18:00 horas


En realidad, «Rosebud» es el nombre escrito en un trineo con el que Kane jugaba cuando niño, en la época en que aún vivía rodeado de afecto y devolviendo afecto a quienes le rodeaban. Todas sus riquezas y todo el poder acumulado sobre los otros no habían podido comprarle nada mejor que aquel recuerdo infantil. Ese trineo, símbolo de dulces relaciones humanas, era en verdad lo que Kane quería, la buena vida que había sacrificado para conseguir millones de cosas que en realidad no le servían para nada. Y sin embargo la mayoría le envidiaba...

Fernando Savater. Ética para amador


¿Cómo dar valor a nuestra vida?

La vida transcurre plácidamente y, en ocasiones, tomamos conciencia del valor de la misma. A veces, somos conscientes de lo que tiene más valor abruptamente, por las malas. Pero, sea como sea, no hay ser humano que, en algún momento, no se plantee el valor de su propia vida y de lo que hay más valioso en ella. Os invitamos a seguirnos por esta vereda, a ver qué encontramos. Los participantes de esta segunda edición del Café filosófico en Castro del Río, después de dos meses debido a la crudeza de la pandemia, te invitan a seguirlos en su indagación. El marco era nuevo, la Peña flamenca castreña, y agradecemos la acogida, en este espacio de tanta raigambre en nuestro pueblo, y su apertura a una actividad de naturaleza filosófica. Especialmente, a su presidente, Paco Sánchez y a Julio Porcel, persona sensible donde las haya. Y, de nuevo, reconocemos el trabajo de organización y difusión de la Delegación de Cultura de Castro del Río. Además, ésta ha sido la primera vez que se ha grabado la sesión (por parte de TeleCastro). Un nuevo reto, una nueva experiencia.

El facilitador del encuentro plantea una cuestión de actualidad, pues algún día habrá de llegar a ello: si la pandemia se acabara mañana, ¿qué es lo primero que harías? Y suponemos que sus aportaciones no diferirán demasiado de las tuyas... Todo esto lo estamos viviendo juntos y compartimos sus consecuencias. Ahí van. Yo daría muchos besos y abrazos a todo el mundo, retomaría las maltrechas relaciones familiares. Lo que más echo de menos es poder ir a cualquier sitio y librarme de tantas reglas y prohibiciones. Y poderme mover libremente por donde quisiera. Como podéis suponer, dejar atrás el miedo que nos atenaza en estos momentos es lo que estaba debajo de todo lo que se iba diciendo. Por eso, no vivir con miedo será el principal deseo de los participantes. Seguimos. A alguno le preocupaba, y por eso tenía ganas de comprobarlo, cómo reaccionaría después de acabada la pandemia, cómo lo llevaría. Seguro que alguno o alguna os lo preguntáis. Seguimos. Pues, yo estaría muy intrigada observando todo lo que había pasado, y poder ver el rostro de cada ser humano, a ver qué huella le había dejado todo esto que nos está pasando. Y viajar, quién no lo desea. Pero esta readaptación será rápida, vaticina un participante, somos muy adaptables. Y si lo pensamos, puede que en el fondo no haya cambiado tanto nuestra vida. Quizás, tuviéramos algunos reparos al estar con muchedumbres, pero sería transitorio, se curaría con los abrazos.

¿Cómo dar valor a nuestra vida? Habría que empezar por valorar lo que tenemos y no sólo lo que no tenemos, como a menudo sucede. Pero convenía, antes de continuar, que se aclarara qué es aquello a lo que damos valor, cuál es la noción de lo valioso. Y se dice, con razón, que para que algo sea valioso hemos de tomar conciencia de su valor. Además, solemos dar más valor a aquello que ha supuesto un esfuerzo su consecución y, sobre todo, valorar algo significa preservarlo. Pero, cuando una de las participantes insiste en que el valor emerge por contraste con otra cosa, por referencia a un modelo, se desata la discusión. Porque esta idea suponía el sempiterno conflicto individuo/sociedad. Significaría que los valores ya nos vienen construidos, social e históricamente, por educación, y que el ser humano particular se ve atrapado por una red de influencias y condicionamientos. Así pues, ¿lo valioso sería lo que es valioso para mí o lo que es valioso para los demás? ¿Mi valores, son realmente míos? Esto plantea el viejo problema filosófico de si hay valores universales... O dicho de una manera: si hay valores valiosos en sí mismos, que valgan por sí mismos, que posean un valor intrínseco. Y los participantes se aprestan a detectar esos valores que pudieran ser más universales, válidos en todo tiempo y lugar. Y los hay: la libertad, la vida, la familia, el bien... Pero claro aflora el conflicto: porque hay tanta variedad, tanta diversidad cultural, tantas diferencias individuales... ¿Qué hacemos con todo esto? ¿Cómo lo integramos, en esa universalidad de los valores? Y he aquí la solución que ellos y ellas te brindan: puede que el valor sea el mismo, pero expresado de distinto modo, según las circunstancias y las necesidades en cada caso. Por ejemplo, si tomamos como referencia el valor de la vida, si una cultura o una persona elige no alargar innecesariamente la vida de un ser querido o de sí mismo, también estará defendiendo el valor intrínseco de la vida, de un modo propio o particular. Son recomendables, en este sentido, algunas películas que abordan el problema: una se le quedó grabada hace muchos años a este relator: La balada del Narayama.

De todo lo dicho, que ayudara a determinar el valor de algo, el ser conscientes se iba mostrando como su modo crucial y definitivo. Ahora bien, ¿cómo llegar a ser conscientes de lo que es valioso en sí mismo? El enfrentarse con la posibilidad de la muerte, tomar conciencia de nuestra propia muerte, que somos seres finitos y limitados, ayuda bastante –creen algunos participantes– a valorar lo que de veras importa. El atender, con una mirada nueva, a las cosas sencillas y cotidianas, también puede propiciar el despertar de la conciencia de lo que es valioso por sí mismo. Además, podemos aprender de otros, de lo que les pasa a otros; adelantaríamos mucho. No siempre es necesario que tú pases por lo mismo, mira, observa y aprende a valorar. En ocasiones, no tener alternativa, te permite valorar lo que es digno de ser valorado. En definitiva, aprender a valorar lo valioso en sí mismo, y no como medio para otra cosa, supone un proceso de maduración, de desarrollo de la persona. Y para esto la vida te ofrece diversas vías, y numerosas oportunidades, para que aprendas. Por las buenas o por la malas. Muchas veces se requiere un aldabonazo, otras veces una cocción lenta y que casi no se nota. Pero la vida no es tan corta como para que no te ofrezca las suficientes ocasiones con las que poder despertar. Que a ti vida te ha venido fácil y cómoda en exceso, que alguien ha sido malcriado, que has rehuido las decisiones difíciles, que has tenido suerte hasta ahora... No te preocupes, en la vida hay de todo y para todos. Tu despertar llegará antes o llegará después. Recuerda el significado de la última palabra que pronuncia el Ciudadano Kane antes de morir: Rosebud

lunes, 22 de junio de 2020

¿De qué normalidad hablamos?

¿De qué normalidad hablamos?
Imagen| Fernando Ivorra
La normalidad es lo menos normal del mundo. Tanto quiere poner de sí, tanto deseo contenido de igualar al mundo, que se anega en su propia pretensión. Es tan pretenciosa… Y ese es su mayor defecto, querer ser normal, porque, si al menos fuera capaz de cuestionarse un poco a sí misma… Una normalidad problemática, al menos, no una perfecta normalidad… Pues bien, nuestros protagonistas, de este nuevo café filosófico desde casa, pusieron a la normalidad en su sitio. Hablemos de normalidad, pero no nos creamos que ya somos normales… ¿Qué es eso de “lo normal”? ¿Quién lo dice, quién lo decide? ¿Desde dónde, hasta dónde? En fin, que ser normal es lo más anormal del mundo. Y si el Gobierno está hablando de la “nueva normalidad”, ¿qué es lo que están queriendo decir?, ¿ya la había, obtendremos una nueva? Nuestro tiempo iría de normalidad en normalidad… ¿Y qué, entonces, es lo que hay en medio? El vacío, una pre-normalidad, una pos-normalidad… Aclaremos, con la ayuda de nuestros participantes, esta locura… de la razón. Y si fueran éstas frágiles normalidades…
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viernes, 15 de mayo de 2020

¿Cómo vivir nuestro tiempo?

Café filosófico: ¿Cómo vivir nuestro tiempo?


Imagen | Iñaki Basoa
El diálogo filosófico de aquella tarde mostró tres claves para entender cómo vivimos nuestro tiempo. No el tiempo histórico, sino nosotros en el tiempo. Aunque sigamos sin saber muy bien lo que es, a pesar de que continuemos experimentándolo a cada instante. Quizás el tiempo es ya conciencia temporal, “medible” de diversos modos, no sólo cronológicamente, es decir, con un cronómetro en mano. Primero, entonces, la esencia del tiempo. Pero luego, hay que saber que ese tiempo nos viene dado de múltiples maneras, por unas condiciones sociales o históricas. Pero además, el tiempo puede ser tomado como núcleo de la misma condición humana. Todo ello nos configura y configura nuestro tiempo: nuestra noción de tiempo, la condición del tiempo y la condición temporal humana. Puede que las dos primeras condiciones nos obliguen, y puede que la última nos libere. Es posible. Lo veremos, si es posible. El tiempo como posibilidad o el tiempo forzado. Cuarenta y nueve días, con sus noches, llevábamos confinados. ¿Merecía, o no merecía, la pena tratar este tema?
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viernes, 1 de mayo de 2020

¿Por qué sufrimos?

Café filosófico: ¿Por qué sufrimos?

Imagen | Ignacio Bosque
Aceptar significa que te permites sentir lo que estás sintiendo en ese momento. Forma parte de la esencia del Ahora. No se puede discutir lo que es. Bueno, sí se puede, pero si lo haces, sufres. Al aceptarlo, te conviertes en lo que eres: vasto, espacioso.
Eckhart Tolle
Día cuarenta y dos de la cuarentena. Ya más de una cuarentena. Esta parada. ¿Te has detenido a mirar la evolución de tus sensaciones, tus pensamientos, tus emociones? Cómo han cambiado… Suele haber un vuelco significativo hacia los dos tercios de una cuarentena… aunque, claro, ésta es forzada. Para endulzar la tarde, una de las participantes leyó un poema del Premio Cervantes de este año, cuya entrega hubo de ser aplazada, como tantas otras cosas; el poema titulado “Libertad”, de Joan Margarit, en el que hay un verso muy traído y llevado estos días, alrededor del día del libro: “la libertad es una librería”. Y después de un poco de democracia, los asistentes a este quinto café filosófico en la distancia, decidieron que era llegado el momento de hablar del sufrimiento: ¿Por qué sufrimos? También está presente el sufrimiento estos días, fuera y dentro de nuestros hogares… Por qué no dedicarle atención filosófica, si nos está pasando. Nuestra manera de entender la filosofía no es sólo a la manera de Hegel: una lechuza que levanta su vuelo al caer la tarde. Si sufrimos, lo mejor que podemos hacer es preguntarnos por qué sufrimos. Como buenas criaturas pensantes… aunque una débil caña, como sabía Pascal y todos nosotros por experiencia.

viernes, 24 de abril de 2020

¿Estaremos sometidos a un mayor control social?


Imagen| Ignacio Bosque
Obra de tal modo que uses a la humanidad, tanto en tu persona como en la persona de cualquier otro, siempre como un fin al mismo tiempo y nunca solamente como un medio.
Kant
La pregunta que los participantes quisieron plantearse, pasada la cuarta semana de confinamiento social, verbaliza un arraigado temor que recorre algunas conciencias críticas, en estos tiempos de tantas y nuevas tecnologías de la información, cada vez con mayor alcance y capacidad de control ciudadano. Todos conocemos ya los peligros. Todos los hemos presenciado a través de abundantes relatos distópicos. Y la sospecha no es sólo que eso, que hemos visto nacer y desarrollarse a través de la literatura y el cine, pueda pasar, sino que dichos relatos nos dan que pensar si, a la vez, no orientan el desarrollo científico-técnico mismo, generando expectativas y deseos, cuando son utópicos, o bien aceptación resignada, cuando son distópicos. Y se dice: este es el futuro que nos espera. Así pues, la pregunta relevante que sea capaz de orientar adecuadamente nuestra inquietud, ha de incidir necesariamente, también, en nuestra capacidad de control como ciudadanos. ¿Estamos preparados, desde nuestra conciencia ética y política actuales, para regular adecuadamente todo el flujo de información y de medios técnicos que parecen arrastrarnos? ¿Lo están nuestras estructuras políticas y sociales? Si te preocupa –o si quieres constatar que no hay de qué preocuparse– aquí tienes la ocasión para poder pensarlo junto a este nutrido grupo de personas que, sin tener nada mejor que hacer, decidieron conectarse a través de una plataforma virtual y dialogar juntos sobre ello. ¿Afectará este hecho (pensar la tecnología a través de la tecnología) a la discusión? Lo veremos.

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Café Filosófico desde Vélez-Málaga (11.9), 17 de abril de 2020, a las 17:30 horas, Sala on line, Google Meet: https://meet.google.com/ubs-unzn-nfq

miércoles, 15 de abril de 2020

¿Qué podemos aprender ahora?


Imagen| Ignacio Bosque
(…) no te busques en el espejo,
en un extinto diálogo en que no te oyes.
Baja, baja despacio y búscate entre los otros.
Allí están todos, y tú entre ellos.
Oh, desnúdate y fúndete, y reconócete.

Sabemos muy bien, antropológicamente, que la supervivencia humana se ha basado en la capacidad de aprender conductas nuevas, en un mundo de circunstancias siempre cambiantes. Un sistema de respuestas adquiridas y transmitidas socialmente, eso conforma básicamente una cultura. No somos el único animal capaz de generar cultura, pero no hay otra cultura igual a la humana. No juzgamos si mejor o peor… ahora no podemos. Más compleja… quizás. Con la subsiguiente e ilusa conclusión de que creemos que ya somos independientes de la naturaleza. Así que, durante el largo rato que duró este tercer Café filosófico on line, los que participaron supusieron que “aprendemos”, otra cuestión sería cómo aprendemos, qué tipo de aprendizajes o si olvidamos fácilmente lo aprendido. La diferencia, lo crucial ahora, es que la humanidad se ha de enfrentar a una crisis de supervivencia no vista desde hace mucho, quizás una crisis única, al ser más global que nunca su alcance. Y no se trata, sólo, de la pandemia que nos asola planetariamente, ya había otras crisis: ecológica, migratoria, nuclear, tecnológica, terribles hambrunas y desigualdades, crisis sistémicas, económicas, del modelo capitalista predominante, crisis de valores y de sentido… en fin, no seguimos. Y virus mortales, extendidos por la faz de la Tierra, también.
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Café Filosófico desde Vélez-Málaga (11.8), 10 de abril de 2020, a las 17:30 horas, Sala on line, Google Meet: https://meet.google.com/ubs-unzn-nfq

jueves, 9 de abril de 2020

¿Es importante fijarse metas?


Imagen| Ignacio Bosque
Hay una enorme diferencia entre la vida y la tecnología. La vida es autógena: se re-crea, se crea a sí misma. Y aquí el verbo clave es el de «crear». La tecnología re-produce la vida, es decir, la vuelve a producir. El verbo clave: «reproducir»
Luis Sáez Rueda
¿Ponemos nuestra meta en el vivir mismo o en el modo tecnológico de vivir nuestra vida? Esto nos toca bajo la piel, en este estado de confinamiento forzoso… Señala hacia la dirección en que hemos decidido, quizás inconscientemente, por costumbre, mecánicamente, conducir el día a día, sin la actividad exterior, muchas veces frenética, que solíamos. ¿Necesitamos de la constante información o desinformación, el acompañamiento permanente del entre-teni-miento y la evasión diarios a través de sucesivas pantallas? La distinción que nos propone Luis Sáez Rueda –analista hondo y muy sensato de la realidad contemporánea–, se nos muestra decisiva: crear y recrearse, o bien, reproducir sin límites una ficción de la vida, producirla y, ahora que no podemos de igual modo, reproducirla, lo más parecido a la vida anterior, que ahora añoramos como si hubiera sido plena… Y, mientras tanto, dis-traerme, deseando que pase la mala hora y nos parezca cuanto más corta mejor, esta no-vida de ahora. Habremos de volver sobre ello, pues en este segundo diálogo filosófico (on line) era éste uno de los muelles donde amarrar sensaciones… Y, aparentemente, un contrasentido: también nos servimos de la tecnología en este encuentro… aunque, para encontrarnos y tratar de re-crearnos juntos, cada uno. He ahí la diferencia.

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-Café Filosófico desde Vélez-Málaga (11.7), 3 de abril de 2020, a las 17:30 horas, Sala on line, Google Meet: https://meet.google.com/ubs-unzn-nfq

viernes, 3 de abril de 2020

¿Se puede vivir con miedo?

Café filosófico: ¿Se puede vivir con miedo?

Imagen| Ignacio Bosque
porque el héroe se hace con el miedo / sobre todo su miedo / a partir de su miedo / se hace héroe el héroe / ahuecando el miedo / y llenándolo de acción / para entumecerlo / haciendo tiempo en lo hermoso / haciendo tiempo en lo vivo.
Chantal Maillard, Escribir
El café filosófico previsto del mes de marzo hubo de anularse, todos pueden pensar por qué; y se ha retomado on line una semana después, todos sabemos por qué. Si la filosofía ha de estar presente, éste es nuestro presente, aquí y ahora, una pandemia que nos ha confinado forzosamente en casa a la mayoría, los más afortunados. Algunos ni tienen dónde recluirse, mientras que otros se juegan la vida a diario, para que la supervivencia sea posible sin demasiados sobresaltos. Todo un experimento social y toda una experiencia personal, donde la filosofía tiene que poder jugar un papel importante. La filosofía, especialista en crisis, en vivir la incertidumbre, la duda, el cuestionamiento constante, el no conformarse, la desidentificación… en suma, la búsqueda de cómo somos, ahondando en quiénes somos. De igual manera, nuestro veterano café filosófico, dentro de sus limitaciones, adaptándose, ahora a través de una pantalla.
Pónganse cómodos –zapatillas y pijama o chándal–, pongan a punto su café u otra cosa y nos vamos… para llegar. El espacio filosófico está despejado… no hay peligros que nos acechen, tan sólo técnicos. Un espacio de diálogo filosófico y, si es un diálogo, interactivo. Los participantes colaboran para hallar algunas respuestas básicas, sobre aquello que más les concierne en un momento dado. Éste de ahora. Dialogar no es acumular opiniones, no es exponer una tesis a través de una minicharla, tampoco tratar de convencer a nadie ni ganar alguna batalla, o contar mis batallitas. Más bien, la coordinación de varias mentes, colaborando, investigando juntas, que buscan lo mejor de que son capaces, orientando su trabajo hacia el bien y la verdad… Si conviene a todos, me conviene a mí mismo y viceversa… A mí mismo en el fondo, desde el fondo, no a cualquiera de mis personajes.

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Café Filosófico desde Vélez-Málaga (11.6), 27 de marzo de 2020, a las 17:30 horas, Sala on line, Google Meet: https://meet.google.com/ubs-unzn-nfq

domingo, 1 de marzo de 2020

¿Qué significa ser padres?


Si tú volvieras a vivir lo que has vivido, ¿qué harías, o no harías, necesariamente? ¿Tendrías la misma actitud? ¿Vivirías de la misma manera lo que has vivido?1 Dejemos aparte cualquier clase de presunción metafísica o religiosa, y entreguémonos a este experimento mental, a este ejercicio de la imaginación, conscientes de nosotros mismos. Una prueba del algodón muy del gusto de Nietzsche, aunque esta vez no nos pondremos etiquetas: si hemos vivido bien o hemos vivido mal. Si somos suficientemente vitales y afirmamos la vida tal como es. No, sin juicios. ¿Qué volverías a hacer o no volverías a hacer? Simplemente, para aprender de nosotros mismos en un futuro muy próximo... Dieciséis participantes de este segundo café filosófico del año ofrecieron públicamente sus propios aprendizajes: experimentar la vida tal como es, elegir mejor a mis amigos, aprender mejor, pasar más tiempo con mi padre, ser más lanzada, no compararme con los demás, quererme más, tratar de vivir cada día feliz, escucharme más, ser mi mejor amiga, no bloquear mis emociones, no ser tan impaciente, estudiar, viajar por mí misma, expresar lo que siento, volver a ser maestra, ser más consciente y menos visceral. Y ya tan sólo quedaría añadir lo tuyo...



1 Sobre los padres y los hijos: Café Filosófico en Vélez-Málaga (11.5), celebrado el 21 de febrero de 2020, en la cafetería Bentomiz, a las 17:30 horas.

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lunes, 20 de enero de 2020

¿Siempre hemos de ser sinceros?


Antes de dialogar sobre la sinceridad, en el encuentro1 hubo lugar para plantear diversos deseos radicales. Pero, ¿qué puede ser esto? Estamos habituados a expresar deseos particulares, referidos a la propia vida, o bien, a la vida de las personas o situaciones que nos rodean. Al menos, de una manera más sentida. De ahí la virtualidad de este ejercicio filosófico. Un deseo radical no es un deseo extremista o exagerado –eso puede venir después, para bien o para mal– sino que va a la raíz del asunto, a lo esencial o fundamental o básico, a lo más importante, el origen desde donde se genera todo el tropel de consecuencias deseables o no deseables, visto desde una perspectiva general o universal... lo más posible. No está de moda lo común ni lo universal y, quizás por ahí, nos vengan muchas de las pérdidas actuales, fugas de “lo mejor posible que podamos”. Mirad la política al uso, mirad la economía establecida... miremos nuestro propio desarrollo moral, como aconsejaba mirarlo Lawrence Kolhberg.


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1 Sobre la sinceridad: Café Filosófico en Vélez-Málaga (11.4), celebrado el 17 de enero de 2020, cafetería Bentomiz, 17:30 horas.

sábado, 28 de diciembre de 2019

¿Todo es perdonable?



Sobre el perdón
Café Filosófico en Vélez-Málaga 11.3
27 de diciembre de 2019, cafetería Bentomiz, 17:00 horas


¿Qué es perdonar?

¡Extra, extra de Navidad! Nuevo Café filosófico inaudito, a petición de algunos antiguos alumnos, entusiastas participantes.

Como los que forman parte de estos encuentros filosóficos no están para hacer uso de la filosofía, sino a su servicio, quedaron emplazados en uno de los últimos días del año 2019, y así dar salida a su demanda e inquietud filosófica.

Ya que se trataba de un Café filosófico especial, cabían dos preguntas. A los nuevos asistentes: ¿qué buscas? Y a los reincidentes: ¿qué encuentras? A través de sus respuestas se presentaba una buena oportunidad para recordar o intuir, según los casos, de qué iba una reunión como esa. Y de una manera natural fueron saliendo a la palestra algunas de sus claves.

Entre todos, en poco más de media hora, los ingredientes básicos de una posible definición de lo que es el perdón (perdonar o sentirse perdonado) iban emergido, componiendo la esencia de este acto humano, tan humano. Algunos de tales ingredientes se contrastaron con los casos más típicos pero otros emergieron en el transcurso del diálogo filosófico. Y se ha de decir, cuando se puso a prueba esta receta de ingredientes fundamentales – hacia el final del encuentro –, que la mismísima Wikipedia apenas tenía nada valioso que añadir. Ahora mismo os ofrece este relator todo el plato completo, para vuestra degustación: primero de todo, perdonar es sanar, aliviar, reparar un daño u ofensa (que no es lo mismo, aunque no fue el momento de reflexionar sobre ello); implica, también, una renuncia al rencor, a la venganza, al odio; asumir el error, o el cúmulo de errores, lo que quiere decir que la ignorancia está siempre presente en el objeto (mejor, en el sujeto) del perdón; el perdón, asimismo, supone la aceptación de éste (por una o por todas la partes, esto fue debatido por un rato); pero, como decíamos, en el recorrido que siguió la discusión, aparecieron otros importantes ingredientes: primero la generosidad, el estar abiertos al perdón, que no es otra cosa que restituir el amor; y segundo, la comprensión del otro. Esto último dio lugar a una bonita discusión posterior.

Pero solamente os contaré – el resto habréis de imaginarlo por las insinuaciones anteriores – el énfasis que el grupo de trece personas allí asistentes puso en la necesidad de perdonarse a uno mismo, tanto si se trata de una cuestión meramente individual, como si implica a otros, que es lo más habitual en este tema del perdón. Porque mirad: si yo no tengo una buena relación conmigo mismo, difícilmente podré perdonarme en sucesivas ocasiones, ni tampoco me resultará sencillo – a veces es imposible – perdonar a los demás. Y es que hay perdón en función, no tanto de qué sea lo perdonado, más grave o más liviano, sino más bien en función del quién sea quien perdona, que podemos resumir: resultado de la trayectoria vital de cada uno de nosotros. Por lo tanto, en esto habría que poner sumo cuidado, en el desarrollo personal de cada uno de nosotros. Esto te trasmiten los participantes y esto se explaya un poco más a continuación.

¿Todo puede ser perdonado? ¿El perdón posee límites? Como ya en parte se ha anunciado, el componente individual o personal es clave para responder a esta pregunta. Lo que para uno es perdonable, para otro no lo es en absoluto. De todos modos, la generosidad y la comprensión son esenciales de cara a un eventual aprendizaje del perdón, si es que partimos de que es preferible vivir en el perdón, que no vivir sin ello. No digamos ya, convivir. Lo que nos abre hacia una nueva pregunta: ¿todo es compresible? Sí, todo puede llegar a ser comprendido... ¿Esto significa que todo contiene la posibilidad de ser perdonado? Pues sí y no. Aquí el grupo llegó a una crucial distinción: el acto y la persona detrás del acto. Si nos referimos a lo primero: no todo es perdonable, o al menos hay acciones que necesitan de una reparación o justicia suficiente; si nos situamos en lo segundo: toda persona puede llegar a ser comprendida y perdonada. Es decir, que perdonar a la persona no implica que haya que perdonar sin más el acto. Y que no disculpar el acto, signifique que no podamos entender a la persona que ha realizado el acto. Suculentos ejemplos fueron expuestos allí, aquella tarde, pero los hemos dejado para el disfrute privado de los que allí estuvieron. Vosotros podéis tener en cuenta vuestras propias situaciones vitales. ¡Buen día y buen año!

lunes, 23 de diciembre de 2019

¿El conocimiento produce dolor?


Sobre el conocimiento y el dolor
Café Filosófico en Vélez-Málaga 11.2
13 de diciembre de 2019, cafetería Bentomiz, 17:30 horas


¿El conocimiento lleva al dolor? Este fue el tópico, en el sentido lato, de aquella tarde. Puesto en cuestión convenientemente por parte de los asistentes. A la vez, pudieron ellos comprobar –como tú, si hubieras estado allí– por donde discurre un verdadero diálogo: la transformación interior de los participantes, que se nota en el cambio de expresión y de opinión. Veréis: inicialmente, se procedió a una votación para ver quiénes estaban a favor, en contra o tenían dudas acerca de dicha cuestión; y lo mismo se hizo hacia el final de la discusión. Y no importa tanto que variaran las proporciones de adeptos o detractores, sino que más de la mitad de los participantes habían cambiado su apreciación primera del asunto.

Pero antes de todo esto, el conductor del encuentro planteó la consabida cuestión de reflexión previa: ¿cuándo me he sentido yo escuchado o no escuchado? Con su otra cara: ¿Cuándo yo he escuchado o no he escuchado? Y los allí presentes fueron desgranado sus experiencias, a la par que las sensaciones de confortabilidad dentro de la reunión aumentaban. Para esto es... Y precisamente, nuestro espacio filosófico es un lugar donde esto es posible... Escucharse. Quizás por eso, en el fondo, es deseado... Porque hace falta algo así en este mundo rápido, por el que pasamos muchas veces de perfil o de puntillas. Estando sin estar.

Pues bien, entabló contienda la experiencia dolorosa –que tan fijada queda siempre– de lo que muchas veces sucede (que el conocimiento produce dolor) con la convicción de que no siempre sucede, y que no tendría por qué suceder. De hecho todos tenemos experiencias de ambas clases. ¿Por qué pesa una más que otra a la hora de la valoración general? ¿Dependerá de nuestra actitud, de nuestro estilo activo o reactivo frente a estas experiencias? A veces preferimos no saber, “lo que sea será”, no ver, pues si no vemos parece que no existe... O bien, también contamos con la repetida experiencia de todo eso que hemos evitado sabiendo, o nos habríamos evitado de haber sabido más o mejor. Unos y otros, a favor y en contra fueron introduciendo sus consideraciones, aunque la negativa (que el conocimiento no lleva al dolor) fue ganando terreno, o al menos eran los participantes más argumentativos. Que si es una idea ingenua su afirmación, que si el dolor forma parte del hecho de ser persona y su proceso de maduración, que si es realmente la ignorancia la que produce verdadero sufrimiento, que al menos te puede hacer tomar conciencia del dolor, vivirlo a fondo y poder crecer...

Un escenario de contrastación de este tópico se nos presentó a todos los asistentes: ¿los niños pequeños, antes de su educación (o domesticación social, más razonable o menos), son felices porque no saben? ¿Son felices porque son idiotas? (En su sentido etimológico: vivir cada uno en su propio mundo, encerrado en él) Y desde aquí surgió una más que apropiada diferenciación: entre saber y sabiduría. Los niños puede que no sepan muchas cosas, hacerlas, cambiarlas, que no tengan experiencia de la vida ni sus capacidades demasiado desarrolladas para acumular y entender más, pero es posible que sean sabios en el vivir: estar aquí y ahora presentes, no sufrir tanto, ni tanto tiempo, a consecuencia de sus mentes mucho más descargadas que las nuestras, de ideas o frustraciones. Así que es posible imitar, e ir más allá de los niños pequeños, hacia una docta ignorancia (Nicolás de Cusa, siglo XV), que sea capaz de situarse en lo esencial o imprescindible para vivir bien, conscientemente, un aprendizaje permanente del vivir.

Así pues, ya puedes entrever la conclusión que te aportan los participantes del café filosófico del mes de diciembre, para que sigas pensando, siendo y actuando por ti mismo. Una respuesta adecuada al tópico propuesto (y con resignación admitido a veces) te debería llevar a distinguir qué tipo de ignorancia, qué tipo de conocimiento, por un lado. Así una ignorancia tozuda o perezosa es claro que no te lleva por buen camino, pero sí una ignorancia del exceso de lo superfluo, de la cantidad y no de la calidad, una ignorancia de lo que no merece la pena, plagado de tropiezos constantes y sufrimientos insustanciales; tampoco un conocimiento enciclopédico, excesivo por especializado, o confuso, sin criterio, un todo revuelto, o un todo acumulado y apilado, te ayuda mucho, todo lo contrario, pesa, agobia, paraliza... Sería distinto un conocimiento articulado, ordenado desde la experiencia propia y el autoconocimiento, un conocimiento con referencias, que incluya o se oriente a valores... Por otro lado, lo mismo sucede con el dolor: hay dolor y hay sufrimiento. El dolor forma parte de la vida y ha de ser vivido también, conscientemente y a fondo (así se vuelve menos doloroso y es por sí mismo, siempre, autodidacta), pero el sufrimiento está repleto de ideas, conocimientos que prefiguran la realidad e impiden verla tal como es, creencias habituales que condicionan la vida y la vuelven un calvario o un vale de lágrimas. De eso es mejor no saber, mejor no tener mucho. Pero esto sólo se logra con una actitud plenamente despierta y consciente. Sabia, o en el camino de la sabiduría. Una vida bien orientada. Al menos... eso.



martes, 19 de noviembre de 2019

¿Quién quiero ser?


Sobre mi futuro
Café Filosófico en Vélez-Málaga 11.1
15 de noviembre de 2019, cafetería Bentomiz, 17:30 horas


¿Qué quiero llegar a ser? Que en su fondo pregunta: ¿quién quiero ser? Pero, ¿y si para descubrir mi ser necesito llegar a ser? Dejar desplegarse lo que ya soy... En torno a estas cuestiones básicas –tan básicas– giró la discusión de aquella tarde, el primer café filosófico de la temporada –el destinado a ser el anterior hubo de suspenderse–, y Aristóteles y su distinción entre ser en potencia y ser en acto estuvo muy presente... sin saberlo ellos, con ellos. Un primer encuentro muy concurrido, como es habitual, entreverado de veteranos y neófitos (incluso, dos de las asistentes venían de la lejana, desde aquí, Sevilla... ¡encomiable!). Si bien, aquellas mencionadas vueltas alrededor de la voluntad de ser (Nietzsche) es muy posible que viniera predispuesta, desde la pregunta inicial que el moderador dejó a la consideración –y como presentación– de los asistentes al resto del grupo: ¿En qué momento o situación me he sentido yo más yo mismo? Todo forma parte de todo... y quizás esto despertó algún aletargado interés.

Este relator, al objeto de ayudaros a vosotros, lectores, a fijar en vuestra imaginación el desarrollo de este diálogo filosófico, esta investigación conjunta, os alerta de los tres momentos en que se configuró el encuentro: quién quiero ser, en el contexto de la vida con los otros; el proceso o la evolución necesaria para llegar a ser uno mismo; y el papel de las circunstancias en este autodesarrollo o despliegue de uno mismo.

a) Quiero ser mejor, pero este efecto surge de la comparación de unos con otros, de nosotros o de los demás con un modelo que acaso debiera ser lo mejor. En numerosas ocasiones, dicha comparación o contraste depende del temor a no sentirnos incluidos, integrados socialmente... Puedo sentirme mejor haciendo y pensando lo que otros hacen o piensan. Y aquí les surgió a los participantes la sempiterna paradoja de la relación social: quiero ser yo, pero quiero ser aceptado; y al querer ser aceptado, dejo en la misma medida de ser yo. Pero una sugerente metáfora vino en auxilio de los presentes: no se trata de “contenerme” a mí y a la sociedad en un vaso, sino de sostenerme en un equilibrio que me permita ser yo mismo, caminando la cuerda de la vida social. La realidad de la actividad creadora también delataba con mucha claridad esta misma conclusión: sobre el fondo social, histórico y cultural, conformo mi aportación única, original, nueva, mía.

b) El proceso mediante el que yo voy (o puedo ir) siendo yo mismo se puede resumir como un paso de lo inconsciente a lo consciente. Es claro que evolucionamos física, mentalmente, pero el desarrollo de uno mismo tiene más que ver con el desarrollo de un potencial, aclaran los participantes después de una breve discusión. Y aquí el sentido aristotélico, aunque se inspire en lo físico posee un alcance metafísico, referido a nuestra propia identidad, como él mismo nos hace ver en sus textos. Somos, diríamos, la actualización de un potencial, una virtualidad que va haciéndose realidad, autorrealizándose. Y al realizarse nos realizamos nosotros mismos como seres ex-sitentes... no hay más, ni menos.

c) Pero si este potencial es universalizable (puesto que contiene capacidades compartidas con otros seres humanos y, a veces, no humanos, que nos hacen ser), qué es lo que hace que se individualicen, se concreten y sean únicas en cada caso, diferentes, variadas. Según les pareció a los participantes es aquí donde las condiciones materiales de la vida (que incluyen lo social, lo cultural, lo familiar, los temperamentos o tendencias, el estilo personal) juegan su papel crucial: fuerzan una expresión determinada del potencial. Las respuestas que nuestro ser profundo va concediendo a las variadas circunstancias de vida, configurando un ser, un modo de ser... Un modo de ser no es lo que yo soy, profundamente, pero sí es lo que llego a ser. La expresión particular aquí y ahora, la experiencia fraguada con el correr del tiempo y el movimiento de los lugares.

Somos una semilla puesta en el mundo... Lo que esto quiera decir en el fondo sólo lo saben los que allí estuvieron, junto a ti, lector, si es que este relato ha sido capaz de ponerlo en acción o sugerirlo.




domingo, 14 de julio de 2019

Sobre la realidad que somos


Si tú te miras, ¿qué queda?
María Zambrano
Nada nos impide planear la vida, ahora bien, en el fondo, ¿quién propone realmente el plan, nosotros o la misma vida? Es muy posible que nuestra vida sea un tejido… Les cuento: teníamos previsto celebrar el último café filosófico de la temporada(i) en el patio de la meditación del antiguo convento de las carmelitas de Vélez-Málaga, en la terraza de la cafetería Área Quattro, como otros junios anteriores, cuando el calor va apretando, pero llegamos allí los participantes y nos encontramos una música a muchos vatios de potencia… Imposible desarrollar un diálogo filosófico, como los dioses mandan. Al dueño de la cafetería lo encontramos tan sorprendido como nosotros: tenía preparada nuestra mesa bajo las columnas antiguas de este patio moderno, pero… tuvimos que improvisar. Acomodarnos en el interior, a pesar de algunos inconvenientes añadidos, y hacernos allí un lugar de discusión. Y lo hicimos. Y nos gustó. ¿Quién propone realmente el plan de la vida? Nosotros sólo pudimos responder a la situación, pero respondimos y generamos una situación inexistente, imprevisible, nueva. La vida se enrama con la vida. 
Antes de plantearnos una pregunta fundamental sobre la temática del día, el facilitador de estos encuentros de Filosofía Practicada, les pidió a los participantes, tenaces ante las adversidades pasadas y venideras, que adelgazaran en una sola expresión o palabra su experiencia reiterada de estos cafés filosóficos. Esto a los veteranos de la reunión; a los visitantes nuevos les pidió que se refirieran a la expectativa previa que traían consigo. Y ya con ellos, vosotros, queridos lectores de estos relatos ulteriores, también podéis haceros alguna idea, que al menos logre rozar un poco la realidad de estos encuentros –nada sustituye la asistencia y la participación personal–. Aquí van algunas de sus respuestas: cada uno es diferente; el enriquecimiento mutuo; la lucidez del grupo; la utilidad para la vida; las palpitaciones que siento; la escucha; un método para llevarme a casa; una salida de lo común; aclararme en mi vida, expresarme, etc. Clarificar, cuestionar, definir o extraer consecuencias de cada una de estas impresiones, ya sería por sí mismo materia para todo un café filosófico. Pero nos limitamos en este espacio escrito a relatar lo que allí, aquella tarde ruidosa y calorienta, sucedió. Una parte del mundo.
¿Quién soy yo en el fondo de mí mismo? La pregunta. La identidad personal, la temática. Pudo ser el valor de las matemáticas, pudo ser el sistema educativo, si funciona, pero no fueron. Hoy. Ese día. Fue la preocupación acerca de cómo saber si nosotros somos nosotros mismos, y también, agazapada, la pregunta acerca de si lo estamos siendo. Pues bien: después de tantear el problema, el moderador propuso que la investigación sobre nosotros mismos, quiénes somos en el fondo, la lleváramos a cabo a través de experiencias particulares, personales –en esencia, lo que Lou Marinoff propone como diálogo socrático en su conocido libro(ii)–. Pero, no estará de más repasar antes dicho tanteo previo del problema. Porque, si lo pensáis, tenemos la experiencia dual, en nuestras vidas, de no ser nosotros mismos en su transcurso y, a la par, de serlo a pesar de todo. ¡Cuántas diferencias, cuanta evolución, cuánto aprendizaje a lo largo de mi vida, sea más larga o más reciente su comienzo! (No olvidéis que en este tipo de encuentros conviven personas de distintas edades y experiencias). Pero, ¿quién ha sufrido todos esos cambios? La sensación de mí, ¿no se mantiene la misma? Para vislumbrar esto con claridad es necesario profundizar… en nosotros mismos. Porque mirad –y esto lo vieron muy claro los participantes– si bien la superficie del mar suele estar agitada y cambiar en cada momento, el interior del océano, cuanto más profundo más, ¿no suele estar en calma? Fue interesante presenciar –y este es un tipo de alumbramiento que puede suceder en un café filosófico, un momento filosófico por excelencia– cómo una participante que al principio negaba una realidad estable en nosotros, después de la discusión, pasados unos minutos, cuando la conversación seguía ya otro cauce, defendía a capa y espada lo que antes negaba. Ella misma. La permanencia de ella misma.
Vamos ya con esas experiencias básicas que habrían de aportar al grupo algo de la ansiada luz que se había propuesto alcanzar por sí mismo. ¿Cuándo me he sentido yo a mí mismo, más real, más de verdad? Y se describieron tres experiencias profundas, intensas, auténticas, donde aflorara el mí mismo.
a) Durante un voluntariado en Perú, ayudando a niños pequeños, sintió cómo “todo rodaba”, que “se dejaba llevar”, que “no luchaba” contra los inconvenientes, fluía, y a la vez era “fiel a sí misma”. Una situación en la que el exterior penetraba en el interior sin resistencia y la respuesta aparecía sola.
– ¿Qué capacidades sentías más diáfanas en ese estado?
– Mi voluntad era clara.
– ¿Qué más?
– Era capaz de aventurar nuevas respuestas, más creativas.
Pero, esta experiencia tuvo un momento crítico, como siguió narrando su protagonista: las fotos que habrían de conservar esos momentos dichosos se perdieron en el viaje de vuelta.
– ¿Qué te dolía más de esa pérdida?
– El que fueran testimonio de una experiencia tan maravillosa y se perdiera…
– ¿Qué sentimiento representaban para ti dichas fotografías?
– La felicidad que allí sentí…
– ¿Y no sigue estando presente en ti? Eso que allí desarrollaste…
– Sí, muy presente.
b) Hubo un tiempo en que esta participante vivió una depresión importante… y descubrió el pintar. Pintaba horas y horas, se “olvidaba de todo”, “el tiempo no existía”, en esa actividad se sumergía y “era ella”, “no necesitaba nada más”.
– ¿Y sólo era el tiempo que pasabas pintando?
– No eran las horas que pintaba, sino la intensidad con que lo hacía. La sensación de estar sumergida totalmente. Una sensación de unidad total con lo que hacía.
– Pero dices que te olvidabas también de las horas que pasaban, ¿eras consciente de lo que hacías mientras lo hacías..?
– Totalmente consciente
– ¿Y eras consciente de lo que hacías o de ti misma que lo hacías…?
– Ambas cosas.
c) Durante el transcurso de su carrera universitaria pasó por una fase autodestructiva, en la que incluso llegó a tomar muchos medicamentos, pero cuando meditaba “se distanciaba de sí mismo” y sus problemas actuales, “no sentía miedo a la muerte”, incluso le venían “flashes de la infancia” muy temprana. Es decir que, en medio de la fragilidad de su vida, emergían experiencias poderosas.
– ¿Cómo te sentías en ese estado meditativo?
– Una gran libertad, una gran creatividad
– ¿Y qué más?
– Aumentaba mi capacidad de observación, de penetrar en las cosas…
– Tú observabas…
– Era capaz de sentirme.
– También, ¿sentías al que observa, el observador…?
– Así es.
Preguntábamos –y vosotros con nosotros– quiénes somos en lo profundo de nosotros mismos, de qué estamos hechos en la hondura en calma del océano, y estas experiencias nos lo estaban revelando. El grupo hizo acopio de lo hallado, como tú puedes hacer lo mismo. Quizás consistamos de verdad en algo de todo eso, o al menos, algo hermanado con todo eso: la transparencia interior, la clara voluntad que emerge del interior y crea nuevos mundos, o tal vez son creados a través de ella misma, una felicidad sentida en sí y por sí, sin objeto, inenarrable, un estado de presencia interior que no depende de nada exterior para ser, con una intensidad sin límite, una fuerza que te liga al universo entero, una consciencia lúcida de los objetos y, a la vez, autoconsciencia de uno mismo como sujeto que ve, siente o hace, un estado de libertad y creatividad totales, yo mismo sin condicionamientos ni limitaciones, en que todo sale fácil y con naturalidad de mí a través de mí, una capacidad de penetrar en la verdad de las cosas y situaciones bajo su superficie, en que puedo sentirme mientras siento y me siento…
Cualidades esenciales de mi yo profundo, único y permanente, más allá, o más acá, de mis fluctuaciones mentales, emocionales o físicas. Pero, entonces, ¿te vale esta respuesta provisoria? Por lo menos, procura estarte atento a esos momentos en que tú eres tú mismo… ¿De qué están hechas esas tus experiencias, tan tuyas? Mientras las estás viviendo… Antes de que se transmuten en recuerdos o deseos, imágenes de tu mente, y quieras contarlas, dejando de ser lo que son; por ese mismo gesto mental: re-presentación y no ya presencia, cosa y ya no ser.
Sólo a partir de que había dudado acerca de la verdad de otras cosas, se seguía muy evidente y ciertamente que yo era, mientras que, con sólo que hubiese cesado de pensar, aunque el resto de lo que había imaginado hubiese sido verdadero, no tenía razón alguna para creer que yo era (iii).
El estado de yoga es la detención de la actividad automática de la mente.
Entonces, el que observa permanece en su propio centro.
En las demás ocasiones, se identifica con la agitación mental (iv).

Publicado en HomoNoSapiens


Café filosófico celebrado en Vélez-Málaga (10.9), el día 21 de junio de 2019, en la cafetería Área Quattro, a las 17:30 horas.
ii Lou Marinoff, Más Platón y menos Prozac.
iii Descartes, Discurso del método.
iPatanjali, Yoga-sutra.