Marc Sautet au Café des Phares (Paris 1994) Photo: Wolfgang Wackernagel
Mostrando entradas con la etiqueta Ausencia de bien. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Ausencia de bien. Mostrar todas las entradas

jueves, 21 de diciembre de 2017

CAFÉ FILOSÓFICO...

... en la Escuela Técnica Superior de Ingeniería Informática (Universidad de Málaga)
4 de diciembre de 2017

Resultado de imagen de escuela superior de ingeniería informatica malaga

Después de señalar cada uno qué es aquello que admiraba más en los demás -sin duda, señalando cualidades (integridad, capacidad colaboradora, confiabilidad, asertividad, autonomía...) que ya estarían en ciernes dentro de ellos mismos, de lo contrario no serían capaces, ni siquiera, de admirarlas-, y de presentar la naturaleza y el carácter y las reglas básicas de un encuentro de esta índole, los participantes decidieron dialogar sobre la Ética de las nuevas tecnologías, y preguntarse sobre la responsabilidad que los nuevos desarrollos -y los también viejos- conllevan. Es posible que en algún caso no se aprecie con la suficiente claridad, pero todos nuestros actos, por ser nuestros, implican responsabilidad nuestra. Cómo mínimo, la dirección que decidimos que adopte una aplicación concreta de una tecnología, o bien, de una investigación científico-tecnológica, que hoy es muy difícil separarlas. Está en juego la vigencia del principio de responsabilidad. ¿En dónde situamos la responsabilidad: en la tecnología misma, o en el uso sociopolítico que hagamos de ella? Si examinamos diferentes casos, como allí se hizo aquella tarde de frío húmeda de invierno, cualquier propuesta de responsabilidad -el hacerse cargo de los efectos indeseados de una determinada aplicación tecnológica-, se vuelve un asunto complicado, la red enmarañada de dilaciones se expande como una plaga. Pero, a la vez, el panorama amanece clarificado: el concepto de responsabilidad se nos muestra corto para tratar con la realidad tecnológica actual, porque nos conduce a una lacerante irresponsabilidad. Se diluye la responsabilidad. Son procesos tan enmarañados y oscuros -entre el diseño y el usuario final, incluida la responsabilidad de este mismo al usarla-, que ya no sabemos a quién exigir mayor compromiso y asunción de las garantías propias de su acción. Y esto es lo realmente peligroso a futuro en un mundo como el de hoy, en el actual camino plagado de riscos y trampas hacia un mundo mejor. Fue por ello que la reunión lúcida de aquel día alumbró un concepto alternativo: en la era de la alta ciencia y tecnología necesitamos la corresponsabilidad de nuestras acciones. De lo contrario, nada habrá que hacer... la locomotora del “progreso” se estrellará sin remisión contra el tope de un final de vía. Una vía muerta.

Para leer más:

-Hans Jonas, El principio de responsabilidad.
-Ulrich Beck, La sociedad del riesgo.



sábado, 22 de julio de 2017

¿Para qué el error?


En un Café filosófico no hay errores, todos son aciertos. El error posee una razón de ser, que la discusión filosófica ha de indagar. Todo es aprovechable. Lo mismo en la educación. Por eso Sócrates es el mejor maestro. Pero también en la vida. La filosofía es como la vida. Es una forma despierta de vivir. Así que es muy posible que, en la vida, detrás de un error haya siempre una verdad, latiendo, instruyendo. Uno de nuestros mayores retos, como seres vivientes, quizás sea integrar conscientemente nuestros errores, porque integrados en mi vida ya lo están de suyo. ¿Acaso sería yo ahora el mismo sin mis errores? ¿Y cuándo me siento yo mejor, que cuando logro vislumbrar la verdad escondida tras un error mío? Entonces, estoy en buena disposición para decir lo que he de decir, hacer lo que he de hacer. Entonces, me siento muy a gusto conmigo mismo, muy satisfecho de mí. Estoy en la verdad y desde ahí siento, hablo y actúo. Estoy en mí, aposentado en mí. Ahí no hay desdicha, no hay drama. Hay plenitud y goce sumos.


Leer más...

jueves, 17 de marzo de 2016

Ir contra el sistema



¿Quieres ir contra el sistema establecido? ¿Sientes que es necesario? Es posible que sea algo de ti mismo, de lo que no estás muy satisfecho, contra lo que vas y frente a lo que te sitúas. Míralo bien. Cada cosa que te desquicia del exterior puede tener su traducción y correlato en tu interior. De lo contrario, eso no te exasperara tanto, ni te pusiera tan tenso y con la respuesta ya cargada: automático resorte, injusticia derribada. “-¿Cómo se puede decir/hacer eso? ¿No se está dando cuenta? Es increíble. Es abominable. No lo soporto más [y allá que voy]”. Haz un breve repaso, en un momento apropiado en que estés contigo junto a lo más profundo y verdadero de ti. ¿Cuándo sientes que te estás traicionando a ti mismo? Es posible que seas capaz de establecer algún tipo de conexión entre esto y lo que no soportas. A continuación, habrías de tratar de quererte un poco más a ti mismo, aceptándolo y comprendiéndolo amablemente en ti, eso que no soportas. Estarías poniendo la primera piedra para hacer lo que tengas que hacer, pero conscientemente.
“El nacimiento del rock and roll coincidió con mi adolescencia, mi entrada en la conciencia. Fue una verdadera conexión en ese momento y después. Aunque no pude permitirme fantasear racionalmente para hacer ese vínculo yo mismo. Supongo que todo ese tiempo estaba inconscientemente acumulando información y escuchando. Así que cuando por fin sucedió, mi subconsciente había preparado todo” (Jim Morrison, vocalista de The Doors).
Esto no significa que no estés en tu derecho de ir contra el imperante sistema social, político, normativo, institucional, sus usos y costumbres inactuales, inauténticas, desquiciadoras, autoaduladoras y endogámicas.Jim Morrison quiso ir contra el sistema, creó una música maravillosa y malogró su maravillosa vida a los 27 años consumiendo mucho alcohol y otras variadas drogas. Hacer aquello que está prohibido no significa necesariamente ir contra lo establecido. De hecho, hay todo un negocio montado alrededor de la huida y la evasión de nuestros problemas personales, alrededor del entretenimiento y de la diversión. El negocio con la necesidad contemporánea de evasión y de ocio: pero no habría tanta necesidad de ocio sin unos trabajos alienantes y forzados. El problema está en otra parte.
Es cierto: nuestro mundo es hipócrita, el trato justo no predomina en la mayoría de los sectores sociales de este planeta —ni nuestro trato con él lo es tampoco—, la maldad dicen que existe, que no es simplemente ignorancia o inconsciencia, el interés mercantilista anula todos los demás intereses —la producción abstracta de dinero acaba anulando todo lo demás—, la política no es la ciudadanía, la mediocridad se regocija en sí misma masificándose, estamos perdiendo el norte, pero necesitamos ponerle el título a una película… Hay muchas razones para indignarse. “Indignaos”. Rebélate contra el sistema. ¡Haz todo lo contrario! Sin embargo, hoy es lo radical y más revolucionario buscar la verdad, el bien y la justicia. Es revolucionario apreciar la belleza y señalar aquello que es digno de ser señalado, valioso por su intemporalidad. Hay valores universales y cualidades esenciales.
Imagina fraguar un negocio basado en la verdad, el bien y la solidaridad, ¡cuántos clientes no obtendría! Sería toda una novedad, que perdiéramos el miedo a ser utilizados, manipulados y engañados; que se cumpla lo que se  promete, que se haga compatible el beneficio con el respeto al cliente y al medioambiente, un equilibrio entre la ganancia y el precio. Después, introduce también la ética y la coherencia en la política. ¡Es lo más demandado por parte del pueblo! No entiendo cómo no se dan cuenta los que desean vivir de la profesión política. ¿Acaso son estúpidos? Les bastaría hacer un estudio de mercado… No obstante, todo esto lo estamos viendo aflorar a nuestro alrededor. Nos estamos reeducando paso a paso. Por ejemplo: la gente ya sabe que dialogar no es pactar, ceder y sacrificarse. Nadie siente eso cuando se pone de acuerdo con los demás para hacer lo que es mejor hacer.
Como todos, tú también verás las noticias. ¿Son la realidad? La realidad es todo lo que hay, pero las noticias no son todo lo que hay, todo lo que podría llegar a ser noticia. ¿De qué depende que algo sea una noticia? Pues depende de que sea noticiable. Y para que algo sea noticiable, ha de haber detrás un sujeto que valore. Si en nuestro entorno predomina el interés interesado, el morbo, el escándalo y la sobredimensión de todo lo habido y por haber…, qué podríamos esperar. Son las noticias que están. Pero el mundo está lleno de acontecimientos realmente dignos de ser una noticia, y no pasajera, por cierto. Y no por ser acontecimientos cotidianos, menos trascendentes; menos grandes y valiosos, por ser locales y pequeños. Lo corriente no es noticia en este mundo que hemos ido montando, sobre todo si es bondadoso y sincero, solidario y altruista. La intrahistoria no construye la historia con mayúsculas, ni aparece en los libros de texto ni en los noticiarios, ni siquiera en los registros de los archivos oficiales. Así lo percibió con claridad don Miguel de Unamuno. Son cosas pequeñas, baladíes. Dadas por supuestas y olvidadas. Pero, ¿qué nos podría venir, si se suman muchas cosas pequeñas? Si muchas voces anónimas gritan juntas, el mensaje adquiere un significado inmenso. ¿Podría cambiar la historia y la sociedad? Como poco, serían noticia. Y ya sabes que lo que es noticia, existe. Sin embargo, para contar lo que pasa de verdad, hay que vivirlo a fondo. Y si lo has vivido con intensidad y profundidad —y tú fueras periodista—  seguro que no serían noticia las mismas noticias. Mira el telediario: en el mundo, ¿sólo ocurren hechos luctuosos y desesperados? ¿No parecen invisibles la alegría y la esperanza? Sin embargo, cada día, hay mucha gente haciendo cosas muy valiosas.
Seamos revolucionarios. La valentía es una virtud, ponía como ejemplo Aristóteles. Y añadía: la virtud es el término medio entre dos extremos. ¡Pero eso no quiere decir que nos estuviera pidiendo caer en la mediocridad! No seas ni cobarde ni temerario, pero procura ser todo lo más valiente que puedas, siempre que puedas. En esto no hay límites para la virtud. Cuanto más te mantengas en el justo medio, a más valiente, mejor. Y así con las demás virtudes. La prudencia no tiene límites, ni la sensatez tampoco. Cuanto más prudente y más sensato, mejor has obrado. He aquí una vieja, y a la vez, nueva revolución: persigamos la virtud, esas cualidades excelentes de que disponemos por ser quienes somos. La virtud de un caballo —en este sentido griego, socrático— consiste en desarrollar su propia esencia de animal veloz y galopar raudo atravesando la llanura; para un violinista virtuoso, tocar magistralmente su violín; en fin, para un ser humano como tal, ser humano. La humanidad en nosotros es una continua apertura, es una incondicionalidad brillante, es una pura potencialidad libre y consciente. Desarrollar inmensamente nuestra capacidad de ser, de amar, de inteligencia y de felicidad, nos hace más humanos. Esto es lo auténticamente revolucionario. Porque no está de moda y abunda tantas veces lo opuesto. Y porque siempre ha estado ahí, dentro de ti, esperando que te dieras cuenta. La mejor manera de ir contra el sistema es ir a favor de lo que eres, desarrollando todas tus posibilidades.

Publicado en Homonosapiens

lunes, 8 de febrero de 2016

Sobre el acoso escolar

Café Filosófico en Vélez-Málaga 7.4
22 de enero de 2016, Cafetería Bentomiz, 17:30 horas.




¿Por qué se da el acoso escolar?

Ciertamente es muy triste comenzar este relato de nuestro café filosófico de esta manera, pero la tragedia cotidiana que se barrunta detrás de la carta de despedida del niño de 11 años Diego González estuvo aquella tarde muy presente en el fondo de la discusión. Sin embargo, pudo ser tratada la cuestión con toda la serenidad que es necesaria para abordar un problema tan sensible como éste. Y lo cierto es que esta actitud permite un aprendizaje que se va notando en los participantes que van repitiendo su asistencia: una parte de lo que pudo estudiarse con atención en el anterior café filosófico —que trató sobre la violencia de género— sirvió para enfrentarse a este otro problema social —nunca son sólo una cuestión individual—. Siempre ha de ser poliédrico su tratamiento pues su realidad propia es multidimensional.

martes, 6 de octubre de 2015

Terapia filosófica

 

     El aprendizaje —siempre inacabado— de cómo vivir bien ha sido el trabajo principal en que se ha centrado la filosofía auténtica de todos los tiempos, comenzando en occidente por la antigua filosofía griega. Y dicho aprendizaje empieza por conocerse a uno mismo, como rezaba una vieja inscripción en el templo de Apolo en Delfos.

      Los diálogos socráticos de Platón —los de su primera época— muestran el arte de preguntar de su maestro. Pero todas las preguntas que Sócrates dirige a su interlocutor, en cada caso, van encaminadas especialmente a poner a prueba su propia vida, la actual comprensión de sí mismo y de su mundo; están dirigidas a examinar cómo va viviendo. De ahí que pueda convertirse este arte de preguntar, que ayuda al “otro” a descubrir por sí mismo quién es y cómo le va su vida, en una herramienta terapéutica. Y no hay modo más certero de conocerse a uno mismo que poner en tela de juicio todas nuestras aparentes seguridades; nada más provechoso para provocar una evolución más allá de tus creencias erróneas o limitadas, que te ayude a transformar tus habituales patrones de conducta, causantes de tu malestar o sufrimiento.

      Recuerda, con Sócrates, que el malvado —es decir el que actúa mal para sí mismo o para los demás—  es en realidad un ignorante, cuya conducta está basada en falsos juicios sobre sí mismo y sobre la realidad. Carencias personales, cuyos efectos podrían gradualmente disolverse, una vez que uno es consciente de ellas, y entiende que, de una manera errónea, sólo buscaba su propio bien.

viernes, 3 de abril de 2015

Sobre la vida comunitaria

Café Filosófico en Vélez-Málaga 6.7

20 de marzo de 2015, Cafetería Bentomiz, 17:30 horas.

“Lo único que puede producir un cambio radical y una liberación psicológica creadora es la atención diaria, el darse cuenta de instante en instante de nuestros móviles, tanto los conscientes como los inconscientes” (Krishnamurti, La libertad primera y última).
 
“Luego no discuten [ni los hombres ni los dioses] sobre si el que comete injusticia debe pagar su culpa, sino sobre quién es el que comete injusticia, qué hace y cuándo?” (Platón, Eutifrón).

¿Cómo es posible vivir en comunidad?

¿Podemos cambiar, si nosotros mismos no cambiamos? Por lo general, todos queremos vivir mejor, en una sociedad donde pueda la vida humana y no humana desarrollarse del modo más digno posible. Pero, ¿quiénes serán los artífices? ¿Vendrán líderes maravillosos a salvarnos? ¿Bastará que cambiemos las estructuras, si nosotros seguimos pensando y haciendo lo mismo, con respecto a nosotros mismos y a los demás? ¿Vendrá la revolución exterior sin una revolución interior? ¿Cuánto duraría, en ese caso?  ¿De lo contrario, sería
auténtica? ¿Nos sentiríamos satisfechos, sin una mínima coherencia dentro-fuera? Pues bien, nuestros participantes de las horas previas a la venida de la primavera, supervivientes del eclipse solar de ese mismo día, hablaron de la vida interior, de la convivencia con uno mismo, más tarde de la vida exterior comunitaria y, finalmente, necesitaron afinar bien el acorde interior-exterior, para que éste pudiera sonar algo armonioso. ¿Te quedas con nosotros? Se va  a hablar de ti. Observa…
¿Has sido capaz en alguna ocasión reciente de perdonarte a ti mismo? Mal te vas a llevar contigo mismo si no eres un poco indulgente, comprensivo en alguna medida, si no llegas también a amar tus errores, tus lagunas, tus carencias. Forman parte de ti, tanto como todo lo demás. La importancia de la Autocompasión, que no tiene que ver con el muy cristiano “dar pena”, darse pena o sentir lástima del prójimo, sino que está ligado al sentir con… -tigo mismo, con el otro. Así de simple, así de complicado tantas veces en el diario.

—Sí, yo así evité la culpa. —Tan corrosiva —apunta este narrador.
—Yo me agarro mi (cordial por su forma) pastilla de jabón, y mientras me voy duchando, me quedo limpio de las culpas que arrastraba. —Ritual, que al final de encuentro quedó como estribillo mágico de una de las participantes.
—Cada vez que me perdono a mí misma, de tantas autoexigencias, es una liberación… —Había vivido y sufrido lo que decía, por eso lo decía de verdad.
—Cuando he sido capaz, simplemente he buscado una solución, en lugar de martirizarme. —¡Y cómo nos martirizamos, tanto que quedamos seriamente embotados para encontrar una salida!
—Pregunto: ¿Perdonarse, es algo que se pueda aprender? —Claro mujer, o más bien, hay que desaprender las rutinas del autocastigo, de la culpa, de la pena que he de cumplir para sentirme purgado.
—Sí, en muchos casos, sobre todo la generación adulta aquí presente, hemos recibido una educación de la culpa y el castigo autoinflingido.
—Pero, ¿todo debe ser perdonado? ¿El perdón no posee límites?
—Yo sólo sé decirte que yo he hecho lo que he podido. ¿Tengo que sentirme culpable, a pesar de todo?

Y por aquí podía haber seguido la discusión de aquel día, pero nuestro método prescribe que
nos cercioremos bien de aquello de lo que queremos de verdad dialogar, explicitando suficientemente la temática. Y compitió en justa lid, pero no era ese el tema del día. Sorpresivamente, se alzó con fuerza un tema exótico, muy técnico: el “Comunismo originario”. Y ni el “Amor humano”, ni mucho menos, la “Influencia de los padres” ni los “Límites del perdón”, aunque éste se anunciara con antelación. ¿O más bien se hallaba en el fondo de la cuestión tratada? Tú podrás juzgarlo a continuación.
¿Qué idea del comunismo de Karl Marx tenemos hoy día? ¿Sería aplicable? ¿Se lo ha aplicado acertadamente? ¿Qué puede significar el comunismo a la altura de nuestro tiempo? Pero —sugiere el moderador—, ¿no sería ésta una cuestión demasiado técnica? ¿Tenemos aquí los textos marxianos para poder contrastar lo que digamos, si Lenin, Stalin u otros regímenes políticos históricos o actuales se atuvieron o se atienen a su letra y a su espíritu?

—No parece posible. —Están de acuerdo los participantes.
—¿Y si le damos un giro a la temática para que reciba un tratamiento ajustado a nuestra reunión, un café filosófico? —Propone el moderador.

Y después de un breve diálogo, fue madurando esta pregunta, que encierra suculentos matices, y que podía habilitar muy bien nuestra discusión: ¿Cómo sería posible la vida comunitaria? Y no se pasa por alto, primero, definir con claridad de qué íbamos a hablar, antes de referirnos a ello. “Vida en común”, es decir, la vida junto a otros con los que hemos de pasar largo tiempo de nuestras vidas, sean muchos o pocos, interactuando, compartiendo el mismo espacio más o menos próximo, conviviendo, rompiendo la convivencia y tratando permanentemente de reconstruirla por necesidad.

—¿Es posible la vida en común?
—No, habríamos de estar bien educados en la generosidad, en la solidaridad…
—Y no te olvides de la responsabilidad.
—Ni de las “sombras” internas que cada uno llevamos con nosotros, pues no somos todo lo luminosos que recogen las grandes palabras que habéis citado. —Es verdad —piensa ahora este relator—, aquellas cosas inconfesables de nuestra trastienda emocional o mental, que nos enturbian por dentro y que se interponen constantemente entre nosotros.
—Por eso, desde pequeños, nos vienen bien unos estándares, unas normas a las que atenernos…
—Sería posible la vida en común, ¡si quitáramos el dinero! —Esto se discutió más tarde, con alguna aportación que indicaba que era posible, a través de iniciativas como la “moneda hora”.
—Pero tendría que haber líderes, los líderes son necesarios. —Luego se dijo que no hacen falta líderes, sino representantes…
—Y no olvidar la individualidad, los talentos individuales, no deberíamos perderlos. Nada de igualitarismo, de colectivismo anulador del individuo.
—Además, tened en cuenta los abusos y los abusones. Esto sería un grave impedimento para que fuera posible la vida comunitaria.

Las dos últimas intervenciones hicieron necesaria la distinción —que emergió del diálogo mismo— entre “ser iguales” y “tratarnos como iguales”, como seres humanos que somos. Y esta distinción, a su vez, evolucionó hacia la consideración de la justicia distributiva (de origen platónico y aristotélico, pero, curiosamente, muy ligada a la propuesta marxiana). Un participante veterano de nuestro café filosófico introdujo la noción, y además de resultar clarificadora cundió entre los participantes como un manantial inagotable de sugerencias. Anteriormente se habían ido poniendo algunas condiciones a nuestra imagen de una “vida comunitaria”. Pero, ¿aquél resistiría como principio central de la posibilidad de la misma? ¿Sería suficiente? Ya sabéis: “A cada uno según sus necesidades y de cada uno según sus capacidades”. La polémica estuvo servida durante un buen rato, pues afloraron las ideologías, no ya las ideas diferentes, sino los sistemas cerrados de ideas que buscan legitimar determinados intereses. En este caso, se trataba de ideologías políticas. Derecha e izquierda, más a la izquierda, más a la derecha… Costaba a veces mantener una discusión filosófica.

En concreto, fueron dos los participantes que se enzarzaron en lo que parecía una discusión ideológica interminable. Y la dificultad principal para discurrir por ella buscando la verdad y el bien —como procura la filosofía— era que cada contendiente proponía un caso en apoyo de su tesis, ¡que nadie más que ellos podía contrastar! Aunque, hay que saber que no les pasaba algo distinto de lo que les sucede también a los dioses del Olimpo, como se recoge en el Eutifrón de Platón: disputan constantemente, pero no lo hacen sobre qué es la justicia, sino sobre si esto que tenemos delante, este caso, es justo o no es justo, es decir, cómo aplicar la justicia a este caso particular. Debió el moderador acordarse de este diálogo entre Eutifrón y Sócrates y fue lo que le valió para poner un poco de orden; asintiendo los contrincantes, que
estaban de acuerdo en el principio y que lo difícil era determinar qué casos caen bajo dicho principio.

Satisfecha la aclaración, se prosiguió: ¿Sería suficiente el principio de justicia para hacer posible la vida comunitaria? Y, a las condiciones anteriores, añadieron los participantes algunas restricciones dignas de reseñar:

—No olvidemos que todo no puede ser igual, que unos trabajos requerirán más reconocimiento por su mayor cualificación o mérito. —Y a partir de ahí, la discusión condujo a la importante distinción entre necesidades que cubre una tarea y cualificación que se necesita para ejercerla, de manera que una contribución a la comunidad pudiera ser valiosa de modos variados y no de sólo uno (por ejemplo, es importante el trabajo de un ingeniero, pero también lo es el de un agricultor).
—No olvidemos estar alerta para no confundir valor y precio, no seamos necios, como advierte el proverbio machadiano. —Efectivamente, no sólo el mercado ha de dar valor a las cosas y a lo que hacen las personas. Nos perderíamos muchas cosas de valor.
—Y no olvidemos tampoco que la realización de la vida comunitaria es más factible en pequeñas comunidades. —De ahí que ellos transformaran esta restricción en una posibilidad: cuando se tratara de una gran comunidad, que ésta estuviera compuesta de una red de pequeñas comunidades en donde rigiesen los mismos principios básicos.

¿Qué te parece? Al final, ¿no han hablado también los participantes de marxismo? ¿Y no se han mostrado utópicos? Aunque, ¿por qué hay que renunciar a ello, si queremos mejorar nuestro mundo? Antes de juzgarlos, recuerda que ellos también te han hablado del riesgo de los abusos que podrían darse, y ante los que hay que estar alertas. Y de nuestras sombras. ¡En cuántas ocasiones no hemos sufrido de otros, o hemos volcado sobre los demás nuestras propias miserias! Proyectar fuera lo que me pasa dentro —generalmente, de un modo inconsciente— es de lo más habitual entre nosotros. Sin embargo, ¿pueden convivir en paz y armonía personas que no se conocen a sí mismos, que desconocen sus propias sombras? (Imagina que coinciden muchas de ellas en un mismo lugar y tiempo). ¿Podemos realmente mejorar el mundo en que vivimos, si nosotros mismos no evolucionamos? Si nuestros usos y costumbres siguen siendo los mismos, o respondiendo a lo mismo, ¿cambiará de veras nuestro mundo, nuestro mundo común? Comencemos por sanear nuestra propia casa dando luz a nuestras sombras. Comencemos por perdonarnos también, que no es justificarnos ni es hacer dejación de nuestra responsabilidad en nuestra propia vida, sino que es ser conscientes de nosotros mismos, lo que nos pasa y por qué nos pasa, observando sin juzgar, para poder convivir en una paz nacida de la paz interior de cada uno… En fin, esto es algo de lo que saca en limpio este narrador que te ha narrado lo que vino a suceder aquel día

martes, 27 de mayo de 2014

Sobre las guerras

Café Filosófico en Vélez-Málaga 5.8
16 de mayo de 2014, Cafetería Bentomiz, 17:30 horas.


“La guerra (“pólemos”) es el padre de todas las cosas, a unos los hizo dioses y a otros los hizo hombres" (Heráclito).

“No queremos hacer frente a estas cosas, queremos encarar el hecho de que nosotros somos los responsables de las guerras. Charlamos de paz, nos reunimos para celebrar conferencias, nos sentamos en torno a una mesa y mantenemos debates; pero interiormente, en lo psicológico, deseamos poder y posición, y nos mueve la codicia. Intrigamos, somos nacionalistas; nos atan las creencias, los dogmas, por los cuales estamos dispuestos a morir y a destruirnos unos a otros. ¿Creéis que semejantes hombres, vosotros y yo, podemos tener paz en el mundo? Para que haya paz en el mundo debemos ser pacíficos; vivir en paz significa no crear antagonismos” (Krishnamurti, La libertad primera y última).

“La paz no es sólo ausencia de violencia, sino la presencia de la justicia (Gandhi)”.


¿Son justificables las guerras?

¿Sabías que el mejor modo de evitar una guerra, o de pararla, es tratar de resolver el conflicto de base instalado entre las partes? Si no lo sabías, o bien no te imaginas cómo se puede llegar a pensar esto —si “las guerras son las guerras, siempre las ha habido y siempre las habrá”— te recomiendo que vayas siguiendo de cerca este relato. Un relato que trata de reflejar las evoluciones de la discusión de un grupo de personas, jóvenes y mayores, que hallaron algunas respuestas para ti. Parciales y provisionales, pero, al cabo, respuestas que te pueden valer de algo.
Ubuntu

¿Cuándo me he notado siendo uno con los demás?” Momentos mágicos en los que yo habría sintonizado con los demás y los demás conmigo. Sin sensación de separatividad, intregrados, siendo nosotros mismos pero comunicados. Un ejercicio de autorreflexión que no fue siempre tan fácil de concretar como se pensó el moderador del encuentro. Eso les propuso y esto que sigue fue lo que dijeron:

—Esta misma mañana, durante el trabajo, se pudo producir un malentendido y el consiguiente problema. Sin embargo, se hizo una crítica, fue comprendida y todos se dispusieron a solucionar el problema y, en equipo, a tratar de prevenirlos en el futuro.
—¡Vaya, es difícil decirlo! Quizá a diario se produzca, pero no sé…
—Tampoco sabría decir… Me pienso mucho las cosas…
—¿Sueles pensar mucho las cosas, después, durante o antes de ponerte a hablar con alguien? —pregunta el moderador.
—A menudo…
—Si fuese mientras se está tratando con alguien —quiere aclarar el moderador—, no se estaría en lo que se está, y ello, quizás, podría dificultar el encuentro con el otro.
—Así me he sentido practicando deporte: una perfecta coordinación con los otros jugadores.
—Me ha pasado contando juntos anécdotas con las que nos hemos sentido identificados. Sentíamos lo mismo.
—A mí, con el grupo que hemos estado participando en un reciente “taller de escritura”. Durante esas horas me he sentido así, en sintonía.
—Yo diría lo mismo, pues también he disfrutado, como hacía mucho, en ese mismo taller. Pero me referiré a un viaje inesperado, una experiencia compartida que nos llevó, a los que estábamos de viaje, a actuar al unísono en todo.
—Para mí es suficiente un buen libro, ¿puede valer?
—Claro, el autor también es una persona. Nos ocurre a todos a veces, cuando encontramos un buen libro.
—¿Coincidir? No recuerdo. Aunque tampoco he sido un héroe solitario…
—No tengo esta experiencia.
—Claro que sí. Pero, habitualmente, quizás no estemos tan atentos —como se merece— a estos momentos. O nos pesan más aquellos en que hay falta de sintonía… (Quiso expresar el moderador).

Aunque se plasmó con fuerza el deseo de tratar el tema de la compasión, o bien el de la moral, o bien el de la confianza en uno mismo, la reunión dio un brusco giro al proclamar —en segunda votación— al tema de la guerra como el máximo centro de interés de aquella tarde. ¡Menuda responsabilidad! Darle un tratamiento filosófico a tamaña circunstancia de la vida humana de todas las épocas. Pues no se trata únicamente de una realidad propia de culturas “incivilizadas”; cuanto más civilizadas, mayor es su potencial destructor y autodestructor, consiguientemente. ¿Por qué no aprendemos de la experiencia de las guerras? ¿Pueden ser justificadas las guerras de algún modo, en alguna ocasión?

Estas cuestiones habían de orientar la indagación, pero como no ha de estar totalmente dirigido el desarrollo de una reunión como la nuestra, sino que haya espacio para la espontaneidad y la creatividad, lo extemporáneo no está fuera de lugar. En absoluto. Nosotros lo amamos, la sorpresa y lo diferente, lo abrupto y lo nuevo no previsto ni prefabricado. Nada en nuestra reunión está fuera de lugar, pues estamos en nuestro lugar, como en casa, cómodos y alerta. ¿Por qué no preguntarnos si la guerra es un asunto masculino? Uno de los participantes advirtió al grupo de esta aparente coincidencia. Y dejó a todos asombrados. Así que por este cauce navegó la discusión en su primera parte. Luego volveríamos a la pregunta sobre la posibilidad o no de justificar las guerras. Esto pudiera ser que nos diera alguna clave para poder aprender algo de las guerras padecidas.

—¿Os habéis dado cuenta que, en la guerra, suelen estar involucrados los hombres mucho más que las mujeres?
—Puede ser. Siempre han tenido más poder. Por ahí puede ir la cosa.
—En las mujeres, sin embargo, suele estar presente el sentimiento de compasión —aludiendo esta participante a un café filosófico anterior, sobre la amistad y sus estilos masculino y femenino.
—Entonces —pregunta el moderador, con ayuda de uno de los participantes masculinos—, si los gobiernos fueran de mujeres, entonces, ¿ya no habría guerras?

Esta cuestión introduce cierta perplejidad entre los participantes, de manera que prosiguió la indagación todavía con más motivo.

—Seguramente, harían lo mismo. Y es por la posición social, que conlleva defender el papel que a uno le toca jugar. Proveer lo necesario que corresponda a esa situación de poder.
—Yo creo que habría menos guerras. Las mujeres somos distintas.
—Aunque fuera por impedir que sus hijos fueran a la guerra, tratarían de que no hubiese guerras. El amor maternal deja una huella que es imposible olvidarla y no es algo que un hombre pueda comprender…
—No sé yo…
—La posición social influye pero luego puede haber distintos estilos (como salió en el café filosófico sobre la amistad).
—Pero entonces, ¿qué les puede llevar a actuar igual, cuando actuaran igual? —inquiere el moderador.
—Es el poder. El poder ensombrece todo, fuerza a todo. Pues contiene compromisos que te llevan a cumplirlos y a hacer lo que tengas que hacer, también la guerra.
—O para lograr más poder, para mostrar tu poder y ser superior.
—Sí, el poder lo cambia todo. Nos hace igual de peligrosos.

Y una vez encontrada alguna luz sobre la cuestión masculina o femenina de la guerra, después de este alto,  continuamos nuestro camino: ¿Las guerras son justificables?

—Claro, están las guerras defensivas. Se basan en el principio de legítima defensa.
Y pregunta un participante:
—De cualquier manera, ¿puede ser la guerra práctica a la larga? ¿O más bien todos saldremos perdiendo? No lo veo muy racional, la guerra.
—Pero entonces, ¿qué quieres? ¿Y si pretenden eliminarnos?
—Vale, en algunos casos puede ser la mejor opción y ser viable.
—¿Y dónde dejáis el sacrificio?

Esta hipótesis de la posibilidad del sacrificio —es decir, no responder con la misma moneda violenta— introducía un elemento en la discusión que ayudaría a pensar de otro modo, en este caso, las guerras. Para esto estamos en un café filosófico, para tratar de pensar de otro modo. Si es para seguir pensando lo mismo, de la misma manera, mejor ni salir de casa, ¿no crees? Fue, entonces, cuando se trató de ver qué es una guerra y si solamente hay guerras con armas.

“Una guerra es una confrontación de fuerzas. Y la guerra es una forma de conducir la confrontación”. “Los animales también luchan, pero no hacen la guerra”. Estas dos respuestas fueron muy bien acogidas por el grupo y la verdad es que resultaron muy fructíferas. Ahora lo verás. Porque ello quería decir que “la guerra es un asunto humano” y que lo natural es el conflicto, pero no la guerra. Las guerras son una cosa cultural, una construcción humana. Ante los conflictos, que son inevitables, que son naturales —y por tanto, quizás saludables— podemos, entonces, adoptar una respuesta violenta o una respuesta no violenta (los participantes recuerdan estrategias como las que usó Gandhi). Si la guerra es una respuesta cultural ante un conflicto, y la guerra sería tan sólo una manera de resolverlo —o al menos, así lo parece muchas veces, el único modo, por desgracia; quizás las partes no saben otro—, también podemos entender, así pues, que pueden existir otros métodos para resolverlo. Respuestas diferentes. ¿No somos capaces? Aprendamos. Se puede entrenar, pero antes de nada hay que saber que hay otros modos… Y hay que tener confianza en que ello es posible. En otras muchas ocasiones ha sido posible. En la historia hay casos para todos los gustos (con perdón).

De manera que ya sabes: resuelve el conflicto, que es lo único que existe —lo otro se ha conformado en nuestras horas más bajas, cuando falta la imaginación y nuestras emociones nos ciegan—. Ser consciente de tus emociones, sean constructivas o destructivas, te puede ayudar mejor con tus conflictos, contigo mismo y con los demás. Así que ya lo sabes: para detener o evitar una guerra —¡lo estáis escuchando, vosotros, los que tenéis más responsabilidad política!—, enfoca hacia conflicto básico y sus emociones. Si esto no ocurre, abocados estamos a la guerra, y cosas por el estilo. Mira, si no, el caso de guerras enquistadas como la palestino-israelí. Esto aprendimos aquella tarde: el conflicto es inevitable, no así las guerras. Soluciona la insatisfacción de base y solucionarás tu conflicto. Recuerda cuando te has sentido uno con los demás… UBUNTU!

domingo, 7 de octubre de 2012

Las ideas nunca mueren del todo

Aunque ya no esté la gente que mantuvo inicialmente una idea, ésta puede reaparecer en cualquier momento y en otros contextos diferentes. De ahí que, como recomienda K. Popper, sea tan importante que seamos capaces de realizar un examen crítico de las mismas, por si acaso no fueran buenas ideas y por contra fueran incorrectas, dañinas o peligrosas por sus consecuencias prácticas. No debemos olvidar que las ideas (creencias, valores, motivos) orientan nuestras acciones, y las pueden orientar bien o mal.
Ved, si no, si no es posible que reaparezcan, por ejemplo, ideas fascistas en un contexto democrático actual, si nos descuidamos, si no estamos atentos y no somos capaces de ser lo suficientemente críticos y autocríticos. Aquí tenéis el vídeo del final de la película La Ola, basada en un experimento real. Salió la cuestión en la clase del otro día y el mérito no fue sólo mio.





domingo, 23 de septiembre de 2012

¿Hay que resignarse?


Ante los riegos evitables de las nuevas tecnologías

El caso de las antenas camufladas de la  telefonía móvil

Toda tecnología conlleva riesgos sociales, ecológicos o personales. Eso ya lo sabemos. Lo sufrimos desde hace mucho tiempo. Pero no se puede acallar, y menos mantenerlo oculto en aras de intereses económicos que solo buscan el máximo beneficio al mínimo costo, sin valorar el reguero de daños que pueden quedar por el camino. Toda tecnología tiene efectos sobre nuestras vidas y siempre puede haber peligros. ¿Hay que asumirlo, aceptarlo, simplemente resignarse? ¿No puede ser de otra manera? Falacia típica nuestro tiempo. Se dice: “es el precio que hay que pagar por el desarrollo, por el progreso”. Pero, en realidad, nada impide que los riesgos puedan ser minimizados o que se sustituyan unas tecnologías más peligrosas por otras que no lo sean tanto. Pero claro, eso significaría evaluar las tecnologías antes de su aplicación interesada y con las prisas habituales del pingüe beneficio a corto plazo, teniendo en cuenta valores éticos y ecológicos, poner por delante a la salud de las personas y la salud del planeta, que es también la nuestra, por delante de otros intereses triunfantes en nuestros días, los del negocio a toda costa. Se deja de lado, demasiado a menudo, la sensatez que introduce siempre el principio de precaución.

Y como la población ya tiene cierta conciencia de los peligros que nos acechan, y que nos estamos dando a nosotros mismos, los grandes interesados recurren a sutiles, pero a veces primitivos y burdos, señuelos y engaños para pasar desapercibidos y seguir haciendo el agosto mientras se pueda, todo lo que se pueda. Recuerden cómo es una práctica habitual financiar informes favorables deexpertos, por ejemplo, que defiendan que los campos electromagnéticos de las antenas de la telefonía móvil son inofensivos para la salud de las personas, a pesar de las evidencias en contra. Estas campañas de desinformación crean confusión y dudas, que permiten ganar tiempo y, mientras tanto, mucho dinero. Vean si no, cómo saben muy bien camuflar antenas de teléfonía móvil en el interior de inofensivas chimeneas, con ilegalidad, nocturnidad y alevosía. Los ciudadanos afectados no se resignan y los demás tampoco deberíamos resignarnos.

jueves, 19 de julio de 2012

Sinsentidos y aberraciones de la economía política actual


Que el buen ciudadano, descendiente de aquel “buen salvaje” rousseauniano, percibe en todo lo que oye a su alrededor sobre política y economía:

-Por qué antes de, o al mismo tiempo que, ajustes, reformas y recortes, no se buscan responsables de la crisis económica y que éstos paguen todo lo que han despilfarrado, esquilmado, desviado, mal usado o robado.

-Dónde están todos los beneficios del pasado que durante tantos años han declarado tantas grandes empresas y bancos. Para qué han servido.

-Por qué no pagan más los que más han despilfarrado o vivido por encima de sus posibilidades todos estos años. El grado en que lo ha hecho la población de a pie no es nada comparable con lo que se ha hecho en las élites pudientes políticas y económicas, incluidos los Estados y sus cargos, dirigido por políticos que gobiernan habitualmente de espaldas a los intereses del pueblo.

-Por qué el Estado necesita financiarse externamente en grado tan extremo. Esto no era conocido por el pueblo. Para qué paga sus impuestos, entonces. Se suponía que era para financiar los servicios públicos.
Sospecha: la casta política ha gastado más de la cuenta, espoleada por los que viven dando dinero con intereses a otros y de paso así podía exhibir las grandes obras opulentas con las que competir con otro partido político. Y así atraía votos para legitimar sus actividades.

-Por qué el Estado no ha buscado medios de autofinanciarse con capital propio y que sea él mismo el que pueda financiar a otros y generar intereses para sí mismo y riqueza para el país. Por qué se ha vuelto dependiente de capital privado con la gran cantidad de recursos y empresas que posee.

-Cómo se ha dejado blindarse a una élite económica y política que posee privilegios feudales en comparación con la población.

-Para quiénes trabajan y se vienen esforzando los partidos políticos, sobre todo los mayoritarios, y más cuanto más poder obtienen. La misma sospecha: para sí mismos, siendo el medio para legitimarse el voto ciudadano.

-Olvidar tan fácilmente quiénes (banqueros especuladores y rapiñas) han generado y de qué manera esta crisis y no trasladar a la población el peso de la salida de la misma.

-Olvidar tan fácilmente quiénes (responsables políticos en cada momento) tenían la responsabilidad de regular y controlar a los anteriores (banqueros especuladores y rapiñas) y no dejar que ellos fijasen las reglas de juego que les interesaba para ganar dinero con dinero sin producir nada.

-Que todos los recortes que se están imponiendo sean para pagar los intereses que ha generado la deuda del Estado con los Bancos, y éstos a su vez con otros Bancos. El sacrificio de la población está sirviendo para pagar lo que otros se llevan y no para crear riqueza y generar empleo, como se proclama.

-Por qué se hacen así las cosas: para rebajar el déficit, se reducen gastos con recortes; y para aumentar ingresos, con más recortes en forma de impuestos. Lo que es igual a: más pobreza para la población y el país.

-Saber que los recortes económicos a la población (a lo que va parejo el recorte de derechos sociales) son una minucia comparado con lo que espontáneamente y de una tacada se da a la Banca en cómodos plazos y a bajo interés (cientos de miles de millones de euros).

-Por qué el Banco Central Europeo no presta a los Estados directamente, y al mismo interés que a los Bancos (a un uno por ciento). La crisis se acabaría de un plumazo, pero entonces, quizás no se generaría tanto negocio para algunos grandes capitales.

-Cómo se permite a los Bancos invertir, con el dinero que se les presta para sanearse a un interés bajo, en deuda pública de los Estados a un interés mucho más alto; lo que endeuda más a los mismos y vincula a la salvación de la banca la salvación de todo un país.

-Es que no hay otras salidas a la crisis que quitar poco, pasito a pasito o a grandes pasos, a los muchos; por qué no recaudar también mucho más de los pocos, aunque no sea lo más fácil, según dicen.

-Por qué la clase política es tan poco imaginativa, tan poco capaz de crear soluciones nuevas y eficaces, que siempre actúan por sistema haciendo lo mismo que viene funcionando mal.

Tú también puedes, como persona y ciudadano, descubrir y añadir aquí tu sinsentido o aberración de la situación actual...