Marc Sautet au Café des Phares (Paris 1994) Photo: Wolfgang Wackernagel
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lunes, 22 de junio de 2020

¿De qué normalidad hablamos?

¿De qué normalidad hablamos?
Imagen| Fernando Ivorra
La normalidad es lo menos normal del mundo. Tanto quiere poner de sí, tanto deseo contenido de igualar al mundo, que se anega en su propia pretensión. Es tan pretenciosa… Y ese es su mayor defecto, querer ser normal, porque, si al menos fuera capaz de cuestionarse un poco a sí misma… Una normalidad problemática, al menos, no una perfecta normalidad… Pues bien, nuestros protagonistas, de este nuevo café filosófico desde casa, pusieron a la normalidad en su sitio. Hablemos de normalidad, pero no nos creamos que ya somos normales… ¿Qué es eso de “lo normal”? ¿Quién lo dice, quién lo decide? ¿Desde dónde, hasta dónde? En fin, que ser normal es lo más anormal del mundo. Y si el Gobierno está hablando de la “nueva normalidad”, ¿qué es lo que están queriendo decir?, ¿ya la había, obtendremos una nueva? Nuestro tiempo iría de normalidad en normalidad… ¿Y qué, entonces, es lo que hay en medio? El vacío, una pre-normalidad, una pos-normalidad… Aclaremos, con la ayuda de nuestros participantes, esta locura… de la razón. Y si fueran éstas frágiles normalidades…
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viernes, 5 de junio de 2020

POROS (Y PENIA) 12

Poros (y Penia) 12
Imagen | Iñaki Basoa
Llegué a la poesía, desde el naufragio a un puerto tranquilo. Las palabras y el entendimiento, combinar los pensamientos con los tuyos es un naufragio. El ensayo sin la autoridad es un naufragio. Y ganarse la vida entera. Y desbrozar los ramajes de la selva, para hallar el lago de las aguas lentas y el azul profundo, donde la orilla es una tira de sombreado verde. La sequía nunca la alcanza ni ahogan el boscaje las emociones. Fuera de allí, la extensión de la planicie oculta la intensidad de la pisada. Toda huella está siendo acompañada. Una bandada de pájaros diversos acaba de posarse sobre el borde a beber agua. El rastro de sus patitas ha quedado entrelazado con el posado anterior. Sentirse es un naufragio por dentro, si todos los barcos tratan de amarrar y no caben a un tiempo. De los empellones van deshaciéndose en trizas. Hay que tocar tierra firme, apoyar la mano en nuestra parte no personal y pronunciar en silencio el conjuro: se escriben solas las palabras. Desde las tabernas y el bullicio he arribado a la humanidad. El gentío nos confunde. La evidencia se sostiene a sí misma. Hemos descubierto cortinas, escarbado en los cajones, mudado la piel, nos hemos solazado recibiendo la luz del sol por la mañana, hemos dado paseos desde el centro a la periferia y vuelta, nos hemos arrimado con la lupa de mirar cerca, y estamos escribiendo ahora. ¿He de sentirme mal por escribir ahora? En medio de este naufragio de la humanidad, contarnos la experiencia de un náufrago…
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viernes, 15 de mayo de 2020

¿Cómo vivir nuestro tiempo?

Café filosófico: ¿Cómo vivir nuestro tiempo?


Imagen | Iñaki Basoa
El diálogo filosófico de aquella tarde mostró tres claves para entender cómo vivimos nuestro tiempo. No el tiempo histórico, sino nosotros en el tiempo. Aunque sigamos sin saber muy bien lo que es, a pesar de que continuemos experimentándolo a cada instante. Quizás el tiempo es ya conciencia temporal, “medible” de diversos modos, no sólo cronológicamente, es decir, con un cronómetro en mano. Primero, entonces, la esencia del tiempo. Pero luego, hay que saber que ese tiempo nos viene dado de múltiples maneras, por unas condiciones sociales o históricas. Pero además, el tiempo puede ser tomado como núcleo de la misma condición humana. Todo ello nos configura y configura nuestro tiempo: nuestra noción de tiempo, la condición del tiempo y la condición temporal humana. Puede que las dos primeras condiciones nos obliguen, y puede que la última nos libere. Es posible. Lo veremos, si es posible. El tiempo como posibilidad o el tiempo forzado. Cuarenta y nueve días, con sus noches, llevábamos confinados. ¿Merecía, o no merecía, la pena tratar este tema?
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jueves, 7 de mayo de 2020

POROS (Y PENIA) 5

Poros (y Penia) 5
Imagen | Iñaki Basoa
Con la bruma de la tarde ha llegado el último tren a casa. El rojo y el azul se han escapado del arco iris, queriendo ser los colores mejores. Una revuelta en toda regla, porque los demás colores mezclados, como el violeta o el naranja, también se representan a sí mismos, creen que son el mejor aspecto del reino. Y ninguno se acuerda ya de la abandonada, desvencijada, carcomida, a punto de derrumbarse cúpula celeste. El último tren ha llegado y permanece estacionado unos meses delante de la entrada. Los animales y las plantas no caben de su gozo… El núcleo aguza su oído, atento a los movimientos de la superficie, por si debe resistir unos grados la rotación acostumbrada. Los usos y abusos de algunos metales que se han vuelto duros e independientes. Los elementos que juegan a la química (a natura son posibles todos los enlaces…). El tren parado, resoplando vapor a la puerta, invita todavía al recogimiento, a hacer acopio de todo lo que en el mercado no estamos dispuestos a comprar. Nos invita a explorar el conjunto de nuestras estancias, las de la memoria también, a ordenar nuestro desván –no importa si el ajetreo ensucia un poco la sala de estar–, reconocer todo el interior… y subir, ligeros de equipaje, al tren de la vida y la existencia. Excelsos, divinos, mirarnos en aquellos que han sido capaces de acechar la muerte, de ponerla en un aprieto, rey que no reina.
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martes, 5 de mayo de 2020

POROS (Y PENIA) 4

Poros (y Penia) 4
Siempre nos había parecido que había cosas que no sabíais, que nuestro olvido no era nada comparado con el vuestro. La gravedad es la desconexión. Y se precipitan los seres, hacia un abismo excavado a la medida. Esto me decía, divisando cómo sus patas aprehendían las ramas, una pequeña después de otra más grande y rugosa, con una destreza infinita. Aquellas ramas que aguantaban su peso… No tenía ojos de mirar para mí, por eso no los veía. Pero la telepatía era clara y, por un momento, con el desplazamiento de su pico delante de mí, trazando una linde invisible en la penumbra del árbol, me sentí escudriñado. Bajé la vista y también me observaban, muy fijamente, dos ojos muy negros de miel. En este caso, atendí con más cuidado. Cuántos olores que no puedo oler, cuántas las ondas de luz… Y yo preocupado y él tan tranquilo, como si nada pasara, cuando un bicho, entre lo vivo y lo muerto, esquilma a la humanidad. Que sepas que después de nosotros irá a por vosotros, de tan cerca que caminamos. Comes mi comida, respiras mi respiración. ¿No sientes la angustia, mi incertidumbre? –Yo no sueño… y puedo dormir. El desasosiego despabiló mi insomnio. Y, entre vuelta y vuelta sobre la parrilla del sudor, los pájaros y los perros, éstos con menor intensidad, nos contemplaban como indiferentes, ojos compasivos a un tiempo: ¡Bienvenidos a las fuerzas de la naturaleza! Bienvenidos…
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viernes, 1 de mayo de 2020

¿Por qué sufrimos?

Café filosófico: ¿Por qué sufrimos?

Imagen | Ignacio Bosque
Aceptar significa que te permites sentir lo que estás sintiendo en ese momento. Forma parte de la esencia del Ahora. No se puede discutir lo que es. Bueno, sí se puede, pero si lo haces, sufres. Al aceptarlo, te conviertes en lo que eres: vasto, espacioso.
Eckhart Tolle
Día cuarenta y dos de la cuarentena. Ya más de una cuarentena. Esta parada. ¿Te has detenido a mirar la evolución de tus sensaciones, tus pensamientos, tus emociones? Cómo han cambiado… Suele haber un vuelco significativo hacia los dos tercios de una cuarentena… aunque, claro, ésta es forzada. Para endulzar la tarde, una de las participantes leyó un poema del Premio Cervantes de este año, cuya entrega hubo de ser aplazada, como tantas otras cosas; el poema titulado “Libertad”, de Joan Margarit, en el que hay un verso muy traído y llevado estos días, alrededor del día del libro: “la libertad es una librería”. Y después de un poco de democracia, los asistentes a este quinto café filosófico en la distancia, decidieron que era llegado el momento de hablar del sufrimiento: ¿Por qué sufrimos? También está presente el sufrimiento estos días, fuera y dentro de nuestros hogares… Por qué no dedicarle atención filosófica, si nos está pasando. Nuestra manera de entender la filosofía no es sólo a la manera de Hegel: una lechuza que levanta su vuelo al caer la tarde. Si sufrimos, lo mejor que podemos hacer es preguntarnos por qué sufrimos. Como buenas criaturas pensantes… aunque una débil caña, como sabía Pascal y todos nosotros por experiencia.

viernes, 24 de abril de 2020

¿Estaremos sometidos a un mayor control social?


Imagen| Ignacio Bosque
Obra de tal modo que uses a la humanidad, tanto en tu persona como en la persona de cualquier otro, siempre como un fin al mismo tiempo y nunca solamente como un medio.
Kant
La pregunta que los participantes quisieron plantearse, pasada la cuarta semana de confinamiento social, verbaliza un arraigado temor que recorre algunas conciencias críticas, en estos tiempos de tantas y nuevas tecnologías de la información, cada vez con mayor alcance y capacidad de control ciudadano. Todos conocemos ya los peligros. Todos los hemos presenciado a través de abundantes relatos distópicos. Y la sospecha no es sólo que eso, que hemos visto nacer y desarrollarse a través de la literatura y el cine, pueda pasar, sino que dichos relatos nos dan que pensar si, a la vez, no orientan el desarrollo científico-técnico mismo, generando expectativas y deseos, cuando son utópicos, o bien aceptación resignada, cuando son distópicos. Y se dice: este es el futuro que nos espera. Así pues, la pregunta relevante que sea capaz de orientar adecuadamente nuestra inquietud, ha de incidir necesariamente, también, en nuestra capacidad de control como ciudadanos. ¿Estamos preparados, desde nuestra conciencia ética y política actuales, para regular adecuadamente todo el flujo de información y de medios técnicos que parecen arrastrarnos? ¿Lo están nuestras estructuras políticas y sociales? Si te preocupa –o si quieres constatar que no hay de qué preocuparse– aquí tienes la ocasión para poder pensarlo junto a este nutrido grupo de personas que, sin tener nada mejor que hacer, decidieron conectarse a través de una plataforma virtual y dialogar juntos sobre ello. ¿Afectará este hecho (pensar la tecnología a través de la tecnología) a la discusión? Lo veremos.

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Café Filosófico desde Vélez-Málaga (11.9), 17 de abril de 2020, a las 17:30 horas, Sala on line, Google Meet: https://meet.google.com/ubs-unzn-nfq

miércoles, 15 de abril de 2020

¿Qué podemos aprender ahora?


Imagen| Ignacio Bosque
(…) no te busques en el espejo,
en un extinto diálogo en que no te oyes.
Baja, baja despacio y búscate entre los otros.
Allí están todos, y tú entre ellos.
Oh, desnúdate y fúndete, y reconócete.

Sabemos muy bien, antropológicamente, que la supervivencia humana se ha basado en la capacidad de aprender conductas nuevas, en un mundo de circunstancias siempre cambiantes. Un sistema de respuestas adquiridas y transmitidas socialmente, eso conforma básicamente una cultura. No somos el único animal capaz de generar cultura, pero no hay otra cultura igual a la humana. No juzgamos si mejor o peor… ahora no podemos. Más compleja… quizás. Con la subsiguiente e ilusa conclusión de que creemos que ya somos independientes de la naturaleza. Así que, durante el largo rato que duró este tercer Café filosófico on line, los que participaron supusieron que “aprendemos”, otra cuestión sería cómo aprendemos, qué tipo de aprendizajes o si olvidamos fácilmente lo aprendido. La diferencia, lo crucial ahora, es que la humanidad se ha de enfrentar a una crisis de supervivencia no vista desde hace mucho, quizás una crisis única, al ser más global que nunca su alcance. Y no se trata, sólo, de la pandemia que nos asola planetariamente, ya había otras crisis: ecológica, migratoria, nuclear, tecnológica, terribles hambrunas y desigualdades, crisis sistémicas, económicas, del modelo capitalista predominante, crisis de valores y de sentido… en fin, no seguimos. Y virus mortales, extendidos por la faz de la Tierra, también.
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Café Filosófico desde Vélez-Málaga (11.8), 10 de abril de 2020, a las 17:30 horas, Sala on line, Google Meet: https://meet.google.com/ubs-unzn-nfq

jueves, 9 de abril de 2020

¿Es importante fijarse metas?


Imagen| Ignacio Bosque
Hay una enorme diferencia entre la vida y la tecnología. La vida es autógena: se re-crea, se crea a sí misma. Y aquí el verbo clave es el de «crear». La tecnología re-produce la vida, es decir, la vuelve a producir. El verbo clave: «reproducir»
Luis Sáez Rueda
¿Ponemos nuestra meta en el vivir mismo o en el modo tecnológico de vivir nuestra vida? Esto nos toca bajo la piel, en este estado de confinamiento forzoso… Señala hacia la dirección en que hemos decidido, quizás inconscientemente, por costumbre, mecánicamente, conducir el día a día, sin la actividad exterior, muchas veces frenética, que solíamos. ¿Necesitamos de la constante información o desinformación, el acompañamiento permanente del entre-teni-miento y la evasión diarios a través de sucesivas pantallas? La distinción que nos propone Luis Sáez Rueda –analista hondo y muy sensato de la realidad contemporánea–, se nos muestra decisiva: crear y recrearse, o bien, reproducir sin límites una ficción de la vida, producirla y, ahora que no podemos de igual modo, reproducirla, lo más parecido a la vida anterior, que ahora añoramos como si hubiera sido plena… Y, mientras tanto, dis-traerme, deseando que pase la mala hora y nos parezca cuanto más corta mejor, esta no-vida de ahora. Habremos de volver sobre ello, pues en este segundo diálogo filosófico (on line) era éste uno de los muelles donde amarrar sensaciones… Y, aparentemente, un contrasentido: también nos servimos de la tecnología en este encuentro… aunque, para encontrarnos y tratar de re-crearnos juntos, cada uno. He ahí la diferencia.

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-Café Filosófico desde Vélez-Málaga (11.7), 3 de abril de 2020, a las 17:30 horas, Sala on line, Google Meet: https://meet.google.com/ubs-unzn-nfq

viernes, 3 de abril de 2020

¿Se puede vivir con miedo?

Café filosófico: ¿Se puede vivir con miedo?

Imagen| Ignacio Bosque
porque el héroe se hace con el miedo / sobre todo su miedo / a partir de su miedo / se hace héroe el héroe / ahuecando el miedo / y llenándolo de acción / para entumecerlo / haciendo tiempo en lo hermoso / haciendo tiempo en lo vivo.
Chantal Maillard, Escribir
El café filosófico previsto del mes de marzo hubo de anularse, todos pueden pensar por qué; y se ha retomado on line una semana después, todos sabemos por qué. Si la filosofía ha de estar presente, éste es nuestro presente, aquí y ahora, una pandemia que nos ha confinado forzosamente en casa a la mayoría, los más afortunados. Algunos ni tienen dónde recluirse, mientras que otros se juegan la vida a diario, para que la supervivencia sea posible sin demasiados sobresaltos. Todo un experimento social y toda una experiencia personal, donde la filosofía tiene que poder jugar un papel importante. La filosofía, especialista en crisis, en vivir la incertidumbre, la duda, el cuestionamiento constante, el no conformarse, la desidentificación… en suma, la búsqueda de cómo somos, ahondando en quiénes somos. De igual manera, nuestro veterano café filosófico, dentro de sus limitaciones, adaptándose, ahora a través de una pantalla.
Pónganse cómodos –zapatillas y pijama o chándal–, pongan a punto su café u otra cosa y nos vamos… para llegar. El espacio filosófico está despejado… no hay peligros que nos acechen, tan sólo técnicos. Un espacio de diálogo filosófico y, si es un diálogo, interactivo. Los participantes colaboran para hallar algunas respuestas básicas, sobre aquello que más les concierne en un momento dado. Éste de ahora. Dialogar no es acumular opiniones, no es exponer una tesis a través de una minicharla, tampoco tratar de convencer a nadie ni ganar alguna batalla, o contar mis batallitas. Más bien, la coordinación de varias mentes, colaborando, investigando juntas, que buscan lo mejor de que son capaces, orientando su trabajo hacia el bien y la verdad… Si conviene a todos, me conviene a mí mismo y viceversa… A mí mismo en el fondo, desde el fondo, no a cualquiera de mis personajes.

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Café Filosófico desde Vélez-Málaga (11.6), 27 de marzo de 2020, a las 17:30 horas, Sala on line, Google Meet: https://meet.google.com/ubs-unzn-nfq

domingo, 1 de marzo de 2020

¿Qué significa ser padres?


Si tú volvieras a vivir lo que has vivido, ¿qué harías, o no harías, necesariamente? ¿Tendrías la misma actitud? ¿Vivirías de la misma manera lo que has vivido?1 Dejemos aparte cualquier clase de presunción metafísica o religiosa, y entreguémonos a este experimento mental, a este ejercicio de la imaginación, conscientes de nosotros mismos. Una prueba del algodón muy del gusto de Nietzsche, aunque esta vez no nos pondremos etiquetas: si hemos vivido bien o hemos vivido mal. Si somos suficientemente vitales y afirmamos la vida tal como es. No, sin juicios. ¿Qué volverías a hacer o no volverías a hacer? Simplemente, para aprender de nosotros mismos en un futuro muy próximo... Dieciséis participantes de este segundo café filosófico del año ofrecieron públicamente sus propios aprendizajes: experimentar la vida tal como es, elegir mejor a mis amigos, aprender mejor, pasar más tiempo con mi padre, ser más lanzada, no compararme con los demás, quererme más, tratar de vivir cada día feliz, escucharme más, ser mi mejor amiga, no bloquear mis emociones, no ser tan impaciente, estudiar, viajar por mí misma, expresar lo que siento, volver a ser maestra, ser más consciente y menos visceral. Y ya tan sólo quedaría añadir lo tuyo...



1 Sobre los padres y los hijos: Café Filosófico en Vélez-Málaga (11.5), celebrado el 21 de febrero de 2020, en la cafetería Bentomiz, a las 17:30 horas.

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domingo, 14 de julio de 2019

Sobre la realidad que somos


Si tú te miras, ¿qué queda?
María Zambrano
Nada nos impide planear la vida, ahora bien, en el fondo, ¿quién propone realmente el plan, nosotros o la misma vida? Es muy posible que nuestra vida sea un tejido… Les cuento: teníamos previsto celebrar el último café filosófico de la temporada(i) en el patio de la meditación del antiguo convento de las carmelitas de Vélez-Málaga, en la terraza de la cafetería Área Quattro, como otros junios anteriores, cuando el calor va apretando, pero llegamos allí los participantes y nos encontramos una música a muchos vatios de potencia… Imposible desarrollar un diálogo filosófico, como los dioses mandan. Al dueño de la cafetería lo encontramos tan sorprendido como nosotros: tenía preparada nuestra mesa bajo las columnas antiguas de este patio moderno, pero… tuvimos que improvisar. Acomodarnos en el interior, a pesar de algunos inconvenientes añadidos, y hacernos allí un lugar de discusión. Y lo hicimos. Y nos gustó. ¿Quién propone realmente el plan de la vida? Nosotros sólo pudimos responder a la situación, pero respondimos y generamos una situación inexistente, imprevisible, nueva. La vida se enrama con la vida. 
Antes de plantearnos una pregunta fundamental sobre la temática del día, el facilitador de estos encuentros de Filosofía Practicada, les pidió a los participantes, tenaces ante las adversidades pasadas y venideras, que adelgazaran en una sola expresión o palabra su experiencia reiterada de estos cafés filosóficos. Esto a los veteranos de la reunión; a los visitantes nuevos les pidió que se refirieran a la expectativa previa que traían consigo. Y ya con ellos, vosotros, queridos lectores de estos relatos ulteriores, también podéis haceros alguna idea, que al menos logre rozar un poco la realidad de estos encuentros –nada sustituye la asistencia y la participación personal–. Aquí van algunas de sus respuestas: cada uno es diferente; el enriquecimiento mutuo; la lucidez del grupo; la utilidad para la vida; las palpitaciones que siento; la escucha; un método para llevarme a casa; una salida de lo común; aclararme en mi vida, expresarme, etc. Clarificar, cuestionar, definir o extraer consecuencias de cada una de estas impresiones, ya sería por sí mismo materia para todo un café filosófico. Pero nos limitamos en este espacio escrito a relatar lo que allí, aquella tarde ruidosa y calorienta, sucedió. Una parte del mundo.
¿Quién soy yo en el fondo de mí mismo? La pregunta. La identidad personal, la temática. Pudo ser el valor de las matemáticas, pudo ser el sistema educativo, si funciona, pero no fueron. Hoy. Ese día. Fue la preocupación acerca de cómo saber si nosotros somos nosotros mismos, y también, agazapada, la pregunta acerca de si lo estamos siendo. Pues bien: después de tantear el problema, el moderador propuso que la investigación sobre nosotros mismos, quiénes somos en el fondo, la lleváramos a cabo a través de experiencias particulares, personales –en esencia, lo que Lou Marinoff propone como diálogo socrático en su conocido libro(ii)–. Pero, no estará de más repasar antes dicho tanteo previo del problema. Porque, si lo pensáis, tenemos la experiencia dual, en nuestras vidas, de no ser nosotros mismos en su transcurso y, a la par, de serlo a pesar de todo. ¡Cuántas diferencias, cuanta evolución, cuánto aprendizaje a lo largo de mi vida, sea más larga o más reciente su comienzo! (No olvidéis que en este tipo de encuentros conviven personas de distintas edades y experiencias). Pero, ¿quién ha sufrido todos esos cambios? La sensación de mí, ¿no se mantiene la misma? Para vislumbrar esto con claridad es necesario profundizar… en nosotros mismos. Porque mirad –y esto lo vieron muy claro los participantes– si bien la superficie del mar suele estar agitada y cambiar en cada momento, el interior del océano, cuanto más profundo más, ¿no suele estar en calma? Fue interesante presenciar –y este es un tipo de alumbramiento que puede suceder en un café filosófico, un momento filosófico por excelencia– cómo una participante que al principio negaba una realidad estable en nosotros, después de la discusión, pasados unos minutos, cuando la conversación seguía ya otro cauce, defendía a capa y espada lo que antes negaba. Ella misma. La permanencia de ella misma.
Vamos ya con esas experiencias básicas que habrían de aportar al grupo algo de la ansiada luz que se había propuesto alcanzar por sí mismo. ¿Cuándo me he sentido yo a mí mismo, más real, más de verdad? Y se describieron tres experiencias profundas, intensas, auténticas, donde aflorara el mí mismo.
a) Durante un voluntariado en Perú, ayudando a niños pequeños, sintió cómo “todo rodaba”, que “se dejaba llevar”, que “no luchaba” contra los inconvenientes, fluía, y a la vez era “fiel a sí misma”. Una situación en la que el exterior penetraba en el interior sin resistencia y la respuesta aparecía sola.
– ¿Qué capacidades sentías más diáfanas en ese estado?
– Mi voluntad era clara.
– ¿Qué más?
– Era capaz de aventurar nuevas respuestas, más creativas.
Pero, esta experiencia tuvo un momento crítico, como siguió narrando su protagonista: las fotos que habrían de conservar esos momentos dichosos se perdieron en el viaje de vuelta.
– ¿Qué te dolía más de esa pérdida?
– El que fueran testimonio de una experiencia tan maravillosa y se perdiera…
– ¿Qué sentimiento representaban para ti dichas fotografías?
– La felicidad que allí sentí…
– ¿Y no sigue estando presente en ti? Eso que allí desarrollaste…
– Sí, muy presente.
b) Hubo un tiempo en que esta participante vivió una depresión importante… y descubrió el pintar. Pintaba horas y horas, se “olvidaba de todo”, “el tiempo no existía”, en esa actividad se sumergía y “era ella”, “no necesitaba nada más”.
– ¿Y sólo era el tiempo que pasabas pintando?
– No eran las horas que pintaba, sino la intensidad con que lo hacía. La sensación de estar sumergida totalmente. Una sensación de unidad total con lo que hacía.
– Pero dices que te olvidabas también de las horas que pasaban, ¿eras consciente de lo que hacías mientras lo hacías..?
– Totalmente consciente
– ¿Y eras consciente de lo que hacías o de ti misma que lo hacías…?
– Ambas cosas.
c) Durante el transcurso de su carrera universitaria pasó por una fase autodestructiva, en la que incluso llegó a tomar muchos medicamentos, pero cuando meditaba “se distanciaba de sí mismo” y sus problemas actuales, “no sentía miedo a la muerte”, incluso le venían “flashes de la infancia” muy temprana. Es decir que, en medio de la fragilidad de su vida, emergían experiencias poderosas.
– ¿Cómo te sentías en ese estado meditativo?
– Una gran libertad, una gran creatividad
– ¿Y qué más?
– Aumentaba mi capacidad de observación, de penetrar en las cosas…
– Tú observabas…
– Era capaz de sentirme.
– También, ¿sentías al que observa, el observador…?
– Así es.
Preguntábamos –y vosotros con nosotros– quiénes somos en lo profundo de nosotros mismos, de qué estamos hechos en la hondura en calma del océano, y estas experiencias nos lo estaban revelando. El grupo hizo acopio de lo hallado, como tú puedes hacer lo mismo. Quizás consistamos de verdad en algo de todo eso, o al menos, algo hermanado con todo eso: la transparencia interior, la clara voluntad que emerge del interior y crea nuevos mundos, o tal vez son creados a través de ella misma, una felicidad sentida en sí y por sí, sin objeto, inenarrable, un estado de presencia interior que no depende de nada exterior para ser, con una intensidad sin límite, una fuerza que te liga al universo entero, una consciencia lúcida de los objetos y, a la vez, autoconsciencia de uno mismo como sujeto que ve, siente o hace, un estado de libertad y creatividad totales, yo mismo sin condicionamientos ni limitaciones, en que todo sale fácil y con naturalidad de mí a través de mí, una capacidad de penetrar en la verdad de las cosas y situaciones bajo su superficie, en que puedo sentirme mientras siento y me siento…
Cualidades esenciales de mi yo profundo, único y permanente, más allá, o más acá, de mis fluctuaciones mentales, emocionales o físicas. Pero, entonces, ¿te vale esta respuesta provisoria? Por lo menos, procura estarte atento a esos momentos en que tú eres tú mismo… ¿De qué están hechas esas tus experiencias, tan tuyas? Mientras las estás viviendo… Antes de que se transmuten en recuerdos o deseos, imágenes de tu mente, y quieras contarlas, dejando de ser lo que son; por ese mismo gesto mental: re-presentación y no ya presencia, cosa y ya no ser.
Sólo a partir de que había dudado acerca de la verdad de otras cosas, se seguía muy evidente y ciertamente que yo era, mientras que, con sólo que hubiese cesado de pensar, aunque el resto de lo que había imaginado hubiese sido verdadero, no tenía razón alguna para creer que yo era (iii).
El estado de yoga es la detención de la actividad automática de la mente.
Entonces, el que observa permanece en su propio centro.
En las demás ocasiones, se identifica con la agitación mental (iv).

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Café filosófico celebrado en Vélez-Málaga (10.9), el día 21 de junio de 2019, en la cafetería Área Quattro, a las 17:30 horas.
ii Lou Marinoff, Más Platón y menos Prozac.
iii Descartes, Discurso del método.
iPatanjali, Yoga-sutra.

viernes, 25 de enero de 2019

Vivir la realidad. Monográfico HNS Realidad y Apariencia

Ahora, yo me pregunto: ¿realmente estamos viviendo la realidad de las cosas, o es que estamos viviendo nuestra noción de realidad puesta en cada cosa que tenemos delante?
Antonio Blay, La realidad.
El egoísmo es una defensa eficaz. Se confunde por ello, fácilmente, con el núcleo. Pero el núcleo no es eso, no es el . El núcleo es energía neutra, sin juicios, sin opiniones: “pura”. El núcleo es la condensación de energía, consciente a otro nivel, autoconsciente, a la que podemos remitirnos cuando bajamos las defensas, hacemos transparentes las murallas del yo y confiamos.
Chantal Maillard, Diarios indios.
Aquí estoy yo, que me planteo la pregunta sobre la realidad. Si la realidad ya estaba antes de mi pregunta, o de mi preguntar mismo, si yo no la he creado, si muchas cosas que me rodean, y con las cuales convivo, no dependen de mí, son independientes (o se han independizado de mí), y si conocer la realidad de cada cosa es tan tremendamente complicado –según me dice mi experiencia pasada–, al menos, ¿podremos llegar a sentir su realidad como tal, captarla, vivirla? ¿Al menos como presencia, que está y que yo estoy; que es y que yo soy? Si soy consciente de que vivo, a ello debe corresponderle alguna realidad. Mientras estoy viviendo, algo viviré, alguien vivirá en mí, alguien vivirá en el mundo…
Este acercamiento que ofrecemos, no definitivo, no exclusivo (no excluyente), se guiará inicialmente por la historia del pensamiento occidental, navegará un tiempo entre aguas turbulentas y arribará a una pacífica playa oriental: la búsqueda de la identidad a través de la autorrealización. Un remanso que siempre había estado allí, pero que occidente había olvidado que estaba. Incluso oriente, por desgracia, en la actualidad convertido en un remedo kitsch de estilo occidental.

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jueves, 13 de diciembre de 2018

La sabiduría del suicidio y de la muerte

La sabiduría del suicidio y de la muerte. Monográfico Eutanasia y Suicidio
Imagen | Iñaki Bellver

La pregunta que siempre ronda nuestras cabezas, ante un caso de suicidio, suele mostrar este cariz: ¿Por qué? ¿Qué puede llevar a alguien a hacer algo así? Sin darnos cuenta de que la pregunta por qué suicidarse implica siempre a la vida misma: ¿Cómo se está viviendo? ¿Cómo estoy yo viviendo? Suicidarse, uno puede elegirlo, o bien, no tener más remedio, de lo mal que se vive. Pero nuestra relación con la vida implica nuestra relación con la muerte, pues ambas son indisociables. De hecho, apelando a nuestra intuición, como suele hacer, el sabio Krishnamurti nos recuerda que “si debemos o no suicidarnos, es una pregunta que la formula un hombre que ya está parcialmente muerto”. Podemos vivir conscientemente, “muriendo” a cada instante, y así vivir con plenitud y autenticidad, amorosamente, como aconsejaba el viejo sabio sufí Ibn Arabi (“morid antes de morir”), o bien, podemos vivir en los participios: estando ya todo acabado y muerto en la vida. Sucede esto último cuando subsiste un miedo a vivir, o cuando nos apartamos del vivir de veras, sumidos en la avaricia o en la debilidad, en la apatía o en la ansiedad, en la venganza o en la envidia…, en las creencias y no en la realidad. El miedo a vivir está en el origen de todas nuestras salidas desarraigadas de la vida y a la muerte, ese tándem que constituye nuestra existencia. Vayamos ahora paso por paso.


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viernes, 13 de julio de 2018

¿Qué soy yo?

¿Qué soy yo?
Preguntar por la naturaleza humana –en la era de la ciencia y la tecnología– ha de llevarnos con frecuencia a recoger confortablemente los resultados de las ciencias humanas y naturales. Y con ello ya obtendríamos una prolija recopilación de datos acerca de lo que somos. Sin embargo, por muy necesario que esto pueda parecer, por muy conveniente que resulte disponer de la última información registrada por la neurociencia o la antropología, evitando el riesgo de tratar de responder a la pregunta qué somos sin el asidero de los hechos –hasta el momento– contrastados empíricamente, tan sólo estaríamos situados en la superficie visible de nuestra naturaleza. Incluso, diríamos, en la superficie de la esencia del universo. La pregunta por la naturaleza humana –qué soy yo– necesita acudir al fondo de lo que yo mismo soy –quién soy yo–, y no solamente cómo somos, mis variados y cambiantes modos de ser, nuestras características observables, también desde la perspectiva de lo estudiable científicamente.

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domingo, 20 de mayo de 2018

Por qué el arte



¿Qué es el Arte? ¿Por qué el Arte? ¿Para qué el Arte? Preguntas esenciales sobre una faceta esencial del ser humano, que los participantes de este Café Filosófico no quisieron dejar de abordar en un marco tan señalado: las actividades de la III Bienal de Arte y Escuela de la Axarquía (11-23 de mayo de 2018). El arte nos sale de dentro, pues no deja de ser una de las capacidades más propiamente humanas, vinculada a nuestra dimensión espiritual, algo de lo más sublime a que podemos aspirar sentir, expresar, vivir. Ahí está el testimonio ancestral de las pinturas rupestres... Que uno puede pensar que poseían una utilidad práctica, pero que suscitan y expanden emociones. Aunque es cierto que el arte, a través de sus obras, tanto en el acto creativo del artista, como en el acto contemplativo de quien las observa o participa en ellas, añade un plus, un goce, pero que se disfruta por sí mismo y no como medio para otra cosa, que aporta algo no material a través de lo material, diferente, más allá de lo dado.

¿Qué es lo bello que el arte propicia? ¿Es lo bello sólo lo que es agradable, bonito, placentero? Una animada discusión que llegó a situar al grupo ante la siguiente tesitura: si únicamente es agradable lo bello, habríamos de arrojar a la basura buena parte de lo que hemos considerado obras de arte, de aquello que nos permite contemplar la belleza de variadas maneras... ¿Qué habríamos de hacer con lo siniestro, lo inquietante, lo terrorífico, lo fúnebre, lo perverso, incluso la fealdad aparente, que nos puede suscitar de otro modo una experiencia estética? ¿Eliminamos de un plumazo las pinturas negras de Goya o los relatos de terror de Edgar Allan Poe, por ejemplo? Como dijo Víctor Hugo:

  “La musa moderna sentirá que no todo en la creación es humanamente bello, que lo feo existe en ella al lado de lo bello, lo deforme junto a lo gracioso, lo distorsionado en el reverso de lo sublime, el mal con el bien, la sombra con la luz; y se preguntará si concierne al hombre rectificar a Dios”.

Así, el grupo convino que la esencia de la belleza es de una calidad anterior a todas esas sensaciones, agradables o desagradables, que forma parte de una sutileza previa de que están hechas todas las cosas. Y, ¿qué tiene la belleza, que el arte y la naturaleza tanto la procuran, si la miramos con ojos nuevos? Ellos y ellas, estos dieciocho participantes te lo indican: una forma de conexión, una forma de armonía y de unidad, una conmoción que no te deja indiferente, una forma de comunicarnos, una forma de conocer y de conocernos, que no es reducible a ninguna otra forma de conocimiento, que finalmente hay que sentir y que gozar, hay que vivir. Porque si no... ¿dónde estás belleza?

El próximo miércoles, en el mismo sitio, habrá más...