Café
Filosófico en Vélez-Málaga 7.7
22
de abril de 2016, Cafetería Bentomiz, 17:30 horas.
¿Es
posible conectar ciencia y espiritualidad?
Si la filosofía es antes que nada “filosofar”, no puede
agotarse ni morir este impulso tan humano porque se fuera consumando el deseo
subterráneo de algunos sectores interesados —generalmente mercantilistas— para
que desapareciera la filosofía de la faz del currículo académico, ni tampoco
decaer porque la asistencia a nuestro tradicional encuentro filosófico de los
viernes hubiera sido menor este día. La filosofía se arraiga en una necesidad
muy profunda de preguntarnos por el mundo y por nosotros mismos, así que no
podría terminarse nunca. Y lo mismo sucede con la poesía. No en vano, filosofía
y poesía han caminado una al lado de la otra desde hace tanto.
La poesía ha muerto, dice.
Una pantalla de televisión siempre repite lo que dice. Once segundos, como un
endecasílabo, y ya parece una noticia vieja. El viento y sus imágenes son una
forma de repetición. La poesía ha muerto, dice.
Así lo ha dejado escrito el poeta granadino Luis García
Montero en su reciente poemario en prosa Balada en la muerte de la poesía.
Y efectivamente, perderíamos mucho si muriera el género literario de la poesía,
lo mismo que si muriesen las artes en general, y las humanidades. Pero no
moriría por ello la poesía. De ninguna manera. Arraiga en una necesidad profundamente
humana de expresar lo que sentimos, todas las habitaciones y sus rincones de
nuestra alma. De hecho, la poesía fue primero una actividad oral y persistiría
de cualquier otro modo poético. Al igual que la filosofía, que no es el
contenido sino su forma filosófica la que la conecta con todos nosotros.
Podemos discrepar en las respuestas filosóficas, pero no en la necesidad de pensar
y sentir por nosotros mismos. Por lo tanto, solamente hay que preocuparse de
filosofar. Dejemos otras cuestiones para los especialistas. De hecho, Luis
García Montero, como verdadero poeta que es, poetiza poéticamente sobre la
poesía en su poemario, mostrando la vitalidad de lo poético. ¡En cuantas
ocasiones no habrá la filosofía reflexionado sobre la filosofía! Su utilidad,
su destino… Y esto le hace estar aún más viva. Veamos qué ha pasado hoy. Los
participantes le han dado vida, una vez más.