Marc Sautet au Café des Phares (Paris 1994) Photo: Wolfgang Wackernagel
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viernes, 5 de junio de 2020

POROS (Y PENIA) 12

Poros (y Penia) 12
Imagen | Iñaki Basoa
Llegué a la poesía, desde el naufragio a un puerto tranquilo. Las palabras y el entendimiento, combinar los pensamientos con los tuyos es un naufragio. El ensayo sin la autoridad es un naufragio. Y ganarse la vida entera. Y desbrozar los ramajes de la selva, para hallar el lago de las aguas lentas y el azul profundo, donde la orilla es una tira de sombreado verde. La sequía nunca la alcanza ni ahogan el boscaje las emociones. Fuera de allí, la extensión de la planicie oculta la intensidad de la pisada. Toda huella está siendo acompañada. Una bandada de pájaros diversos acaba de posarse sobre el borde a beber agua. El rastro de sus patitas ha quedado entrelazado con el posado anterior. Sentirse es un naufragio por dentro, si todos los barcos tratan de amarrar y no caben a un tiempo. De los empellones van deshaciéndose en trizas. Hay que tocar tierra firme, apoyar la mano en nuestra parte no personal y pronunciar en silencio el conjuro: se escriben solas las palabras. Desde las tabernas y el bullicio he arribado a la humanidad. El gentío nos confunde. La evidencia se sostiene a sí misma. Hemos descubierto cortinas, escarbado en los cajones, mudado la piel, nos hemos solazado recibiendo la luz del sol por la mañana, hemos dado paseos desde el centro a la periferia y vuelta, nos hemos arrimado con la lupa de mirar cerca, y estamos escribiendo ahora. ¿He de sentirme mal por escribir ahora? En medio de este naufragio de la humanidad, contarnos la experiencia de un náufrago…
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jueves, 21 de mayo de 2020

POROS (Y PENIA) 11

Poros (y Penia) 11
Imagen | Iñaki Basoa
Grândola, vila morena / terra da fraternidade
/ o povo é quem mais ordena / dentro de ti.
José Afonso
Hay dos maneras de pasar esta cuarentena: solo o acompañado. O mejor dicho, cuatro: bien o mal acompañado. Ya se sabe por experiencia propia. No se trata solamente de estar solo, sino de sentirse solo. ¿Cuántos seres humanos estarán desistiendo de sí mismos? Podemos rebuscar en la memoria. Cada uno de esos casos pensados ya los hemos vivido… alguna vez de alguna manera. El drama de la mujer que tiene que vivir con su maltratador, víctima y verdugo se sienten, por motivos distintos, tan solos… Los padres conviviendo con los hijos que no se sienten hijos, dudando si son buenos padres… Los niños que adolecen de ser niños y los adolescentes que abominan ser niños todavía. El miedo de todos vivido como pánico individual. –Es mi miedo, no te metas con mi miedo. La soledad de las ausencias, las in-despedidas y los des-abrazos. Los mayores, por la edad menores, aislados, que no saben no comprenden, a los que el mundo ve como diana, sin saber muy bien la procedencia de los dardos. A los que padecen o han padecido algún trastorno, los que están y no están, vamos a ayudarles a estar con nosotros, sin dejar de estar con ellos. A los que residen y no residen, a los residentes de otra patria u otro tiempo, decirles que son como nosotros. A todos los que son aplaudidos y no se aplauden a sí mismos. La sudorosa soledad dentro de un traje, o de una mascarilla jadeante, cuando se llega al hotel, sin los medios ni la vida propia. La soledad de los errores de un gobierno ante el penalti. La soledad espuria de los que sólo saben criticar por criticar, y creen hacer algo. La soledad del que dice lo que piensa… Vamos a mirarnos como portugueses y no por encima del hombro. Tu soledad es mi soledad. Yo, al menos, voy a tratar de acompañar, haciendo de mi retiro una generosa soledad tuya, un provechoso amor.
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lunes, 18 de mayo de 2020

POROS (Y PENIA) 10

Poros (y Penia) 10
Imagen | Iñaki Basoa
Me duele la primavera en los ojos. Amarillos, lilas, blancos, intensos, deslumbrantes, me duelen por primavera. Parece increíble, pero no enfoca bien mi vista. Inadaptada se ha vuelto. Me cuesta triunfos mirar las vistas, apreciar lo lejano al levantar la cabeza… Con el encierro se me ha desacostumbrado la lejanía. La mente sigue siendo capaz, pero los ojos no lo parece. Incluso, los colores que se oyen taladran mis oídos. (Menos la alondra totovía que me avisa de la mañana. Me despierta desde mi profundidad onírica a la del sol.) Están los colores tan bien coloreados que me duelen los ojos y los oídos, su belleza en el alma. Pero no debería quejarme… La naturaleza nos da la ocasión de saborear la tregua, de recrearnos con sus luces, las mil tonalidades de lo verde. Nos agradece el hacer bien nuestro trabajo. Y se siente uno reconfortado, después de tanto… ¿Sacrifico? No sé… Cumpliendo un fin común, nos situamos más allá de nosotros. Coautores de una ley natural. Por una vez, somos naturaleza humana. Hermanados con el universo, mediante un sencillo gesto: siendo solidarios entre nosotros. Ningún otro animal puede pertenecer sin perderse a sí mismo. Es nuestro sello, nuestra contribución a la ley de la naturaleza, por la que cada ser es en cada ser. Mucho llueve estos días y verdea, amarillea, blanquece la luz pequeñas áreas que llamamos flores blancas o amarillas. Vuelvo a mirar en la distancia, y ahora el dolor es territorio pasajero. No duele. Comprende.
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sábado, 16 de mayo de 2020

POROS (Y PENIA) 9

Poros (y Penia) 9
Imagen | Iñaki Basoa
A Pepe Zafra
La libertad está hecha de lugares interiores. Entrar en una habitación y sentir que todo está completo. Una sensación confortable, generosa, de luz dorada color blanco. Lo mismo da sentarse en un sitio que en otro, o mirar por la ventana. La libertad no es lo que ha de hacerse, pensarse, decirse, sino que haya sido asumido como propio. Ahí ningún tirano tiraniza. La libertad es una habitación propia, descubrió una mujer antes que un hombre. Una habitación habitada, abierta de ventanales que dan al horizonte. Sus paredes, traslúcidas, la retienen sin retener, quiere ser y ya existe. Está repleta de estanterías, desordenadamente ordenadas. Un orden propio. Elegido ya, como esta combinación única de lenguaje que ahora transcribo, y que me expresa al expresarme. En cada estante una posibilidad, en cada línea una vivencia. Abres un libro y desaloja un sitio en la memoria, donde cabe un ancho mar y la montaña sobre las nubes. Sin saberlo, has ido a parar a tu sillón de costumbre. Conviene estar preparado. Pueden amanecer tempestades y los sembrados de pinos ser tan altos, tan lejanos los senderos, que haya que descansar de la jornada. Y de nuevo un día, cuando suene la campanilla de la puerta, respondiendo al empuje de tu brazo, quizás te acuerdes del celebrado verso de Joan Margarit: la libertad es una librería…, si has aprendido a estar solo. Si te has liberado de deseos y de modas. Y de las prisas. Esos complejos temores que te impidan levantar la vista por los pasillos. Navegar en un barco sin timón… “Adónde me llevará” es la única pregunta, de cuya mano merece la pena entrar en una librería, ese lugar de las vidas resueltas. El lugar donde se elaboran libertades, capa a capa, con todo el material que tú te has traído. Donde puedes llegar a sentir, detrás de la mente y del cerebro, por la espina dorsal como tu eje, de gozo un escalofrío.
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jueves, 14 de mayo de 2020

POROS (Y PENIA) 8

Poros (y Penia) 8

Imagen | Iñaki Basoa
Los abrazos, las risas y los besos. ¿Sabremos cómo hacerlo y recibirlos? Ascendía los puertos de montaña con la ayuda de algunas multiplicaciones, pero los ascendía. Conocía el grado de mi fuerza y lo graduaba. Me explicaba y me entendían. El lenguaje fluía aterciopelado y útil llegaba a su destinatario, su mente y sus emociones. Gastaba citas que ahora no sé cómo pronunciar. Quizá las gasté ya del todo. No sé si soy capaz de hilar las palabras con la vida. Ni sentir con otros, que no sea en la virtualidad de los otros. Desconozco si la compasión ha menguado en mí. ¿Seré capaz de estar a la altura? De vuelta a la normalidad… Es como estar de vacaciones y no saber si son vacaciones. ¿A qué te dedicabas antes? Ah, sí. Ahora lo recuerdo. Tendré que repasar. Me buscaré una gramática básica y repasaré los giros más frecuentes, las reglas fundamentales. Pero esto no son unas vacaciones… Tampoco para mí. No te confundas. Aunque también haya dolor, como en unas vacaciones. ¿Qué es lo que habría de estar vacante? Nada está vacante, sólo la libertad de vivirse uno. Quiero hilar mis palabras con la vida… Y compruebo mi torpeza. Es posible que yo sea una rémora de mí mismo, después de estas largas “vacaciones”, cuando se acerque la hora de volver. Mientras tanto, tendré que seguir practicando, y estar preparado, como si nunca hubiera dejado de estar preparado. Haciendo ejercicio, escribiendo, sintiendo con otros a través de una pantalla… lo mismo que yo siento.
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lunes, 11 de mayo de 2020

POROS (Y PENIA) 7

Poros (y Penia) 7

Imagen | Iñaki Basoa
Diario de trincheraDía treinta. Cercanos se oyen los silbidos de las bombas, luego su explosión, de la que saltan cuerpos como trapos y uno viene a instalarse junto a mí. No puedo evitar sentir su muerte con la mía. Tengo sed, mucha sed. Bebe agua, mi hermano, que esto lo vamos a ganar, escucho desde la profundidad de la saliva que destila mi garganta. Sabe a fango y a sangre y a horror. Recobro el aliento y pregunto en el aire sucio a quién le disparamos. –Tú dispara, aunque no distingas, el enemigo lo tienes delante. Esto es una guerra y la vamos a ganar. Pero sigo sin saber si él se reconoce como enemigo. Quizás si nos viéramos las caras, dejaríamos de bombardearnos. Nosotros preguntaríamos sus motivos para atacar y él objetaría qué nos pasa, por qué necesitamos ser enemigos. En el seno de la vida no los hay. Entonces, ¿dónde yace escondido el nuestro? Dicen, queriendo decir: quien va buscando amigos, los encuentra. ¿En qué lugar se ha atrincherado, entonces, mi par hostil? La naturaleza no tolera enemigos. La combatividad sí, pero no la hostilidad. Pensándolo bien, si es nuestro enemigo, es solamente nuestro. Y no hemos probado a dialogar… Ya no nos acordamos desde cuándo. La naturaleza es nuestra enemiga. En qué parcela de nuestro miedo se inventó esto. Fue un momento fabuloso y tan falaz… Buscábamos una alegría completa y ya había sido culminada… Todo se ha parado durante un larguísimo segundo, y sólo puedo oír el silencio de las bombas.
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sábado, 9 de mayo de 2020

POROS (Y PENIA) 6

Poros (y Penia) 6
Imagen | Iñaki Basoa
Doblegar la curva. ¡Vaya esotérico mensaje! Puede uno imaginarse al artesano en la fragua, martillo sobre yunque, domeñando el metal maleable. Luchando. A fuerza de estruendos poderosos doblegar la recta para convertirla en curva, cada vez más apta, cada vez más dócil y llena de buenos propósitos. Previamente, se ha requerido, con parsimonia, calentar y recalentar, vencer y vencer la resistencia, hasta que el metal se ha vuelto de un rojo extenuado. Domeñar la curva. El punto (o pico de ave) en que comprenda que ha perdido el control, que su auténtico dueño es aquel que lo domina. En fin, que sienta el poder en la dermis y la resignación en la entraña. No afecta que sigamos triturando las partículas más expuestas, más débiles o carentes, la otra cara del impacto. Ni siquiera, con el paso de esta eterna conmoción, el yunque es ya el yunque que solía. También se ha ido deformando. Sin embargo, tras siglos y milenios de acoso impenitente, después de tantas pérdidas, y tantas heridas, continúa incólume el bloque como bloque. El bosque no ha desaparecido, alimenta todavía el forjado. El agua refrigera la temperatura, que no sobrepase los límites. El aire, sin rebelarse del todo, a día de hoy no entorpece la combustión. Ni siquiera el brazo recio del fornido forjador ha decaído, saludables gritos acompañan sus golpes con denuedo. Incluso recibe los ánimos de un público que ha pagado ya su entrada, con la intención de obtener beneficio, o al menos, recuperar la inversión. Doblegando la curva garantizamos el público y una función diaria. Somos los expertos de la biopolítica. –Acércate a la lumbre, mi hermano, que hace mucho frío fuera… y hemos de tomar decisiones.
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jueves, 7 de mayo de 2020

POROS (Y PENIA) 5

Poros (y Penia) 5
Imagen | Iñaki Basoa
Con la bruma de la tarde ha llegado el último tren a casa. El rojo y el azul se han escapado del arco iris, queriendo ser los colores mejores. Una revuelta en toda regla, porque los demás colores mezclados, como el violeta o el naranja, también se representan a sí mismos, creen que son el mejor aspecto del reino. Y ninguno se acuerda ya de la abandonada, desvencijada, carcomida, a punto de derrumbarse cúpula celeste. El último tren ha llegado y permanece estacionado unos meses delante de la entrada. Los animales y las plantas no caben de su gozo… El núcleo aguza su oído, atento a los movimientos de la superficie, por si debe resistir unos grados la rotación acostumbrada. Los usos y abusos de algunos metales que se han vuelto duros e independientes. Los elementos que juegan a la química (a natura son posibles todos los enlaces…). El tren parado, resoplando vapor a la puerta, invita todavía al recogimiento, a hacer acopio de todo lo que en el mercado no estamos dispuestos a comprar. Nos invita a explorar el conjunto de nuestras estancias, las de la memoria también, a ordenar nuestro desván –no importa si el ajetreo ensucia un poco la sala de estar–, reconocer todo el interior… y subir, ligeros de equipaje, al tren de la vida y la existencia. Excelsos, divinos, mirarnos en aquellos que han sido capaces de acechar la muerte, de ponerla en un aprieto, rey que no reina.
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martes, 5 de mayo de 2020

POROS (Y PENIA) 4

Poros (y Penia) 4
Siempre nos había parecido que había cosas que no sabíais, que nuestro olvido no era nada comparado con el vuestro. La gravedad es la desconexión. Y se precipitan los seres, hacia un abismo excavado a la medida. Esto me decía, divisando cómo sus patas aprehendían las ramas, una pequeña después de otra más grande y rugosa, con una destreza infinita. Aquellas ramas que aguantaban su peso… No tenía ojos de mirar para mí, por eso no los veía. Pero la telepatía era clara y, por un momento, con el desplazamiento de su pico delante de mí, trazando una linde invisible en la penumbra del árbol, me sentí escudriñado. Bajé la vista y también me observaban, muy fijamente, dos ojos muy negros de miel. En este caso, atendí con más cuidado. Cuántos olores que no puedo oler, cuántas las ondas de luz… Y yo preocupado y él tan tranquilo, como si nada pasara, cuando un bicho, entre lo vivo y lo muerto, esquilma a la humanidad. Que sepas que después de nosotros irá a por vosotros, de tan cerca que caminamos. Comes mi comida, respiras mi respiración. ¿No sientes la angustia, mi incertidumbre? –Yo no sueño… y puedo dormir. El desasosiego despabiló mi insomnio. Y, entre vuelta y vuelta sobre la parrilla del sudor, los pájaros y los perros, éstos con menor intensidad, nos contemplaban como indiferentes, ojos compasivos a un tiempo: ¡Bienvenidos a las fuerzas de la naturaleza! Bienvenidos…
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jueves, 23 de abril de 2020

Librerías llenas de libres...



A Pepe Zafra


La libertad está hecha de lugares interiores. Es entrar en una habitación y que todo haya sido realizado. Es una sensación confortable, generosa y de luz dorada color blanco. Que lo mismo dé sentarse en un sitio que en otro sitio, o mirar por  ventana. La libertad no es lo que queda por hacerse, es lo que ya ha sido hecho, pensado o dicho, asumido como propio. Donde ningún tirano tiraniza. La libertad es una habitación propia, descubrió una mujer antes que un hombre. Una habitación habitada, abierta de ventanales que dan al horizonte. Su paredes, traslúcidas, retienen y no retienen, quieren ser y ya existe. Está repleta de estanterías, desordenadamente ordenadas. Un orden propio. Elegido ya, como esta combinación única de lenguaje que ahora escribo, que me expresa al yo expresarme. En cada estante una posibilidad, en cada línea una vivencia. Abres un libro y desaloja un sitio en tu cabeza, donde cabe un ancho mar y la montaña sobre las nubes. Sin saberlo, has ido a parar a tu sillón de costumbre. Conviene estar preparado. Pueden amanecer tempestades y los sembrados de pinos ser tan altos, tan lejanos los senderos, que haya que descansar de la jornada. Y de nuevo un día, cuando suene la campanilla de la puerta, respondiendo al empuje de tu brazo, quizás te acuerdes de aquel celebrado dicho de Joan Margarit: la libertad es una librería... si has aprendido a estar solo. Si te has liberado de deseos y de modas. De las prisas. Esos complejos temores que te impidan levantar la vista por los pasillos. Navegar como en un barco sin timón... Adónde te llevará es la única pregunta, de cuya mano merece la pena entrar en una librería, el lugar de las vidas resueltas. El lugar donde se elaboran libertades, capa a capa, con todo el material que tú te has traído. Con él sientes detrás de la mente y del cerebro, por la espina dorsal como tu eje, un escalofrío.

sábado, 11 de abril de 2020

POROS (Y PENIA) 3

Poros (y Penia) 3

Imagen | Ignacio Bosque

Ahí reconozco a un ser humano, por su abrazo. “Las extremidades superiores apresan los cuerpos entrelazados durante unos segundos”, señala el observador extraterrestre. Y ahí reconozco a un ser humano, porque se besa con otro ser humano, besándose a sí mismo. “Las partes carnosas de la boca exterior presionadas mutuamente”, parece comprender el observador imparcial. ¡Qué gesto más inútil! Ahí reconozco a un ser humano, por la risa. “La risa deforma las facciones y hace que los hombres parezcan monos”, reprime su risa el venerable Jorge. ¡Qué costumbres más prescindibles! La mente piensa y el cuerpo se reproduce. ¡Qué más hace falta! Que los dedos sean digitales, y los rostros, ¿cuál es la diferencia? Mientras el cuerpo produzca y se reproduzca... Mientras la mente calcule y administre mundos intercambiables... Mientras los dispositivos retransmitan y reciban la información puntualmente... Aquí me tenéis. Yo que ya había aprendido a abrazar. Yo que ya había aprendido a expresarme, a través de los gestos las emociones... y ahora no podemos.

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miércoles, 8 de abril de 2020

POROS (Y PENIA) 2

Poros (y Penia) 2
Imagen | Ignacio Bosque

La lluvia nos encalma, ahora que es domingo por la mañana y amanece. Ahora que nada hay que hacer y todo ha sido ya saldado. El cuerpo su sueño y, su digestión de la intemperie atrasada, la mente subconsciente. Integrada la posibilidad de vivir a nuevas. Pero toca levantarse... Hay que volver a hacer para poder volver a hacer. Dura poco la quietud, la breve sensación liberada se agota en sí misma, por la reproducción diaria de los sucesos ficticios. La lluvia transfigura, de improviso, todo el acontecer en algo fastidioso y evitable. Ay, si pudiera llover ahora sí ahora no. El aguacero va calando en los huesos, el esqueleto de la costumbre, rehaciendo el edificio de los deseos. Aquella infancia que juega, toma conciencia y juega con todas las posibilidades abiertas. Silencio... En un instante sin tiempo, el planeta se siente concernido y ha lanzado su órdago extra-ordinario. La infancia recuperada. Mientras se estrellan contra la acera las canales, restos de una lluvia intempestiva, el calor autógeno del cuerpo nos envuelve con su manta. El secreto desnudo de todos los olores. Estamos tan a gusto. Y despertamos a la memoria. No hay nada que tengamos que hacer, salvo a la vida dejar vivir. El suave precipitado va liberándose de su fuente, cada gota en cada célula se vuelve una aliada. Nada hay que hacer que deba ser hecho, salvo respirar... Descansamos con el planeta.

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