Marc Sautet au Café des Phares (Paris 1994) Photo: Wolfgang Wackernagel
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domingo, 18 de noviembre de 2018

¿Cómo evolucionar adecuadamente?

Café Filosófico en Vélez-Málaga 10.2
16 de noviembre de 2018, cafetería Bentomiz, 17:30 horas.


Unas horas después del Día Mundial de la Filosofía, ahí estaban casi cuarenta participantes de nuestro Café filosófico para indagar sobre la evolución. Social, cultural, histórica. El recorrido por nuestras evoluciones humanas requirió de una importante clarificación conceptual... para no perdernos, para no confundirnos. En exceso. ¿Qué es lo adecuado? O mejor, y más fácil quizás, ¿qué es lo inadecuado? Pero antes, ¿realmente evolucionamos? ¿Qué es evolucionar? ¿Es lo mismo que progresar? Pero, el progreso ¿es irreversible? ¿Y es siempre positivo? ¿Qué pasa con las metas a las que nos dirigimos? ¿Son siempre utópicas? ¿Puede haber consenso sobre los contenidos a perseguir, o lo importante es el modo como los alcancemos? ¿Y de qué manera hacemos compatibles el bien individual con el bien general? ¿Sólo buscamos unas mejores condiciones materiales? Imaginaos, a todo esto se pusieron manos a la obra los asistentes. Con mucha disciplina, con mucha colaboración mutua. Y así acabaron encantados. Lo dijeron. Cada uno a su casa, se llevó una buena remesa de cosas que pensar... para vivir mejor. Juntos.

Descartes nos ofreció su diáfano parterre para encauzar la primera reflexión, personal en este primer caso: ¿Ha quedado algo mínimamente claro en tu vida? Esta “tecnología del yo” (Michel Foucault) nos la ofrece Descartes, que le pasaba como a nosotros, dudaba. Tenía pocas cosas claras. Pero quería aclararse. No era un escéptico cualquiera (escepticismo metódico, lo ha denominado la tradición). Dudaba, buscaba, para encontrar algo indudable. Y creyó encontrarlo: la evidencia racional. Pero nosotros, que también dudamos, ¿hemos llegado ya a alguna evidencia, por pequeña que ésta sea, por muy personal o subjetiva que resulte? Y así estuvieron un rato, compartiendo sus evidencias, sus “claros del bosque” (María Zambrano), en que descansaban ahora sus vidas.

Una evolución es una variación o diferencia respecto a un estado previo que consideremos. Y es irreversible, en el fondo, pues nunca nadie cae dos veces en la misma piedra, o se baña dos veces en el mismo río (Heráclito), aunque parezca a primera vista la misma piedra y el mismo río. Además, no hay que confundir progreso con evolución. El progreso es una evolución positiva... Pero una positividad que satisface un bien mayor o un bien para la mayoría, según interpretaciones más o menos utilitaristas, pero que no desdeña nunca –ni debiera hacerlo– los errores y los fracasos. También son progreso, o mejor dicho, el progreso necesita de ellos, pues todo progreso adecuado se nos presenta –según dijeron los participantes– como un aprendizaje, un descubrimiento, o quizás un autodescubrimiento en la historia (Hegel).

Por otro lado, la metas a perseguir pueden ser problemáticas... Lo que hoy nos parece bien, mañana puede no parecernos bien... Incluso, podemos descubrir más adelante, con su puesta en práctica, que aquello se nos muestra totalmente nefasto. Podéis poner muchos ejemplos actuales, efectos de la utopía del progreso ilustrado: “seremos mejores (social, moralmente) a base de desarrollo científico-tecnológico”. De modo que más nos vale plantear ideales, utopías, abiertas, como metas orientativas, ideas regulativas (Kant), que no se alcanzan nunca, pero nos orientan en la misma búsqueda. Aspirando a los consensos más amplios posibles, sabiendo que, además de los contenidos alcanzados, importan mucho cómo se han logrado, si es adecuado el procedimiento. Simétrico en sus procesos, la igual posibilidad de intervenir por parte de todos los afectados e implicados en un problema (Habermas), y la corresponsabilidad de todos en relación con consecuencias generadas por nuestras acciones (Apel).

Y todo esto lo dijeron ellos para ti, sin tener que citar a ninguna autoridad, a ningún filósofo: el bien general no es posible sin el bien individual ni viceversa. Ni tampoco unos bienes materiales sin el logro de unos bienes espirituales, una mínima armonía o paz interior. Y muchos dirán que no nos pondremos de acuerdo, y que será injusto que así sea... Pero, ¿no es posible un consenso en lo mínimo, en lo básico? No en vano todos nosotros somos los seres humanos. A veces lo hemos conseguido. Verbigracia: los derechos del hombre y los del niño y los de la mujer y los de otros seres no humanos... No se cumplen siempre, pero nos orientan y nos permiten juzgar lo más correcto posible que sepamos. ¿Y no hay unos derechos y unas necesidades básicos que todos compartimos como seres humanos, como seres vivos, como habitantes de este planeta junto a otros. He ahí el camino adecuado.








martes, 16 de enero de 2018

¿Son necesarios los roles de género?

Café Filosófico en Vélez-Málaga 9.3
15 de diciembre de 2017, Cafetería Bentomiz, 17:30 horas.




Continúa la tónica de los cafés filosóficos durante la presente temporada, en los que entre el abundante público suelen encontrarse bastantes jóvenes de edad. Pero allí todos, jóvenes y adultos, una vez más, han mostrado que pueden entenderse. Poniéndose cada uno en el lugar del otro, condición indispensable. En este caso, como varones han sido capaces de ver las cosas de las relaciones de género como las ven las mujeres; y la mujeres de la reunión, jóvenes y adultas, han sido capaces por su parte de mirar desde donde miran los hombres. Seres humanos en masculino. Seres humanos en femenino. Por lo tanto, han examinado la temática de los roles de género con mayor objetividad. De eso se trata, precisamente, en un café filosófico. Filosóficamente.

jueves, 16 de noviembre de 2017

Día mundial de la Filosofía 2017 - IES Juan de la Cierva (Vélez-Málaga)



Declaración de París a favor de la Filosofía y de su enseñanza (1995), aprobada por la UNESCO:

“(…) Señalamos que los problemas de que la filosofía se ocupa son los problemas universales de la vida y la existencia humanas;

Creemos que la reflexión filosófica puede y debe contribuir a la comprensión y la orientación del quehacer humano

Consideramos que la práctica de la filosofía, que no excluye ninguna idea del libre debate y se esfuerza por establecer definiciones exactas de los conceptos utilizados a fin de comprobar la validez de los propios razonamientos y efectuar un examen riguroso de los ajenos, permite a todas las personas aprender a pensar con independencia

Hacemos hincapié en que la enseñanza de la filosofía estimula la apertura mental, la responsabilidad civil, el entendimiento y la tolerancia entre las personas y los grupos; 

Insistimos en que la educación filosófica, al inducir a la independencia de criterio, la reflexión y la resistencia a las diversas formas de propaganda, prepara a todas las personas a asumir sus responsabilidades ante las grandes cuestiones del mundo contemporáneo, especialmente en el plano ético

Confirmamos que el fomento del debate filosófico en la educación y la vida cultural constituye una aportación primordial a la formación de los ciudadanos al poner en ejercicio su capacidad de juicio, que es fundamental en toda democracia

Así pues, comprometiéndonos a hacer todo lo que podamos en nuestras instituciones y en nuestros países respectivos para lograr estos objetivos, declaramos lo siguiente: 

Todo individuo debe tener derecho a dedicarse al libre estudio de la filosofía bajo cualquier forma y en cualquier lugar del mundo;

La enseñanza de la filosofía debe mantenerse o ampliarse donde ya existe, implantarse donde aún no existe y ser nombrada explícitamente con la palabra “filosofía” (…).”

LA FILOSOFÍA NO ESTÁ DE MODA, PERO SE VA A PONER DE MODA...


FILOSOFÍA SÍ

SÍ, AL AMOR A LA SABIDURÍA

domingo, 12 de noviembre de 2017

¿Qué espera de los jóvenes la sociedad?


Café Filosófico en Vélez-Málaga 9.1
20 de octubre de 2017, Cafetería Bentomiz, 17:30 horas.



Unas sabias palabras, venidas tanto de oriente como de occidente, nos advierten de la conveniencia de esperar sin esperar. Quiere decirse que la mejor manera de esperar algo bueno del futuro consiste en no mantener expectativas muy definidas, sino más bien concentrar la atención en el presente, pues situarse en un futuro deseado, suele arruinar el futuro que me cabe esperar. La presión interna y egoica para que suceda algo en particular que tanto deseo, me impedirá apreciar las oportunidades del futuro presente, cuando arribe a mi vida. Me pesará excesivamente mi futuro pasado. Una presión que no me dejará vivir aquello que alienta en cada momento, instante a instante. Sobre este fondo sentido se desarrolló el encuentro filosófico que inauguraba la temporada, y también el final de la cuenta de diez cursos realizándose la actividad ciudadana de los cafés filosóficos. Fue la presión que sintieron la mayoría de los abundantes jóvenes allí reunidos en nuestra sede de invierno, la Cafetería Bentomiz, cuando comenzó a hablarse aquella tarde de las expectativas de la sociedad para con los jóvenes, qué se esperaba de ellos. Y hay que subrayar que tales expectativas emergen de las frustraciones, de los miedos, de los deseos de los adultos. Las expectativas surgen en el sujeto que las tiene pero se proyectan en la forma de presión medioambiental al objeto de las mismas, en este caso, los propios jóvenes. Pero, ¿qué tendrán que decir los jóvenes? ¿Cómo percibirán dicha presión social? ¿Será para ellos un amazonas con abundante cuenca fluvial o, más bien, un cauce rígido, unilineal, por el que todo joven habría de transcurrir ineludiblemente para poder realizar su vida satisfactoriamente? Acompáñanos, pues, en este viaje.


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sábado, 31 de diciembre de 2016

Sobre la política y la juventud

Café Filosófico en Vélez-Málaga 8.2
18 de noviembre de 2016, Cafetería Bentomiz, 17:30 horas.



¿Queremos que nuestra democracia sea una verdadera democracia?  Habría de comenzar por el desarrollo de una educación política. Si no sabemos ser ciudadanos y gobernantes, cada uno su papel cuando le corresponda, desarrollado adecuadamente, habrá democracia, pero adulterada o falsa. Si tendemos a politizar la educación -una educación politizada- nos alejaremos cada vez más de la política y de la educación auténticas. Y nuestra democracia no será democrática. Pues bien, de la mano de nuestros participantes en este café filosófico, hablaremos de política y de educación, allí donde es más relevante, la educación política de los jóvenes. ¿Interesa una juventud manipulable? Que no se preocupen, que no sepan de política, que sean ignorantes, sumisos, que pasen de política y permanezcan despolitizados… ¿Interesa esto? ¿De verdad, entonces, nos interesa, vivir democráticamente? ¿O sólo una apariencia democrática? Quédate con nosotros para ver causas y efectos de esta sospecha, y alguna salida razonable...

              

sábado, 10 de diciembre de 2016

Sobre los valores

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Café Filosófico en Vélez-Málaga 8.1
21 de octubre de 2016, Cafetería Bentomiz, 17:30 horas.


Repetido el ritual día tras día, la bestia acaba persuadiéndose de que pertenece ya a la especie de los hombres. Pero cuando la liturgia mentalizadora falla, y el sujeto empieza a dudar de ser hombre y de que, por tanto, esa sea su propia ley, es el látigo el que suple la falta de argumentación, es la amenaza de tortura –la “Casa del dolor”- la que “convence” al animal de que es un ser humano, aunque no lo crea.
Adela Cortina, Ciudadanos del mundo

Por consiguiente, la educación sería el arte de volver este órgano del alma del modo más fácil y eficaz en que debe ser vuelto, mas no como si le infundiera la vista, puesto que ya la posee, sino en caso de que se lo haya girado incorrectamente y no mire a donde debe, posibilitando la corrección.
            Platón, República, VII


                ¿Cuál es el origen de los valores?

            A este cronista de tantos cafés filosóficos le ha llegado la hora retrasada de continuar con su tarea, la de tratar de dar una segunda vida a estos encuentros sin pretensiones, más allá de sí mismos. Este juego de jugar a dialogar. En esta ocasión se afrontó el reto de comprender el origen de los valores, por ver si comprendiéndolos podríamos conservarlos y promoverlos mejor. Una cuestión que atañe sobremanera a la esencia misma del educar. ¿Qué es educar en valores? ¿Inculcarlos, desarrollarlos…? Tendrás que seguir el curso de este relato, si te sientes afectado. Has sido educado o tendrás que educar, así que no sería de extrañar que te sintieras. Al menos, has de saber que ya educas sin querer. Y que tú mismo no paras de aprender, te pese lo que te pese. ¿Crees que puedes cambiar? ¿Es posible llegar a ser otro que no eres? ¿O más bien habrás de partir de la realidad que ya eres para desplegarla todo lo que puedas? Espero que esto sea suficiente para que te quedes un rato con ellos, los protagonistas de este primer café filosófico de la temporada 2016-2017. Harán acto de presencia, entre otros, Aristóteles, Platón y la Isla del Dr. Moreau.

miércoles, 27 de julio de 2016

Sobre la manipulación de los medios de información



¿Por qué pueden llegar a manipularnos?


  Vivimos en un mundo algo confuso e impenetrable. Y sin embargo, ¿qué es eso que siempre depende de mí? Epicteto, el esclavo liberto de la Roma antigua, solicitaba de los participantes semejante ejercicio. Los medios dicen que nos manipulan, a veces nos sentimos manipulados. ¿Cómo puedo parar sus efectos sobre mí, sobre nosotros? Lo primero, siendo muy conscientes de lo que depende siempre de nosotros. Usemos como trampolín la oferta de nuestros participantes, en este penúltimo café filosófico de la temporada.

martes, 29 de marzo de 2016

Sobre el machismo

Café Filosófico en Vélez-Málaga 7.6
11 de marzo de 2016, Cafetería Bentomiz, 17:30 horas.


¿Por qué hay machismo?


Queda confirmada la tendencia de los últimos cafés filosóficos, que giran en torno a cuestiones ético-sociales. La violencia de género, el acoso escolar, las dificultades de la convivencia… y ahora el machismo. Ya sabéis —los que habéis asistido más veces— que lo que hace filosófico a nuestro encuentro es la forma de producirse y no el contenido, que puede ser cualquiera que interese a los participantes. Tocar el tema de los géneros —y no digamos el machismo— suscita siempre grandes terremotos interiores y en esta ocasión tampoco nos hemos librado: una discusión a veces testaruda, a veces atropellada y cacofónica. Sin embargo, no quedó impedido el que los asistentes afinaran sus capacidades para señalar con lucidez el momento en que el machismo irrumpe socialmente, así como la mejor manera de superarlo, más allá de la habitual dicotomía machismo-feminismo, que nos atrapa y no nos suelta. No nos deja pensar por nosotros mismos; de lo que va un café filosófico.

jueves, 25 de febrero de 2016

Sobre la política y los políticos

Café Filosófico en Vélez-Málaga 7.5
19 de febrero de 2016, Cafetería Bentomiz, 17:30 horas.



¿Qué podríamos hacer los ciudadanos?

            De ningún modo nuestro café filosófico puede quedar al margen de la realidad sociopolítica que nos rodea, como demuestran las últimas ediciones de este encuentro. En esta ocasión pasaron revista la política actual y sus políticos. No ya criticar a la política de los políticos, o resignarse, o renegar de su incapacidad para dialogar de verdad, su poca educación política que les va llevando, casi sin darse cuenta, a caer en los mismos usos y costumbres —con sus acciones y reacciones propias, en la forma de inevitables tics—por muy novísimos que se presenten inicialmente sus planteamientos. No era esa actitud tan común en estos tiempos de la despolítica —por obra y gracia de la mala gestión del ejemplo político— la que nuestros participantes quisieron mostrar, sino la otra muy distinta de ponerse manos a la obra ciudadana por parte de los mismos ciudadanos. Por lo menos, dentro de las limitaciones de un café filosófico; trazar algunas líneas maestras, unas pautas generales orientadoras.

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martes, 15 de diciembre de 2015

¿Qué son y qué no son unas elecciones políticas?


Se nos avecina la próxima cita electoral. Una nueva oportunidad para que el pueblo —todos nosotros— pueda renovar el contrato político con sus representantes. Y ya que convivimos dentro del marco de una democracia representativa —podía ser mucho más participativa—, lo menos que se puede pedir es que nos representen aceptablemente bien. Pero claro, para eso, lo primero es que conozcamos a tales delegados nuestros. No hablamos ya de listas cerradas o abiertas —que también— sino que no sabemos nada de ellos. Desde luego nosotros no los hemos elegido como candidatos posibles¿Qué sabemos de ellos? ¿Qué piensan, qué sienten, qué han mostrado hasta ahora en sus respectivos nichos de origen sociolaboral? Una pregunta sería muy relevante: ¿Tú para qué estás en la política? Y sé sincero, porque luego vamos a comprobar que te conduces como anuncias. ¿Cómo te ves? Al servicio de la comunidad, persiguiendo el bien común, reconociendo cuándo te has equivocado, dando cuenta de tu gestión, marchándote por ti mismo cuando hayas aportado lo que podías… O más bien, para ti la política es un medio para un fin interesado, no general sino particular, propio o de otros. ¿Te gusta el poder? ¿Te gusta tener seguidores aquiescentes? ¿Piensas vivir de esto? Y cuestiones por el estilo que el pueblo podría preguntar —directa e indirectamente— a través de una adecuada estructura y conveniente regulación política de la vida comunitaria.
Uno de los mensajes que más oímos desde hace meses, procedente de todo tipo de partidos políticos al uso: “¡Queremos ganar!”, “¡Vamos a ganar!”, “¡Voy a ganar!”. Pero, ¿qué significa que uno va a ganar las elecciones? ¿No se trataba de tomar buenas decisiones, de lograr que el conjunto de los ciudadanos vivan mejor, que superemos la crisis económica de una manera no demasiado onerosa; no se trataba de salvar a la sanidad, a la educación y a los servicios sociales de los ajustes económicos, no se trata de lograr un crecimiento respetuoso con el medio natural? Si unas elecciones son para ganarlas, ¿quién las gana? ¿Qué gana el pueblo con el hecho de que un partido político determinado gane las elecciones? Este sería un buen síntoma de un partido político “ganador”: que tuviera la valentía y la honestidad de implementar medidas y regulaciones junto a otros partidos políticos porque fueran mejores —preguntando al pueblo siempre que fuera necesario, algo más de una vez cada treinta años—, aunque estas medidas pudieran perjudicarle estratégicamente para mantenerse en el poder todo el tiempo, cuanto más mejor. Por ejemplo, promover un nuevo sistema electoral —casi al otro día de “ganar” las elecciones— en el que un hombre o una mujer sean de verdad un voto.
¿Y cuáles pueden ser nuestras motivaciones para votar una determinada opción política? Muchos creen que votan una determinada ideología, una manera coherente de tratar con el mundo sociopolítico que nos rodea. Otros muchos votan lo que votan por un candidato, el candidato más visible —también mediáticamente— de una lista electoral, el que aparece en los carteles de campaña. Otros votan lo que siempre votan. Muchos no saben qué votar, y de ellos, muchos no acaban votando. Algunos no votan por “principios”: “la política no sirve para nada”, “da igual lo que votemos, siempre va a pasar lo mismo”, “no me gusta ningún partido político, todos son iguales”. Pero en realidad todos, los que votan y los que no votan, lo hacen de entre lo que hay. Y es así también en general. La gente es muy sensata: hace lo que puede dentro de lo que puede. Vota lo que cree que es mejor —a partir de su abundante o más escasa información— en relación a las opciones disponibles. De modo que la gente —pongamos otro caso— no ha sido responsable de la crisis económica que nos atenaza —nunca lo ha sido—, es más responsable quien posee en mayor medida el control de la situación. Y ya sabemos quiénes fueron, por tanto, los responsables y los que han vivido de veras —decenas, cientos y miles de millones de euros— por encima de sus posibilidades; de nuestras posibilidades. Entonces, ¿qué podemos hacer respecto al asunto tan preocupante de la política como se practica en la actualidad? No olvidemos que la política bien entendida es la manera en que hoy los ciudadanos serían capaces de dirigir su destino común, frente a los grandes intereses financieros, corporativos y de las empresas multinacionales. Pues bien, si lográramos subir el listón de la buena práctica política, cada uno votaría lo que decidiera de entre lo que hay —como ahora— pero todos saldríamos ganando. ¿Y cómo elevar el listón de la política? Mediante una profunda reeducación del pueblo, pero también de aquellos que ejerzan la política —como habría de ser— temporalmente. No podemos cambiar el mundo —hacia mejor, claro— si nosotros mismos no cambiamos…, nuestras rutinas y hábitos heredados, nuestra corta visión de la vida comunitaria, coordinando nuestros valores e intereses básicos en cuanto a vivir juntos, convivir. Mucho tenemos que caminar todavía en esta dirección de la buena educación política para que unas elecciones políticas —generales o no— cobren verdadero sentido, su valor pleno.
Hablemos también de los programas electorales. ¿Qué sería de una elección política sin el programa electoralde cada uno de los partidos políticos concurrentes? Obviamente, votamos las propuestas que van a plasmar en la realidad las distintas opciones políticas, las directrices —básicas al menos— que se comprometen a satisfacer tanto de cara a los ciudadanos que les han votado como a los que no. De otro modo, ¿cómo habría de ser? Pues como, de hecho, sucede. La inmensa mayoría de la población electoral ni siquiera lee los programas electorales y, si los conoce en alguna medida, suele ser a través de la exposición —a veces interesada— de los medios de comunicación de masas. ¿Son irracionales los votantes? ¿Tantos, son seres irracionales? No parece probable. ¿Y si no se respetasen con frecuencia dichos programas? ¿Y si se olvidaran, por parte de los partidos políticos, al otro día de haber ganado su —mayor o menor—cuota de poder? Es obvio que las circunstancias de aplicación del programa electoral contratado por la mayoría del pueblo podrían variar, y lo que a priori parecía bueno ahora no lo es. Asimismo, es obvio que se requiere una adaptación a la realidad siempre cambiante y a la singularidad de los casos particulares, siempre imprevisibles e impredecibles. Es cierto. De ahí que, a menudo, los partidos políticos hagan lo que les venga en gana con su parte del contrato social —tienen la excusa perfecta—. De ahí que la gente no lea mucho los programas electorales y caiga en la red de las promesas voceadas antes y durante la campaña electoral —sabe lo que pasa—.
¡Ay, la soberanía popular, qué pronto se olvida…! Yo soy de un partido político y lo que hemos ganado es nuestro, hacemos de nuestra capa un sayo. ¿Para qué preguntar al pueblo? Representamos al pueblo, ergo¡somos el pueblo! Nuestra decisión es legítima, las urnas nos dieron —en pasado, no se olvide— la potestad para adoptarla. Podemos hablar en nombre del pueblo: esto que yo defiendo es “lo que quiere el pueblo”. Pero, pensemos entre todos: la democracia no puede convertirse en un recurso para legitimar decisiones particulares. Las decisiones serán legítimas o no lo serán, pero no lo serán más porque las tome el partido ganador en las anteriores elecciones. La soberanía del pueblo es inviolable e inalienable (Rousseau). Nadie puede apropiársela. Y la única manera de no alejarse mucho de dicha voluntad popular es preguntándole a ella misma, renovando la pregunta una y otra vez. ¿Qué tendrá que ver un puñado de votos pasados —sean miles o millones— con la adecuación de las decisiones? Por otro lado, ¿qué significa que no haya votado un amplio porcentaje de la población? Menos de un sesenta por ciento ya sería una cuestión para reflexionar seriamente. ¿Realmente podría ser válida una votación con menos de la mitad de participación del censo electoral? ¿No debería esto sólo llevarnos a indagar qué está diciendo el pueblo a través de esta actitud abstencionista, con su silencio? La democracia se construye socialmente y todo lo que se construye, puede destruirse —o al menos decolorarse o adulterarse—. Y también, por consiguiente, lo que ha sido socialmente construido puede reconstruirse socialmente. La democracia necesita cuidados exquisitos, tantos como necesita cualquier otra relación humana. Y no dar nada por supuesto ni por ganado de una vez para siempre, sino una renovación permanente, corrigiendo y autocorrigiéndose, una vez tras otra. Ya sabemos que la democracia no es un sistema perfecto, pero sí es perfectible, si queremos. Todos nosotros. ¿Qué quieren ellos, los partidos políticos?
Leer más en Homonosapiens | ¿Qué es vivir en democracia?

jueves, 23 de julio de 2015

El gobierno a favor del pueblo (II): ¿Aprenderíamos algo de la vieja democracia ateniense?

El gobierno a favor del pueblo (II):  la herencia de Grecia

¿Estaríamos dispuestos a aprender algo de la vieja democracia ateniense? Por allí también se cocían habas. Hubieron tiempos de discordia, en donde la existencia de una oligarquía dominante —que desde siempre la ha habido— provocaba graves desigualdades que desembocaban en serias hambrunas y revueltas sociales. El suelo cultivable —los recursos— estaba en manos de unos pocos, y los más desfavorecidos junto con sus hijos podían ser esclavizados por los ricos —de una manera u otra—, pues al final tenían que responder del endeudamiento con su propia persona. Eran los tiempos previos a Dracón (621 a. de C.), quien introdujo las primeras leyes escritas, y después también. Lo que había cuando intervino Solón (594 a. de C.), el mediador (diallaktés) que, según nos cuenta Aristóteles en su Constitución de los ateniensesluchaba y discutía contra unos y otros, o bien, a favor de unos y otros, y los exhortaba a que de mutuo acuerdo cesaran la philonikía, el deseo de ganar siempre a toda costa, el gusto por el enfrentamiento y la rivalidad, provocado por el amor al dinero, la avaricia y la arrogancia de los ricos. Así fue capaz de prohibir los préstamos sobre la libertad de persona y condonó las deudas privadas y públicas que llevaban a la pobreza y a la servidumbre (“descargas”), teniendo en cuenta el bien común y la salvación de la ciudad. En lugar de hacerse tirano, en virtud de su buen predicamento entre pobres y ricos, cargado de sensatez, plasmó en un marco legal la necesaria corresponsabilidad pública, especialmente cuando atravesaban momentos difíciles.
¿Nos suena de algo todo esto? No es utopía, ya se hizo una vez. Sí pero… Tópico número uno: la democraciadirecta en Atenas fue algo esporádico, efímero, experimental. Sin embargo, duró 186 años de una forma continuada (desde las reformas de Clístenes), o bien, si contamos desde Solón, serían 272 años. ¡No está nada mal! Tópico número dos: la democracia griega solamente es un sistema apto para pequeñas comunidades, no complejas. Puede ser, pero la población de Atenas en el siglo IV a. de C. era de 250/300 mil habitantes y los que tenían derechos ciudadanos entre 30 y 60 mil en el siglo V. Asistían a la Asamblea del pueblo (o Ekklesía) de cuatro a seis mil ciudadanos y se celebraban cada mes o cada semana. ¿Pero no tendríamos nosotros infinitamente más medios que ellos de interactuar y de comunicarnos? Tópico número tres: era un sistema político para ciudadanos ociosos, cuyas tareas realizaban los esclavos. También formaban parte de la ciudadanía reconocida las clases menos pudientes y más laboriosas: labradores, artesanos, pescadores…, y cuidaban exquisitamente de que todos pudieran participar en la vida pública, que era, en aquellos tiempos, como decir en la vida política. Tópico número cuatro: designar a los cargos públicos por sorteo es una práctica ineficaz y aberrante. No obstante, los griegos lo percibían como lo más democrático, integrando así a todos, más allá de si eran ricos, famosos o elocuentes. También, era un modo de prevenir la corrupción y la acumulación de poder, derivada de la profesionalización de los cargos. Incluso, los posibles peligros de este sistema se minimizaban trabajando en equipos de colaboración y aprendizaje mutuo. Es interesante, como destaca Aristóteles, que todos alguna vez puedan “gobernar y dejarse gobernar por turnos”.
¿Y quién tiene derecho a intervenir en la vida pública? Cualquier ciudadano que así lo deseara. Para esta función de ciudadano iniciador de alguna cuestión de interés, ni era examinado previamente ni tenía que rendir cuentas al finalizar su intervención o proceso iniciado por él, siempre que persiguiera el interés general y el bien de la ciudad. Eso sí, no debían estar en suspenso sus derechos ciudadanos; por ejemplo, por atimía (si no tomaba partido un ciudadano en los asuntos públicos o no pagaba sus deudas con la ciudad)El ostracismo, que suponía además el exilio, se aplicaba cuando un ciudadano sobresalía en exceso y se sospechara que podía convertirse en tirano. Pues bien, muy diferente era la situación para los funcionarios o magistrados, que debían rendir cuentas en todo momento, puesto que servían a la gente: un examen previo podía inhabilitarlos y se revisaba con cuidado su labor tras finalizar el cargo, que generalmente duraba un año máximo y, en muchas ocasiones, una sola vez en la vida. Especialmente ocurría con los pocos cargos electosque había (tesoreros y estrategos principalmente), que favorecían a los ricos para que pudieran responder con su patrimonio, en caso de menoscabo de la hacienda o de los intereses públicos. Y aunque la tributación era progresiva, según las rentas de cada uno, los ricos tenían deberes especiales para con la comunidad: si se daban circunstancias extraordinarias debían adelantar un dinero que luego se les devolvía, también dotar completamente una nave trirreme o costear los ensayos y vestuarios de los coros de música o baile de una ceremonia o concurso dramático. Pero tampoco la justicia social quedaba allí descuidada. Según expone Aristóteles en su Política (Libros VI-VII): “Hay una ley que dispone que los que poseen menos de tres minas y están impedidos físicamente para el trabajo sean examinados por el Consejo y que les sean concedidos a cuenta del fisco dos óbolos diarios a cada uno como alimento”. Y esto es sólo un ejemplo.
No sin dificultades fueron pasando los atenienses de la virtud heroica a la virtud política o ciudadana; pero nosotros estamos asistiendo en estos tiempos al acelerado retroceso de la posibilidad de una ciudadanía activa y participativa, y al advenimiento irrefrenable de la figura predominante del cliente, el usuario, el consumidor o el votante, y socialmente, convertidos en deudores de por vida y siervos, las personas y los Estados. Pasividad frente a actividad, comparsas de los grandes poderes político-financieros en lugar de señorío ciudadano.
Imagen | Colina de Pnyx, sede de la Asamblea ateniense (detalle)
Más información | Pedro Olalla, Grecia en el aire (2015)

Publicado en Homonosapiens

viernes, 17 de abril de 2015

El gobierno a favor del pueblo (I): ¿Qué es vivir en democracia?

El gobierno a favor del pueblo (I): ¿Qué es vivir en democracia?

La dēmokratía fue un experimento político efectuado en un momento y lugar determinados, que no se ha realizado nunca más de un modo completo y satisfactorio. La Atenas clásica, en el marco social de la pólis griegaDe ahí que el “gobierno a favor del pueblo” siga siendo hoy día una idea revolucionaria. Es cierto que la democracia ateniense de la antigüedad posee carencias y graves limitaciones, percibida en su conjunto desde nuestra propia comprensión actual. Pero vayamos a recoger sus frutos, no vayamos a anclarnos en el pasado. Tratemos de estar aquí y ahora.
 ¿Puede haber democracias, que siendo democráticas, sean injustas, corruptas o falsas? Nos afecta mucho la pregunta puesto que, orgullosos y a veces ingenuos, proclamamos que vivimos en democracia. Es necesario, a la altura de nuestro tiempo, afinar un poco más. Para comenzar, tomemos un punto de referencia constitutivo: el Discurso fúnebre de Pericles, tal como nos lo trasmite Tucídides en sus crónicas de la Guerra del Peloponeso (Libro segundo, 37).
 Disfrutamos de un régimen político que no imita las leyes de los vecinos; más que imitadores de otros, en efecto, nosotros mismos servimos de modelo para algunos. En cuanto al nombre, puesto que la administración se ejerce a favor de la mayoría, y no de unos pocos, a este régimen se lo ha llamado democracia (traducción de Antonio Arbea).
 La traducción del término dēmokratía —según las fuentes consultadas— oscila desde la consideración habitual de un “gobierno de muchos” a un “gobierno al servicio de muchos”. La diferencia es crucial, pues daría inicio a dos concepciones alternativas: la democracia que históricamente hemos ido contemplando, una democracia en la que el poder lo ejerce la soberanía popular a través de sus representantes; o bien una democracia en la que se gobierna al servicio de los intereses de la mayoría, lo mejor posible hacia el bien común, lo ejerza el pueblo más o menos directamente —mucho mejor cuanto más participativa y directa—. Y lo decisivo sería queeste segundo sentido podría valernos de instancia crítica respecto a los desarrollos históricos que se han dado, los diferentes intentos democráticos, actuales y pasados.
 ¡En cuántas ocasiones una traducción desviada ha podido marcar el futuro! Pedro Olalla en su Historia menor de Grecia, recreando el discurso de Pericles, también recoge este segundo sentido del gobierno democrático, en que se gobierna o administra “según los intereses de la mayoría y no los intereses de unos pocos”. Pues bien, de esta manera podemos entender muchas cosas, de antes y de ahora.
 Por eso, Aristóteles nos cifraba las formas genuinas de gobierno que persiguen el interés general (monarquía, aristocracia y “politeia” o democracia moderada), y las distinguía muy bien de otras formas de gobierno corruptas, que persiguen el interés propio, como la tiranía, la oligarquía o la democracia demagógica.
Y tanto insiste Platón, cuando nos ofrece un prototipo de buen gobernante dentro del diseño de su República ideal, basado en las virtudes de la sabiduría y de la justicia entendida como armonía, cuando insiste en la importancia de la buena educación de los mejores, un modelo político en el que el gobierno se ejerce por deber ciudadano y no por el deseo de poder; y que nunca se pierda de vista la finalidad última de todo buen gobierno: el bien común, el amor a la ciudad. O bien, cuando alzaba sus críticas feroces contra la demagogiaal estilo sofista, un “gobierno de los ignorantes”, pues no basta la mayoría para tomar buenas y acertadas decisiones, sino que el gobierno ha de estar basado en el saber y no en la manipulación de la verdad y la realidad por parte de políticos hábiles e interesados que nada tienen que aportar al bien de todos.
 “Lo cierto es que el Estado en el que menos anhelan gobernar quienes han de hacerlo es forzosamente el mejor y el más alejado de disensiones, y lo contrario cabe decir del que tenga gobernantes contrarios a esto” (Platón,República, libro VII).
 Pero, ya mucho antes, los griegos llevaban en sí mismos —en su visión de la naturaleza humana— el germen democrático. Ellos ya lo sabían. El ser humano forma parte del Cosmos y su naturaleza sólo puede desplegarse verdaderamente dentro de una comunidad democrática (donde no sólo sea permitido, sino exigido ser persona, como nos sigue recordando María Zambrano muchos siglos después). Porque el griego antiguo no se siente tanto individuo como ciudadano (sin su ciudad, sería un desarraigado, sería “nadie”, aunque esto le valiera a Ulises delante de Polifemo), pues la “palabra pensada” (lógos) le hace ser quien es, un ser limitado que ha de cuidarse mucho de no caer en la insolencia (hýbris) de creerse un dios y llegar a atentar contra el orden natural (phýsis).
 Prometeo, el titán de la humanidad, lo comprendió muy bien, pues lo sufrió en sus inmortales carnes. Y no fueron suficientes las habilidades técnicas —como el manejo del fuego— con que, de un modo filantrópico, equipó Prometeo a los seres humanos para que pudieran sobrevivir. Nos cuenta Platón en su diálogoProtágoras, que los hombres fundaban ciudades para salvarse de la fieras, pero cuando se reunían acababan atacándose unos a otros, se dispersaban y morían. Esto llevó a Zeus a temer por el futuro de los mortales, tanto que envió entonces a Hermes para que les trajera a los hombres “el sentido moral y la justicia”, sin olvidar la amistad. Pero, preocupado y confuso, preguntó a Zeus, entonces, el mensajero de los dioses:
 “¿Las reparto como están repartidos los conocimientos? Están repartidos así: uno solo que domine la medicina vale para muchos particulares, y lo mismo los otros profesionales. ¿También ahora la justicia y el sentido moral los infundiré así a los humanos, o los reparto a todos?”. “A todos, dijo Zeus, y que todos sean partícipes. Pues no habría ciudades, si sólo algunos de ellos participaran, como de los otros conocimientos. Además, impón una ley de mi parte: que al incapaz de participar del honor y la justicia lo eliminen como a una enfermedad de la ciudad”.
 ¡A todos! ¡Las cualidades políticas forman parte de todos por igual! Todos serían capaces de gobernarse a sí mismos, orientándose entre todos hacia lo mejor para todos. De manera que el alumbramiento de losprincipios democráticos —de este experimento socio-político jamás visto— solamente podía acaecer entre los griegosIsegoría: igualdad de palabra; Isonomía: igualdad ante la ley; Isomoiría: igualdad de oportunidades;Koinonía, una comunidad con vistas al bien común.

Más información | El gobierno del pueblo
Imagen| El discurso de Pericles

Publicado en Homonosapiens