Marc Sautet au Café des Phares (Paris 1994) Photo: Wolfgang Wackernagel

domingo, 24 de abril de 2016

¿Dónde estás belleza?

Todos nosotros somos capaces de sentir la belleza en su forma más pura, alguna vez. Para alguno que todavía no lo haya sentido —por ejemplo, dadas sus precarias circunstancias de vida— puede resultarle incluso terapéutico. Puede conectarle con algo más grande, más allá de la miseria diaria. Sabrá de ese modo que en el mundo no sólo hay pánico y crueldad, rutina y condicionamiento, injusticia y violencia. ¿Podrán sentirla alguna vez las personas que se hacinan en el campo de refugiados de Idomeni, en la frontera de Grecia con Macedonia?
Quizás, contemplando algún día el amanecer, un nuevo día en que la Tierra sigue girando alrededor del Sol, bailando la música de la galaxia, en afinada compañía de todas las demás galaxias del Universo. Quizás, como pensaba Schopenhauer, contemplar la belleza del Cosmos, aunque sea a través de la música —mejor si es una ópera de Rossini, opinaría él—, te permita escapar por un momento de la corriente frenética de la vida, de su voluntad instintiva, ciega e irremediable, que te arrastra por el mar de las contradicciones, las necesidades, las dudas y los miedos; sufriendo en tus propias carnes la impermanencia de todo lo que hay, la implacable “rueda del tiempo de Ixión” o el “suplicio de Tántalo”; y así gozar durante un breve instante de la serenidad, del intenso placer que te proporciona poder separarte del mundo y de tu ego, con sus permanentes cuitas. “Entonces, (en el estado de pura contemplación de la belleza) lo mismo da contemplar la puesta de sol desde un calabozo que desde un palacio”.
Pero, ¿qué es la belleza? ¿Por qué es tan huidiza? ¿Por qué no la logro conservar y llevarla siempre conmigo? Yo querría unirme a ella en matrimonio eterno, que nada de lo terrenal pudiera separarnos. Tú la querrías contigo al menos siempre que la necesitases. ¿Dónde estás belleza?[i] ¿Nos valdría poder definirla, atraparla en una noción esencial? Así la han definido dos grupos de alumnos y alumnas de bachillerato a través de un “diálogo socrático”:“La belleza es un sentimiento satisfactorio y pleno, rebosante de una especial admiración desinteresada, siempre actual, siempre auténtico, que te llena como persona complementando tu vida interior, y que produce en el sujeto un sentimiento de unidad con el objeto, para aquél que sea capaz de apreciarlo”.
Pero lo bello es un concepto difícil —concluía el diálogo Hipias mayor de Platón—, que no se deja encerrar fácilmente, por muy socrático que el método de indagación sea. Siempre nos dejará insatisfechos la descripción de nuestra experiencia estética. Hay poetas que llegan a componer una miríada de poemas para tratar de expresar una misma experiencia originaria. La belleza, por consiguiente, ¿es subjetiva? ¿O hay algunas bellezas objetivas? La belleza, ¿está en el interior y no en lo exterior? ¿La belleza externa no es auténtica belleza? Eso dicen, que hay una belleza superficial que desvía de la belleza profunda, del alma misma de la cosa misma. ¿Existe la belleza universal, intemporal, transcultural? No, la belleza es relativa al sujeto, defienden ahora muchos contemporáneos nuestros. Son éstas y otras las dicotomías alrededor de la belleza, que llevan horas y horas, siglo tras siglo, discutiéndose. ¿Es educable y mejorable el gusto estético? ¿No todo juicio estético vale igual? Como diría Umberto Eco, lecturas de una obra de arte son muchas las posibles, pero no cualquier lectura es posible.
Efectuemos un giro copernicano, a la manera kantiana. En lugar de mirar al objeto —en este caso, bello— volvamos la mirada al sujeto, e intuyamos la condición de posibilidad de toda experiencia estética. El espacio no existe fuera de ti, el tiempo no existe fuera de ti, están en ti. Tú haces posible la situación espaciotemporal de una determinada percepción sensorial, de lo contrario no sería nada para ti, no lo captarías como tal. Todo necesitas ubicarlo. De la misma manera, las causas y los efectos de lo que sucede, sus conexiones, lo real y lo irreal, lo posible y lo imposible, todo ello y más no estaría ahí, fuera de tus facultades cognoscitivas, esperando a que descubrieras su significado. Es más bien tu modo humano de ver el mundo y de poder categorizarlo, ordenarlo y justificarlo. Esto viene a decir Kant. ¿Qué tal si contemplamos la belleza como una capacidad de sentir la belleza? Con esta clave, ¿no serían desplazadas todas aquellas dicotomías típicas del problema de la belleza? ¿No es posible que esté operando siempre el mismo sentimiento en el fondo de lo humano, sólo que expresado con diferente intensidad o con relación a diferentes objetos, cuando sentimos la belleza? Una profunda capacidad humana de sentir la belleza o de recrearla, que se expresa de diversos modos, que puede desarrollarse más o que puede desarrollarse menos, según la situación particular de cada ser humano. Sería el modo en que la belleza se nos presenta de una manera trascendental, como también el amor y la felicidad; como la libertad y la inteligencia.
Si la belleza ya está siempre en nosotros mismos como capacidad de sentir belleza, ¿para qué queremos, entonces, el arte, las obras de arte, los artistas? ¿Por qué necesitamos salir al campo de vez en cuando y extasiarnos con la belleza de los pájaros cantando o el susurro acuoso de un arroyo? ¿Para qué buscar la belleza, aunque sea como un puro y vacío esteticismo, “la única protesta que merece la pena en este asqueroso mundo”[ii]? Veamos: ¿Qué tal si fuera para expresar nuestra capacidad de ser, pero que necesitamos actualizar para ser plenamente? Todo lo de fuera nos valdría para eso, para desarrollar lo que ya somos. No lo olvides.Somos mucho más que todo lo que me está pasando, todo lo que estoy sintiendo, incluido todo lo que estoy sufriendo. Esta convicción le salvó a Viktor E. Frankl de su estancia en varios campos de concentración nazis, le valió para encontrar un sentido y para comprender de qué está hecha la condición humana. Fue la manera como Guido —el protagonista de La vida es bella— salvó a su hijo Josué, de seis años, de las seguras secuelas del absurdo de una guerra atroz y su crueldad extrema, fue su regalo: “Por favor, ¿cómo va alguien a fabricar jabón y botones con Bartolomeo, Josué?”.
¿Alguna vez podrán sentir libremente la belleza de este mundo —y no como una experiencia extrema— los refugiados del campo de Idomeni? ¿Y aquellos que les cierran la frontera y la vida, no necesitan sentir también, de vez en cuando, la belleza? Siempre están ahí, la belleza, el bien y la verdad, esperándonos. Si ahogo la belleza y la dignidad de este mundo, me estoy estrangulando a mí mismo. Algo parecido debió sentir el oficial alemán que supo apreciar la desesperada interpretación al piano de Władek Szpilman, intentando sobrevivir —que narra la película El Pianista—, y le salvó la vida, salvando la belleza. Estamos conectados con el mundo y con los demás, también a través del sentimiento de la belleza. ¿Cómo podríamos llegar a sentirla, si no estuviera ya en nosotros?

Publicado en Homonosapiens

sábado, 9 de abril de 2016

¿Qué es esto?

¿Cuántas veces te ha pasado que sabes algo, que lo tienes en la punta de la mente, pero te faltan las palabras y las ideas? En este caso, plantéate si de verdad lo sabes, si lo comprendes realmente, cuando no puedes expresarlo con un mínimo de claridad. ¿Hay algo en tu vida que te importa muchísimo, pero no te ves con capacidad de decir lo que es? Lo sabes reconocer, pero no lo sabes definir.  ¿Y cuando te pones manos a la obra lo defines de un modo circular, poniendo simplemente un ejemplo, diciendo lo mismo con otras palabras, o bien confundiendo más que aclarando? “Moverse es no estar quieto”, “la justicia es lo que yo estoy haciendo”, “el bien es ser bueno”, “el hombre es un ser bípedo implume”. No parecen éstas definiciones muy satisfactorias. Lo sabes tú y lo saben unos niños y niñas de enseñanza primaria, con los que hemos disfrutado trabajando la definición socrática.
Si afirmo que una mesa es “un tablero apoyado sobre cuatro patas”, enseguida me replicarás diciendo que tu has visto mesas de tres, de dos y hasta de una sola pata, o me dirás que no todas las mesas son de madera. Y con toda la razón, pues la definición responde a la pregunta ¿qué es, en sí mismo, algo? Quiere esto decir que pretende dar con la esencia, con lo importante y decisivo de algo, aquello que no cambia de objeto en objeto, aquello que lo identifica con claridad y precisión, lo común o universal que engloba todos y cada uno de los casos particulares del mismo tipo.
Acudamos, una vez más, al campeón de las definiciones: Sócrates. Y no porque nos ofreciera —por lo menos, tal como se nos muestra en los diálogos platónicos— definiciones últimas y acabadas, sino porque nos legó unmétodo para alcanzar las mejores definiciones posibles cooperando unos con otros. Igual que les digo a los niños y niñas de primaria de los Colegios El Romeral y Los Olivos, de Vélez-Málaga, que les voy a contar dos historias de Sócrates, os lo cuento también a vosotros. La primera, que un día, Querofonte —allá por el siglo quinto antes de Cristo—, fue a preguntar al lugar más solvente de Grecia para conocer tu destino, el Oráculo de Apolo en Delfos, quién era el hombre más sabio de todos. Para su sorpresa, le respondió que era Sócrates, su amigo. De regreso, muy orgulloso, lo vemos enfilar el ágora ateniense ardiendo en deseos de contarle todo a su buen amigo. Sin embargo, no esperaba la reacción algo escéptica de éste: —¿Yo, el más sabio de todos? ¡No puede ser! De hecho, Sócrates se dedicó luego a tratar de refutar tamaña profecía, entrevistándose con aquellos personajes poderosos y famosos que se decía que eran gente muy sabia. A ellos se dirigía con la intención de aprender, y los interrogaba, más o menos de esta guisa: —¡Por Zeus! Me han dicho que sabes mucho de la justicia y del bien, ¿es posible que tú me puedas ilustrar? Y casi siempre ocurría que, si bien al principio, creían saber, más tarde, a través de las incisivas preguntas socráticas, iba quedando patente que no sabían tanto como creían saber; debían admitir, muchas veces a regañadientes o con una expresión bastante airada, su propia ignorancia. Conclusión que dicen que Sócrates extrajo de esta experiencia: —Si en algo soy más sabio, será en que admito mi propia ignorancia como punto de partida: “Sólo sé que no sé nada”. No hay mayor ignorante que aquel que cree saberlo todo, pues, por principio, está incapacitado para aprender y seguirá siendo un ignorante toda su vida.
La segunda historia se refiere a su madre: decía Sócrates que su oficio era como el de ella, que era partera. Ayudaba a dar a luz nuevas ideas en otras personas. Él solamente preguntaba. De hecho, no escribió nada. Por lo tanto, él nunca te diría lo que tienes que pensar, sino que, con sus preguntas, te ayudaría a encontrar por ti mismo tus propias respuestas. Porque tú ya sabes, sólo que no sabes que sabes. Y esto les pasa tanto a los niños como a los adultos. Muchas veces no sabemos por qué algo —una definición, en este caso—no puede ser así, pero lo sabemos. Las preguntas socráticas son un medio eficaz para ayudar en esta búsqueda. El trabajo cooperativo, no digamos: cada uno por separado no sabemos tanto, dudamos mucho, cometemos errores de bulto, pero la autocorrección que permite el diálogo y la discusión socráticos a través del grupo, es muy sorprendente. Extremadamente instructivo. Escucha con atención a estos niños y niñas. Compara sus definiciones con las que aparecen en el diccionario —como ellos hicieron, después de acabado el trabajo. Te sorprenderás. Si ellos han podido, ¡qué no podrás lograr tú, que eres adulto y más sabio! Ahora bien, tendrás que aprender a dialogar de veras, tendrás que aprender a cooperar con otras personas.
¿Sabías que la vida es un ciclo constante y que la muerte no es más que un paso a otra cosa? ¿Tendrías, entonces, que temer a la muerte, si ya has muerto muchas veces en la vida? Cada vez que has cambiado en algo…
La vida es un ciclo que tiene un rumbo y muchas fases que realizan las funciones vitales; es la realidad de los seres vivos, que pueden pensar, sentir o actuar.
¿Qué es morir? Cuando algo, o alguien, cambian de algún modo, es decir, es el final de una etapa, pero puede comenzar otra. 
 ¿Sabías que para amar hay que ser valientes, que los amigos se aman y que es necesario amarse a uno mismo? ¿Y que para amar no importa tanto el no ser correspondido?
El amor es un sentimiento abstracto de relación que transmite cariño y afecto (alegría y felicidad) hacia algo o alguien, entre seres vivos en pareja, relación familiar o de amistad, que va creciendo poco a poco.
El amor es un sentimiento en el fondo del corazón, de cariño, valentía, felicidad y amistad entre o hacia otros seres, o bien hacia uno mismo, en que tienes que aceptar el no ser correspondido.
 ¿Sabías que los amigos de verdad se aman tal como son?
La amistad es un sentimiento de relación, diversión, amor y alegría, que te llena de felicidad e ilusión, queriendo a alguien tal como es.
 ¿Te has preguntado alguna vez qué es todo lo que hay?
El Todo es aquello que nos rodea, que ha existido, que existe y que puede existir; las cosas del universo abierto e infinito, que podría verse, oírse o sentirse.
¿Y sabes qué es lo que en el fondo te da tanta vergüenza? ¿Sabías que sientes que tú estás en juego?
La vergüenza es un sentimiento que se produce cuando quedas en evidencia ante los demás o ante ti mismo, o bien, cuando quieres que la gente no note algo que te ha pasado, sintiendo miedo, alteración e inferioridad.
¿Sabías que se puede soñar tanto despierto como dormido? ¿Sabes de qué están hechos los sueños? ¿Eres dueño de tus propios sueños?
Soñar es pensar (despierto o dormido) imaginando el mundo de otra forma a partir del presente o del pasado, y a través de los deseos y las emociones, que a veces se realiza, juntándose en una historia fantástica o real, de la que eres más o menos dueño.

Publicado en Homonosapiens

martes, 29 de marzo de 2016

Sobre el machismo

Café Filosófico en Vélez-Málaga 7.6
11 de marzo de 2016, Cafetería Bentomiz, 17:30 horas.


¿Por qué hay machismo?


Queda confirmada la tendencia de los últimos cafés filosóficos, que giran en torno a cuestiones ético-sociales. La violencia de género, el acoso escolar, las dificultades de la convivencia… y ahora el machismo. Ya sabéis —los que habéis asistido más veces— que lo que hace filosófico a nuestro encuentro es la forma de producirse y no el contenido, que puede ser cualquiera que interese a los participantes. Tocar el tema de los géneros —y no digamos el machismo— suscita siempre grandes terremotos interiores y en esta ocasión tampoco nos hemos librado: una discusión a veces testaruda, a veces atropellada y cacofónica. Sin embargo, no quedó impedido el que los asistentes afinaran sus capacidades para señalar con lucidez el momento en que el machismo irrumpe socialmente, así como la mejor manera de superarlo, más allá de la habitual dicotomía machismo-feminismo, que nos atrapa y no nos suelta. No nos deja pensar por nosotros mismos; de lo que va un café filosófico.

jueves, 17 de marzo de 2016

Ir contra el sistema



¿Quieres ir contra el sistema establecido? ¿Sientes que es necesario? Es posible que sea algo de ti mismo, de lo que no estás muy satisfecho, contra lo que vas y frente a lo que te sitúas. Míralo bien. Cada cosa que te desquicia del exterior puede tener su traducción y correlato en tu interior. De lo contrario, eso no te exasperara tanto, ni te pusiera tan tenso y con la respuesta ya cargada: automático resorte, injusticia derribada. “-¿Cómo se puede decir/hacer eso? ¿No se está dando cuenta? Es increíble. Es abominable. No lo soporto más [y allá que voy]”. Haz un breve repaso, en un momento apropiado en que estés contigo junto a lo más profundo y verdadero de ti. ¿Cuándo sientes que te estás traicionando a ti mismo? Es posible que seas capaz de establecer algún tipo de conexión entre esto y lo que no soportas. A continuación, habrías de tratar de quererte un poco más a ti mismo, aceptándolo y comprendiéndolo amablemente en ti, eso que no soportas. Estarías poniendo la primera piedra para hacer lo que tengas que hacer, pero conscientemente.
“El nacimiento del rock and roll coincidió con mi adolescencia, mi entrada en la conciencia. Fue una verdadera conexión en ese momento y después. Aunque no pude permitirme fantasear racionalmente para hacer ese vínculo yo mismo. Supongo que todo ese tiempo estaba inconscientemente acumulando información y escuchando. Así que cuando por fin sucedió, mi subconsciente había preparado todo” (Jim Morrison, vocalista de The Doors).
Esto no significa que no estés en tu derecho de ir contra el imperante sistema social, político, normativo, institucional, sus usos y costumbres inactuales, inauténticas, desquiciadoras, autoaduladoras y endogámicas.Jim Morrison quiso ir contra el sistema, creó una música maravillosa y malogró su maravillosa vida a los 27 años consumiendo mucho alcohol y otras variadas drogas. Hacer aquello que está prohibido no significa necesariamente ir contra lo establecido. De hecho, hay todo un negocio montado alrededor de la huida y la evasión de nuestros problemas personales, alrededor del entretenimiento y de la diversión. El negocio con la necesidad contemporánea de evasión y de ocio: pero no habría tanta necesidad de ocio sin unos trabajos alienantes y forzados. El problema está en otra parte.
Es cierto: nuestro mundo es hipócrita, el trato justo no predomina en la mayoría de los sectores sociales de este planeta —ni nuestro trato con él lo es tampoco—, la maldad dicen que existe, que no es simplemente ignorancia o inconsciencia, el interés mercantilista anula todos los demás intereses —la producción abstracta de dinero acaba anulando todo lo demás—, la política no es la ciudadanía, la mediocridad se regocija en sí misma masificándose, estamos perdiendo el norte, pero necesitamos ponerle el título a una película… Hay muchas razones para indignarse. “Indignaos”. Rebélate contra el sistema. ¡Haz todo lo contrario! Sin embargo, hoy es lo radical y más revolucionario buscar la verdad, el bien y la justicia. Es revolucionario apreciar la belleza y señalar aquello que es digno de ser señalado, valioso por su intemporalidad. Hay valores universales y cualidades esenciales.
Imagina fraguar un negocio basado en la verdad, el bien y la solidaridad, ¡cuántos clientes no obtendría! Sería toda una novedad, que perdiéramos el miedo a ser utilizados, manipulados y engañados; que se cumpla lo que se  promete, que se haga compatible el beneficio con el respeto al cliente y al medioambiente, un equilibrio entre la ganancia y el precio. Después, introduce también la ética y la coherencia en la política. ¡Es lo más demandado por parte del pueblo! No entiendo cómo no se dan cuenta los que desean vivir de la profesión política. ¿Acaso son estúpidos? Les bastaría hacer un estudio de mercado… No obstante, todo esto lo estamos viendo aflorar a nuestro alrededor. Nos estamos reeducando paso a paso. Por ejemplo: la gente ya sabe que dialogar no es pactar, ceder y sacrificarse. Nadie siente eso cuando se pone de acuerdo con los demás para hacer lo que es mejor hacer.
Como todos, tú también verás las noticias. ¿Son la realidad? La realidad es todo lo que hay, pero las noticias no son todo lo que hay, todo lo que podría llegar a ser noticia. ¿De qué depende que algo sea una noticia? Pues depende de que sea noticiable. Y para que algo sea noticiable, ha de haber detrás un sujeto que valore. Si en nuestro entorno predomina el interés interesado, el morbo, el escándalo y la sobredimensión de todo lo habido y por haber…, qué podríamos esperar. Son las noticias que están. Pero el mundo está lleno de acontecimientos realmente dignos de ser una noticia, y no pasajera, por cierto. Y no por ser acontecimientos cotidianos, menos trascendentes; menos grandes y valiosos, por ser locales y pequeños. Lo corriente no es noticia en este mundo que hemos ido montando, sobre todo si es bondadoso y sincero, solidario y altruista. La intrahistoria no construye la historia con mayúsculas, ni aparece en los libros de texto ni en los noticiarios, ni siquiera en los registros de los archivos oficiales. Así lo percibió con claridad don Miguel de Unamuno. Son cosas pequeñas, baladíes. Dadas por supuestas y olvidadas. Pero, ¿qué nos podría venir, si se suman muchas cosas pequeñas? Si muchas voces anónimas gritan juntas, el mensaje adquiere un significado inmenso. ¿Podría cambiar la historia y la sociedad? Como poco, serían noticia. Y ya sabes que lo que es noticia, existe. Sin embargo, para contar lo que pasa de verdad, hay que vivirlo a fondo. Y si lo has vivido con intensidad y profundidad —y tú fueras periodista—  seguro que no serían noticia las mismas noticias. Mira el telediario: en el mundo, ¿sólo ocurren hechos luctuosos y desesperados? ¿No parecen invisibles la alegría y la esperanza? Sin embargo, cada día, hay mucha gente haciendo cosas muy valiosas.
Seamos revolucionarios. La valentía es una virtud, ponía como ejemplo Aristóteles. Y añadía: la virtud es el término medio entre dos extremos. ¡Pero eso no quiere decir que nos estuviera pidiendo caer en la mediocridad! No seas ni cobarde ni temerario, pero procura ser todo lo más valiente que puedas, siempre que puedas. En esto no hay límites para la virtud. Cuanto más te mantengas en el justo medio, a más valiente, mejor. Y así con las demás virtudes. La prudencia no tiene límites, ni la sensatez tampoco. Cuanto más prudente y más sensato, mejor has obrado. He aquí una vieja, y a la vez, nueva revolución: persigamos la virtud, esas cualidades excelentes de que disponemos por ser quienes somos. La virtud de un caballo —en este sentido griego, socrático— consiste en desarrollar su propia esencia de animal veloz y galopar raudo atravesando la llanura; para un violinista virtuoso, tocar magistralmente su violín; en fin, para un ser humano como tal, ser humano. La humanidad en nosotros es una continua apertura, es una incondicionalidad brillante, es una pura potencialidad libre y consciente. Desarrollar inmensamente nuestra capacidad de ser, de amar, de inteligencia y de felicidad, nos hace más humanos. Esto es lo auténticamente revolucionario. Porque no está de moda y abunda tantas veces lo opuesto. Y porque siempre ha estado ahí, dentro de ti, esperando que te dieras cuenta. La mejor manera de ir contra el sistema es ir a favor de lo que eres, desarrollando todas tus posibilidades.

Publicado en Homonosapiens

domingo, 6 de marzo de 2016

¿Qué queréis saber?

¿Qué queréis saber?
Unos niños y niñas de once y doce años. Podrían querer saber muchas cosas que imaginamos los más adultos que querrían saber. Pero han querido saber “qué es la vida”, “qué hay más allá del Universo”, “por qué vivimos para luego morir” o “qué pasa después de la muerte”. Unos más pequeños todavía, de seis y siete años, quisieron saber “cómo podemos flotar en el aire un buen rato” y otros de cuarto curso de primaria “por qué el toro que aparece en el Guernica no está gritando”, después de haber visto en clase la impactante obra de Picasso. ¿Nos sorprende? Quizás no los dejamos expresarse, pero ellos son como nosotros y comparten nuestro mismo mundo. Y tienen mucho que decir, mucho que preguntar, no sólo mucho que preguntarnos.
Necesitamos una escuela con orejas —como nos recuerda Cristóbal Gómez Mayorga, un maestro muy a gusto entre sus maestros de edades tempranas— y no una escuela que sólo enuncie y certifique, que encapsule los saberes establecidos para impartirlos luego en cómodas dosis. No es que no sepan todavía en razón de su edad escasa, ellos ya saben todo lo que tienen que saber, traen “de fábrica” todo lo esencial que ha de desarrollarse. Y para esto, no son los contenidos sino la forma de abordarlos lo que es decisivo. Con un niño o una niña puedes hablar de cualquier tema de este mundo y de todos los mundos posibles. Ellos muy bien pueden abrirte un poco tu mente. Sólo hay que estar dispuestos a escuchar y prepararles durante un rato el terreno de la discusión, el diálogo, ese hablar juntos para entenderse.
¿Y qué sabrán ellos de Metafísica, materia de especialistas sesudos? Mucho. Recuerda cómo, para el ilustre Kant, la metafísica aborda las respuestas a inquietudes que no pueden resolverse definitivamente, pero que la mente humana no puede dejar de plantearse de continuo. Preguntas difíciles pero importantes, que no pueden ser respondidas de una vez consultando una enciclopedia o a un experto. Si tan sólo les pones esta condición a estos niños y niñas, formulan interrogantes como los que tienes a la entrada de este artículo; si les dieras la ocasión de discutir ordenadamente, escuchándose y colaborando juntos hacia lo mejor, preguntándose unos a otros, por ejemplo, siguiendo la metodología de Óscar Brenifier. Cincuenta ojos ven más que dos. La lección es valedera también para adultos…, incluso si se quiere formar gobierno. Pero escuchar requiere olvidarse de uno mismo por un rato, al menos, mientras estás escuchando a la otra persona.
Vamos ya con sus respuestas acordadas entre ellos mismos. Verdaderas e ingenuas, intuitivamente descubiertas. Profundas y provisionalmente, como ha de ser toda búsqueda de la verdad. Anteriormente, en el trayecto de la discusión, sólo habían sido hipótesis o respuestas posibles, que hubieron de ir madurando con el concurso de todos. Quédate con la respuesta que más te diga, para ir luego indagando tú mismo.
Respuestas metafísicas: ¿Qué es la vida? La experiencia de los seres de este mundo, desde el principio; lo que sucede cada día; algo único, siempre diferente en algo; la vida son emociones; la vida es un ciclo de la vida; todo lo que nos rodea; la vida es algo invisible e imprescindible.
¿Qué hay más allá del Universo? Hay muchos universos, unos dentro de otros; hay lo desconocido, o dicho de otro modo, que es muy difícil de conocer; no hay nada, igual a este universo.
¿Por qué vivimos para luego morir? Para que haya un mundo mejor, por ejemplo, que no haya superpoblación; lo que importa no es morir, sino cómo vivimos bien; es necesario morir para que la vida continúe, pues ésta es un ciclo.
¿Qué pasa después de la muerte? No sentimos nada después, una bombilla que se apaga; es como estar dormidos sin soñar; podremos seguir moviéndonos, claro, nuestra parte que no se muere; pasa que nacemos en otro cuerpo; descubres el sentido de la vida.
Una pregunta técnica: ¿Cómo podemos flotar en el aire un buen rato? Con alas de ardilla; montados en un avión; colgado de globos… En conclusión, no podemos flotar en el aire con nuestro cuerpo, sino con la ayuda de otra cosa. ¿Y con la mente, podemos volar? Sí, volamos con la imaginación.
Y una pregunta de Estética: ¿Por qué el toro que aparece en el Guernica no está gritando? Porque es el atacante; porque es la fuerza; en realidad, está calmando al caballo; pues no tenía miedo; es que es furia; lo que pasa es que se ha quedado sin palabras, mudo; está muerto en realidad; se puso de parte de los opresores; es una manera de expresar miedo a través de la diferencia de actitud.
Para finalizar, en el transcurso de estos talleres celebrados en los Colegios “El Romeral y “Los Olivos” de Vélez-Málaga, se les pedía a estos niños y niñas que expresaran a través de una redacción, un poema, una viñeta o un dibujo —cualquier modo de expresión— su conclusión personal, su respuesta propia a la pregunta que ellos mismos se habían planteado. Sin duda, ahora sabían más que al comienzo y mucho más de lo que hubieran llegado a saber por sí solos, en el breve espacio de tiempo de hora y media. Y lo más importante: habrían desarrollado sus propias cualidades… filosóficas.
Todos los niños son filósofos. Sólo algunos continúan siéndolo.
Michel Onfray
Para dialogar, preguntad, primero; después… escuchad.
Antonio Machado
Publicado en Homonosapiens

jueves, 25 de febrero de 2016

Sobre la política y los políticos

Café Filosófico en Vélez-Málaga 7.5
19 de febrero de 2016, Cafetería Bentomiz, 17:30 horas.



¿Qué podríamos hacer los ciudadanos?

            De ningún modo nuestro café filosófico puede quedar al margen de la realidad sociopolítica que nos rodea, como demuestran las últimas ediciones de este encuentro. En esta ocasión pasaron revista la política actual y sus políticos. No ya criticar a la política de los políticos, o resignarse, o renegar de su incapacidad para dialogar de verdad, su poca educación política que les va llevando, casi sin darse cuenta, a caer en los mismos usos y costumbres —con sus acciones y reacciones propias, en la forma de inevitables tics—por muy novísimos que se presenten inicialmente sus planteamientos. No era esa actitud tan común en estos tiempos de la despolítica —por obra y gracia de la mala gestión del ejemplo político— la que nuestros participantes quisieron mostrar, sino la otra muy distinta de ponerse manos a la obra ciudadana por parte de los mismos ciudadanos. Por lo menos, dentro de las limitaciones de un café filosófico; trazar algunas líneas maestras, unas pautas generales orientadoras.

           Leer más...

lunes, 8 de febrero de 2016

Sobre el acoso escolar

Café Filosófico en Vélez-Málaga 7.4
22 de enero de 2016, Cafetería Bentomiz, 17:30 horas.




¿Por qué se da el acoso escolar?

Ciertamente es muy triste comenzar este relato de nuestro café filosófico de esta manera, pero la tragedia cotidiana que se barrunta detrás de la carta de despedida del niño de 11 años Diego González estuvo aquella tarde muy presente en el fondo de la discusión. Sin embargo, pudo ser tratada la cuestión con toda la serenidad que es necesaria para abordar un problema tan sensible como éste. Y lo cierto es que esta actitud permite un aprendizaje que se va notando en los participantes que van repitiendo su asistencia: una parte de lo que pudo estudiarse con atención en el anterior café filosófico —que trató sobre la violencia de género— sirvió para enfrentarse a este otro problema social —nunca son sólo una cuestión individual—. Siempre ha de ser poliédrico su tratamiento pues su realidad propia es multidimensional.

lunes, 18 de enero de 2016

¿Dónde buscaremos la felicidad?

¿Dónde buscaremos la felicidad?