Aromas de poesía y música en la calle. Es mucha la alegría de poder participar en este recital poético y musical, este poeta reciente... Muchas gracias a los organizadores, en especial a Ildefonso Gómez, a la Concejalía de Cultura del Ayto. de Vélez-Málaga y al Centro Cultural Generación del 27 por hacerlo posible.
Marc Sautet au Café des Phares (Paris 1994) Photo: Wolfgang Wackernagel
martes, 4 de junio de 2019
miércoles, 29 de mayo de 2019
Nuevo libro sobre los Cafés filosóficos
Gracias a los participantes de estos encuentros filosóficos han podido llevarse a cabo, elaborarse relatos sobre lo que ellos y ellas han dicho, y ofrecerse las correspondientes Prácticas filosóficas (¿Qué has aprendido? ¿Quieres saber más? ¿Cómo puedes vivir mejor?). Por consiguiente, ellos son en justicia los coautores de este libro...
Conmemora el décimo aniversario de la celebración de estos diálogos filosóficos y ha sido publicado por la Sociedad de Amigos dela Cultura de Vélez-Málaga (SAC), con la colaboración económica de Almacenes La Lonja, Autocares Pareja y Axaragua... GRACIAS!
La filosofía está viva, mientras la practicamos, mientras le damos vida... y nos da vida...
domingo, 19 de mayo de 2019
¿Hasta qué punto mi vida es mía?
Sobre
mi autonomía al vivir
Café
Filosófico en Vélez-Málaga 10.8
17
de mayo de 2019, cafetería Bentomiz, 17:30 horas
Sin duda, a lo
largo de cada día gozamos de momentos unos más lúcidos que
otros... Cada uno de nosotros aprecia, a lo largo de su diario vivir,
ese momento en que todo es más suave y permeable, las decisiones son
más fáciles, cuando el problema del día anterior deja de ser
problema... Tan sólo se requiere estar atento y no dejarlo pasar,
sus claridades y sus aportaciones... Hay a quien le viene al
despertarse, o al acostarse, después de una comida, de madrugada, de
un modo más o menos súbito... Pero siempre, a decir de los
participantes, se da una desconexión, un aislamiento, un paréntesis
respecto a la actividad cotidiana, cuando es posible una descarga del
exterior y una penetración más en lo hondo de uno mismo. Esta
lucidez que necesitamos y que nos hace más plenamente seres humanos
está ahí siempre, pero no siempre con nosotros... Así que es
preciso estar atentos a nosotros mismos, muy conscientemente... Y
este principio del Café filosófico del mes de mayo entrelazó sus
manos con el final. Ya veréis, ahora.
¿Hasta qué
punto mi vida es mía? Porque la experiencia suele ser la
contraria, que yo ya no sé si soy yo, de tanto que me rodea y me
atenaza. La sociedad, la cultura, la biología, el tiempo... ¿Hasta
qué punto es mío lo que digo, lo que hago, lo que pienso, lo que
siento? ¿Yo soy yo? Y el grupo se adentró en una de las paradojas
que peor se lleva cuando vivimos en este mundo humano nuestro. ¿Pero
tan mío? La salida a esta extrañeza –nuestra mirada de soslayo,
pues me creo y no me creo que mi vida sea mía– puede venir de la
mano, como en otras ocasiones ha venido, de la distinción estoica de
Epicteto: aclararnos acerca de lo que depende y lo que no depende
de nosotros. Pero ahí sigue habiendo una dificultad en la
práctica, una corriente de inseguridad arrastrándose por el fondo
del río que nos lleva. Un obstáculo que los participantes
comprendían muy claramente: ¿cómo sé yo que algo depende de mí,
que algo que no depende de mí, efectivamente no depende de mí?
Fenomenológicamente, esto es un problema inmenso. Puede que no sea
una dificultad en el ámbito de la necesidad lógica o metafísica,
pero, ¿y en el ámbito de la contingencia, en que se desarrolla la
vida humana, que puede ser y puede no ser?
Se sucedían los
vaivenes... Somos y no somos... Podemos y no podemos... Hasta el
momento en que un participante nos regaló un momento de lucidez, a
raíz de su experiencia vital. ¿Cuándo pudo, él mismo, salir de su
precaria situación personal? Cuando fue consciente... Y este “ser
consciente” fue rápidamente puesto a prueba por los asistentes...
Ejemplos y muy pocos contraejemplos... Porque, incluso, si yo elijo
ser inconsciente, esto lo hago conscientemente... ¿Es posible
salir de este bucle de la consciencia, de la autoconciencia? Es muy
posible que no, pues radica en lo propio del ser humano, nuestra
cualidad más humana. De ahí le viene su tremenda potencia al Cógito
cartesiano: mientras soy consciente, no puedo dejar de ser...,
algo que es, consciente de sí. De modo que si te empantana
la duda, en este caso, sobre si tu vida es tuya o no lo es, “pásalo
por ti”. Hagas lo que vayas a hacer o lo que tengas que hacer,
decir, pensar..., pásalo por ti. ¿Has tomado conciencia, has
puesto consciencia en ello? Puede que no venga de ti, el origen de lo
que haces, dices, piensas..., pero si conscientemente tú lo haces
tuyo, vendrá de ti, como acción, dicción o pensamiento propio. Si
de suyo es asumido como tuyo, ya no hay paradoja, ni dificultad, ni
angustia... Yo conscientemente decido si sigo o me paro, si acuerdo o
desacuerdo...
Sí, claro, pero, y
en esto, ¿no puedo engañarme también, pensando que soy consciente
y no lo soy? Muchas veces me ha pasado que así me lo parecía y así
me desperté..., un sueño autocomplaciente... un pobre ingenuo... Y
aquí hay que pararse a reflexionar muy tranquilamente, y muy lúcida
la mente: una cosa es segura, ahora soy más consciente que antes.
Puedo verlo en negativo, y concluir que nunca puedo estar seguro del
todo. Puedo verlo en positivo: cada vez soy más capaz de vivir
conscientemente. ¿Y si hubiera que hablar de una evolución de la
conciencia? Grados sucesivos de consciencia. Niveles de conciencia
cada vez más lúcidos, más maduros. Es decir, que puedo desarrollar
mi capacidad de ser consciente. ¿Y cómo se desarrollaría? Siendo
más y más consciente. Practicándolo. Tratando de ser lo más
consciente de que sea capaz en cada acto de ver, sentir, pensar...
Siendo consciente se es uno mismo cada vez más consciente. Y luego,
vuelve la vista atrás... ¿Eres más consciente? Sin duda, pues te
das cuenta. Pues bien, si yo soy más consciente, en la misma medida,
soy más libre y estoy más disponible para el mundo y para mí
mismo, para no perderme nada, para desplegar todas mis posibilidades.
sábado, 6 de abril de 2019
¿Existe la bondad o la maldad humana?
Sobre
la naturaleza humana
Café
Filosófico en Vélez-Málaga 10.7
05
de abril de 2019, cafetería Bentomiz, 17:30 horas
Una cuestión, que
resultó premonitoria, adelantó al grupo en el tratamiento acerca de
cómo somos, los seres humanos. Orteguiana, para más señas:
¿Qué circunstancia no elegida, dada, en mi vida la ha marcado
grandemente? Porque... recordad la necesidad de poner conciencia, es
decir, de ser más conscientes: “Yo soy yo y mi circunstancia, y si
no la salvo a ella, no me salvo yo”. La necesidad de hacerme cargo
de dicha circunstancia, pues que me ha hecho en parte como soy y he
de ser consciente, al menos, de qué manera. Esto referido a mí o a
ti, pero referido a todos nosotros: ¿Cómo es la naturaleza humana,
cómo se gesta aquello que llegamos a ser? Y una pregunta más
general todavía, pero más ligada a un aspecto importante de
nosotros: ¿Existe la bondad o existe la maldad humana? Esto
quiso saber la participante más joven del encuentro, éste más
mermado en tamaño que otras veces.
El que no sabe
es como el que no ve, dice el sabio dicho popular. Y así podría
este relator resumiros, en pocas palabras, el encuentro. Pero tan
importante como el final es el camino que lleva al mismo. La
preparación lo es todo. No sólo en orgasmos. Tampoco hay buen parto
sin una completa gestación. Os contaré entonces algunos idus del
calendario conceptual de esta travesía por donde navegó el grupo.
– Nadie podría
decir de un bebé que es malvado, entonces, ¿qué le puede pasar más
adelante?
– No hay
robinsones puros. Somos seres sociales. No hay individuos,
sino comunidades. Y éstas presentan ideologías organizativas,
modelos que presionan...
– En realidad, en
la base de lo que discutimos está presente siempre el instinto de
conservación. Esto somos por naturaleza. Ni buenos ni malos. Es la
cultura dominante en cada momento la que articula dicho instinto
produciendo los desmanes, las crueldades, las barbaries... o lo
contrario.
– Nacemos
egocéntricos, el centro del mundo. Y eso es lo natural. Si el modelo
social no reprime sino que desarrolla, aflora la bondad humana. La
conciencia humana por naturaleza es bondad, amor, inteligencia. Sólo
la falta de conciencia produce lo opuesto.
Este nuevo foco,
con que observar la cuestión, ofrecía tanto potencial que logró
poner orden en todo lo que se había aportado con anterioridad. Y era
un foco socrático. Todo el bien es consciencia y la
inconsciencia produce el mal, alguna limitación o carencia, una
conciencia incompleta. La naturaleza humana no es buena ni mala. Cada
naturaleza en su nivel es como tiene que ser. Está bien. Sigue su
lógica, la que le es propia. Solamente desde un nivel superior de
desarrollo –en cuanto que supone el anterior, pero ve, y va, más
allá– podrá entenderse lo malo como malo. Pues en sí mismo no es
ni bueno no malo. Sólo desde una perspectiva evolutiva. Pongamos un
ejemplo típico: el terrorismo. Para el que practica el terror como
medio de lograr un objetivo, su acción guarda una lógica impecable.
Y no concebirá el daño causado como mal. Solamente cuando accede a
un nivel de comprensión superior –por ejemplo, al principio: el
fin no justifica los medios– llega a percibir el absurdo y el
terror de sus anteriores acciones.
Por consiguiente,
la clave está en ser capaz de ver, o no ser capaz de ver, en función
del nivel de desarrollo de la conciencia que se ha adquirido, al que
se ha accedido. Y entonces, ¿cómo lograr un mundo humano mejor,
también en sus relaciones con los demás seres del planeta?
Propiciando sociedades en donde sea posible el desarrollo personal
de los individuos que la componen. El desarrollo de sus capacidades,
de sus posibilidades, irá ligado al desarrollo de la conciencia
humana. Y con ello su capacidad para elegir el bien, como extensión
natural de nosotros mismos.
martes, 26 de marzo de 2019
sábado, 16 de marzo de 2019
¿Hay diferentes géneros humanos?
Café
Filosófico en Vélez-Málaga 10.6
15
de marzo de 2019, cafetería Bentomiz, 17:30 horas
Heráclito de
Éfeso, nuestro campeón antiguo del cambio, llamó la atención,
filosóficamente, acerca de la impermanencia de lo que hay. Uno de
los aspectos más visibles del mundo con que existimos. Todo fluye
continuamente. Pero si no deja de fluir, es que conserva una
constante. Este cambio permanente se sucede a un ritmo determinado, y
no de cualquier manera. Un orden oculto que sería visible para todo
aquel que sea capaz de verlo. Heráclito llamó Lógos a este
orden, raíz de toda la lógica, toda la razón, toda norma y
regularidad que hemos ido buscando hasta llegar a nosotros, todas las
palabras, con las que hemos querido ordenar nuestro mundo diciéndolo.
De manera que, si estamos atentos, observaremos cambio y observaremos
constancia. Qué es primero, el fluir o el ser, tendrás que
experimentarlo por ti mismo viviendo esta vida que vivimos. Y tomar
conciencia. Como hicieron los participantes: ¿Qué sería una
constante en mi vida?
Nada sucede en vano,
decía Aristóteles, todo está enlazado, sólo hay que mirar para
poder ver. Y con esto disponéis de una clave extraída del diálogo
filosófico, sucedido esa tarde, casi primavera. Si queréis...
aclararos un poco con la actual y tan controvertida cuestión del
género (humano). Cambio y permanencia, uno y múltiple, realidad y
apariencia. Ya los primeros filósofos, antes del dominio de la razón
lógica, y luego calculadora, después de arduas discusiones internas
y entre las escuelas, nos proponían que todo eso es lo que
hay. Lo uno y no-uno, lo otro. Así que, ¿se puede hablar de género
entre nosotros? ¿Qué se quiere decir con ello, qué queremos
abarcar con la idea de género? ¿Es una idea, es una realidad?
¿Biológica, cultural e histórica? Porque, en las taxonomías de la
ciencia biológica, sólo hay un género, el género humano. Porque,
si hablamos de géneros, no son hombre y mujer, sino dos categorías
del género humano: femenino y masculino, que pueden estar
presentes, tanto en hombres como en mujeres, en una proporción
determinada. Porque los sexos se dan, pero quizás no se sientan como
tales, personal o individualmente, sino que más bien sean una
atribución social, uno rol esperado y exigido por la comunidad; para
no liarse, para simplificarse, para simplificarnos, para ordenar el
mundo con palabras, y yo no perderme; ante tanta diversidad, tanta
riqueza que me sobrepasa... Aquellos griegos eran unos adelantados y
se sentían mucho más cómodos con la cuestión del género que
nosotros. Basta leer el Banquete de Platón y su maravilla en
medio, el mito de los tres géneros, del que tenéis un
fragmento más abajo, y que os recomiendo su lectura con efusión.
Abre la mente clasificatoria adquirida.
Con inteligencia
–esa de la que ya se habló en el encuentro del mes de enero– los
participantes asumen como propia la necesidad de dedicar el mayor
esfuerzo de la discusión a aclarar qué llamamos género, con la
esperanza de que esto pueda ir disolviendo tanta incertidumbre y
discrepancia, tanta vehemencia y sus vísceras, siempre que se aborda
esta cuestión del género, o sus aledaños. No en vano, por poco no
se condujo por ahí la reunión..., suerte que no llegó a
desbocarse, como es lo habitual, suerte que reinó la inteligencia,
la escucha abierta y la contrastación tranquila de ideas y
convicciones. Esto fue posible, entonces, gracias a la actitud
positiva de los participantes. Y así, están en disposición de
ofrecerte una pocas y sensatas conclusiones, que este relator espera
que te sirvan de ayuda. Éstas fueron algunas que recuerda:
Que, en términos
aristotélicos, primero es la persona (sustancia) y luego
viene el género (accidente); que el género se construye
socialmente, culturalmente, históricamente, con sus correspondientes
roles. Que el género puede verse objetivamente, subjetivamente o
intersubjetivamente, y que mucho depende lo que digamos de la
perspectiva que adoptemos en un debate; y que, por consiguiente,
depende de lo que asociemos a la división por géneros; de ahí
tanta discrepancia, que a veces se transmuta en agria discusión. Que
la diferencia, la diversidad, la variedad creciente dentro del
género, que lo rompe en unos cuantos pedazos, es positiva, es rica,
es transformadora. Que el problema –y por eso las reivindicciones
de tipo feminista– aparece cuando esas diferencias se vuelven
desigualdades, injusticias, relaciones de poder abusivo; ligar
las categorías del género a los juicios “superior” e
“inferior”. Que debemos estar atentos a la “paradoja de la
igualdad para mí”, sin reconocer la igualdad del otro..., ¡no
puede ser de otra manera, si es igualdad, que seamos iguales!
Lo mismo de igual que te sientes tú, has de sentir al otro...,
porque, además, resulta que así se siente el otro. Y un caso
práctico, recogido de uno de los participantes: si en el baño de
chicas entra un chico aduciendo que se siente chica, ¿debemos
aceptarlo con naturalidad? (O viceversa). ¿Qué es lo que debería
causarte extrañeza o rechazo, el no conocer a esa persona, o que se
sienta como tú con diferentes atributos biológicos? A ver, ahora es
tu turno...
En efecto, cada
uno de nosotros es un símbolo de hombre, al haber quedado cortado
como dos lenguados, dos de uno solo. Por consiguiente, cada uno está
buscando siempre su propio símbolo de sí mismo en otro (su otra
mitad). Así pues, cuantos seres humanos son sección del ser que
participaba de los dos sexos, el que entonces se llamara andrógino,
son aficionados a las mujeres, y pertenecen a este linaje la mayoría
de los adúlteros; y también las mujeres aficionadas a los varones y
las que son adúlteras. Pero cuantas mujeres son de sección de
mujer, no prestan excesiva atención a los varones, sino que se
inclinan más bien a las mujeres, y de este linaje nacen también las
mujeres homosexuales o lesbianas. Y cuantos varones son sección de
varón persiguen a los varones y, mientras son jóvenes, como rodajas
de varón que son, aman a los varones y gustan de abrazarse y
acostarse con ellos; y estos son los mejores de los jóvenes y
adolescentes ya que son los más viriles por naturaleza.
sábado, 16 de febrero de 2019
¿Es posible que haya buenas adicciones?
Sobre las
adicciones
Café
Filosófico en Vélez-Málaga 10.5
15
de febrero de 2019, cafetería Bentomiz, 17:30 horas
¿Es posible que
haya buenas adicciones? Seguramente tu postura será contraria. Sin
embargo, ¿dispones de una respuesta clara que certifique dicha
intuición? Para eso, precisamente, sirve reunirse con otras personas
como tú, aunque sean diferentes en edades e intereses específicos,
para aclararse uno mejor a sí mismo. ¡La utilidad de lo inútil!,
que dicen con razón... Además, habrás de saber que es bastante
complicado vivir cada día sin una mínima confianza..., vivir con
desconfianza, vaya. Podíamos decir que la confianza es una especie
de “entrega activa y consciente a algo o a alguien”. Vivir
mínimamente centrados, con confianza en el largo plazo, entregando
el resultado ya de antemano, es la base de nuestra acción despierta,
es la base de la aceptación, sobre todo de aquello que no depende de
nosotros, y es la base de unas relaciones sanas con nosotros mismos,
con los demás y con el mundo. Así que mira a ver: ¿tú,
en qué confías? Esto mismo se les preguntó a los
participantes de este café filosófico de un febrero que va
trayéndonos a diario algo más de luz. Lo que sobre esto
descubrieron, esta vez lo guardo para ellos mismos.
Se mostraron los
reunidos muy analíticos, de manera que empezaron por delimitar los
componentes básicos de toda adicción (luego determinaron su origen
o causas): tú no dominas, te domina; dependes de ello; activa
elementos químicos de tu cerebro que a base de reiteración te
engancha; implica trastornos de tu personalidad y de tu entorno
social; siempre está vinculada la adicción a un hábito; la
voluntad queda anulada en mayor o en menor medida; supone un refugio
o huida de “heridas” muy profundas en el sujeto, no curadas; se
trata de una necesidad creada o adquirida, no natural o básica;
suele contener un patrón de conducta imitativa, mecánica o
inconsciente; también establecieron un componente de evolución
cultural, según modas sociales. Con todos estos rasgos básicos tú
mismo/a puedes construir una preciosa (y desgraciada) definición de
“adicción”, como ellos y ellas mismos hicieron. Si estuviéramos
en un Taller de filosofía, a continuación, por grupos, propondrían
a todos los participantes, para su discusión y progresiva
depuración, una definición provisional. Pero no era el contexto,
así que se esbozaron algunas posibles nociones de adicción y se
siguió adelante, tras las causas u origen de la misma.
La presión social,
las heridas, el sistema económico que nos empuja a ello (no hay nada
más rentable que consumidores adictos...), una predisposición
genética, que no es lo mismo que una determinación necesaria de que
suceda siempre, un ambiente social precario, material o
espiritualmente (no es cuestión de ricos y pobres... incluso los
primeros tienen más medios para volverse adictos...), que se haya
convertido en el centro de gravedad de intereses comerciales o
políticos... Incluso el Estado participa, como cómplice y
propiciador, de esta orgía de la adicción, como modo de control
social y beneficio económico. ¿Se han fijado alguna vez en la
contradicción subyacente de los avisos de las cajetilas de tabaco?
¡Dice que puede matar, o cosas peores, y se sigue vendiendo... cada
vez más caro! En efecto, la adicción es el negocio redondo
de nuestro tiempo. Como cada uno es libre de consumir..., ¿o no?
¡Maldita y acrítica ideología individualista-liberal...! De todo
esto se habló, y la discusión se polarizó entre los que ponían el
énfasis en la predisposición individual (genética, psicológica,
personal) y los que defendían a ultranza el condicionamiento social,
económico, político o cultural. Pero como allí se va a discrepar
pero a colaborar, la indagación llevó a ver muy clara la
preeminencia de una interacción entre la predisposición y
estimulación, interna la primera y externa la segunda, ésta que
despierta la anterior, según cada caso.
Ahora ya sabes por
qué, por definición, no puede haber ninguna adicción buena o
defendible o aceptable. Por ejemplo, este relator es posible que se
haya vuelto adicto a estos cafés filosóficos, sin embargo, puede
desenvolverse en otros contextos, persigue otros intereses, su vida
personal, familiar, social, cultural y profesional se enriquece
constantemente con su celebración, no es un medio que se haya
convertido en un fin, no es un esclavo de los mismos (en cuanto
observe que no hay interés, no los celebrará), etc. Por lo tanto,
si es bueno, no puede ser una adicción, sino más bien una pasión,
y no una pasión que se padece, pasivamente, sino activa y muy
conscientemente... como son las verdaderas pasiones. Gracias!
APÉNDICE:
Algunas entradas
para un inacabado catálogo de nuevas adicciones
Internet:
medio de vivir otra vida, sin moverte de casa, sin tocar ni oler
nada. Sólo viendo y oyendo. Tantas maravillas ha escuchado de este
medio el sujeto, que relaja su capacidad crítica y se vuelve tan
inocente que olvida que, en el mundo paralelo en que se introduce,
sólo rigen limitaciones técnicas. El sujeto adicto, tanto se
acostumbra a moverse en este “universo virtual” que, mientras
navega por él, llega a apreciar sus grandes ventajas: tiene pleno
dominio de “su mundo” con un simple “clic”, tiene libertad de
“movimiento”, puede ocultar su identidad y así hacer lo que
siempre quiso hacer y no fue capaz de hacer, puede, en fin, perderse
en él y perder de vista todo lo que no le gusta. El mundo se puede
estar hundiendo a su alrededor, y con él su propio mundo, pero le da
igual, porque él, en realidad, pertenece a otro mundo.
Teléfono
móvil:
medio para comunicarse con movilidad. Debido principalmente al
proceso comercial de búsqueda y mantenimiento de clientes, la
continua adición de más y más utilidades, lo vuelve necesario,
adictivo para el sujeto, que ya no puede vivir sin él. El sujeto
siente que tiene el mundo en su mano, y como tal cetro le da tanto
poder, ocupa el centro de su vida, acondicionándose secciones de la
vida privada o social para que el móvil sea utilizable. Cree que
tiene un móvil, pero el móvil le tiene a él. Un “silogismo”
habitual del teléfono móvil: “la vida es móvil, móvil es
vodafone, por tanto, la vida es vodafone”.
Videojuego:
medio de aislarse del mundo real, mediante el cual el sujeto adicto
cree divertirse y pasar un rato. Cuando solamente se divierte jugando
a él, ya no se divierte con él. Los efectos de esta adicción son,
así, desastrosos para el sujeto y los que le rodean. Se vuelve
agresivo, porque sabe que hay otras cosas en la vida, que hay otros
“juegos” vitales, pero no es capaz de pasarlo bien de otra
manera. En el mejor de los casos, buscará “eternamente” nuevos
videojuegos hasta que, de tantas horas de entrenamiento, vayan
quedando obsoletos y, entonces, busque siempre, desesperadamente,
otro más “divertido”. Una vez alcanzada esta situación ideal
para el fabricante y el promotor de videojuegos, el negocio ya es
imparable, está en marcha y bien consolidado que está.
sábado, 2 de febrero de 2019
SOLATZ, mi estreno como poeta publicado...
UNA LÁGRIMA
Por
entre las secas
crestas
y
escamosas
de
una piel madura
navega
cómoda,
surfeando,
una
lágrima solitaria.
Como
la baba
del
caracol suave
va
deslizándose,
cetrina,
su
composición
salada.
Como
una ola
tranquila,
casi
imperceptible,
una
vez formada
su
tenue
bolsita
líquida,
la
gravedad
presiona
sobre
su levedad
lo
suficiente
para
ser captada
por
tu tristeza
ausente.
Tú
te creías que estabas
ausente,
pero triste la luna
te
lo recuerda a través de esta lágrima
olvidadiza,
esta lágrima contenida,
tan
meditativa y taciturna,
que
nunca has dejado de sentir,
aunque
no lo sientas,
que
siempre has sentido,
aunque
no sea manifiesto.
Tú
te crees que no sientes nada.
Lo
piensas
y
te lo crees.
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